*Los 100 días de Héctor Astudillo *Reconstruir la gobernabilidad, el reto. *Total seguridad en la Feria de la Bandera
Zona Sísmica
Marco Polo Aguilar
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Febrero 07, 2016
21:20 hrs.
Periodismo ›
Marco Polo Aguilar › guerrerohabla.com
El pasado jueves el gobernador Héctor Astudillo Flores cumplió los primeros cien días de su gobierno. Y aunque cien días podría resultar un plazo razonable para evaluar una estrategia de gobierno, resulta que gobernar Guerrero supera cualquier expectativa por propositiva que sea.
Asumir el gobierno del estado después del caos generado por la administración de Ángel Heladio Aguirre y recibir como herencia una entidad marcada por la omnipresencia del crimen organizado que durante la gestión interina de Rogelio Ortega exacerbó su perniciosa actividad, resulta no sólo un reto mayúsculo, sino también un acto de valor extremo.
En cien días de gobierno itinerante, Astudillo y sus estrategas han centrado su esfuerzo a restituir la gobernabilidad a Guerrero, pero esta labor, incluso con el apoyo de la Federación, se ha visto acotada, pues el primer círculo de la administración astudillista y el ciudadano común, han tenido que campear la muerte y sobre un delgado filo de navaja, matizado de amenazas y asedio constante, emprender sus tareas cotidianas en un terreno incierto.
Así, la labor de reconstrucción para que el gobierno de Guerrero opere en condiciones mínimas, ha requerido de una intensa labor de concertación y de hilar fino, trabando acuerdos con los principales actores políticos para que la maquinaria del estado deje la inmovilidad y empiece a arrojar resultados.
El propio gobernador Astudillo resumió su estrategia señalando: “Son cien días en los que hemos tratado de que la gobernabilidad regrese a Guerrero, de que podamos reunirnos, que podamos estar en el uso absoluto que tiene el poder Ejecutivo, pero también del Legislativo, y que la Secretaría de Educación funcione con normalidad”.
En perspectiva, tres meses y diez días puede resultar un largo plazo para perfilar un rumbo o para definir los pasos necesarios de la administración para ofrecer mayor certidumbre a los ciudadanos, pero tenemos que insistir en que Guerrero es un caso completamente atípico.
Basta con mirar atrás en el tiempo para comprender la dimensión del reto y para entender que en los últimos cien días, en Guerrero, se han cimentado las bases para que el gobierno local pueda retomar el control total del estado y con ello buscar que la actual administración ofrezca los resultados que los guerrerenses esperan.
Marcado por una geografía que ha limitado cualquier esfuerzo de promover el desarrollo regional, Guerrero es en sí mismo un paradigma. La atención a sus distintas regiones requiere de un esfuerzo de tal magnitud, que se requeriría de una administración, al menos, diez veces mayor de la que hoy opera.
Pero en materia presupuestal, los números indican que Guerrero sigue siendo tratado como un estado “pobre” y que si sólo se aplicara en la entidad la décima parte de lo obtenido por ingresos turísticos, la situación sería muy distinta.
Esto no quiere decir que restemos mérito al esfuerzo que en los últimos 12 años ha realizado la Federación para reducir la brecha de Guerrero, en relación con otros estados de la “franja pobre” del país (Oaxaca y Chiapas), pero en la repartición de la riqueza, los guerrerenses han estado siempre al final de la fila.
La pregunta que salta a la vista es: ¿qué hace un gobierno que de entrada debe afrontar la suma de rezagos ancestrales y por si fuera poco, debe “operar” en números rojos en relación a las demandas más urgentes de la población?
En un acto de congruencia, se debe ponderar el margen de gobernabilidad logrado por Héctor Astudillo en los primeros cien días de su administración, pues lo ha construido cuesta arriba y sin los elementos necesarios para revertir las deficiencias estructurales que han afectado a Guerrero históricamente.
El otro aspecto de esta combinación perniciosa que mantiene a Guerrero en el atraso se refiere a las limitaciones de su clase política. En forma tradicional, en Guerrero, los intereses de grupo han pulverizado cualquier intento por dar rumbo a la entidad y por ofrecer mejores oportunidades a los guerrerenses.
En estos cien días, Astudillo ha tenido que hacer frente a las grandes presiones de estos grupos que, vinculados con las agrupaciones criminales, no permiten que se concrete modificación alguna en las estrategias de gobierno que vaya contra sus intereses.
De esta manera, estos factores reales de poder controlan, desde el transporte público, los sindicatos, la burocracia y prácticamente todos los rubros de la actividad económica.
Con tan limitado margen de maniobra, el gobierno debe hallar salidas adyacentes que le permitan operar en un estado en que el descrédito está asociado a cualquier divisa política (sin importar la filiación de origen), pues es de todos sabido que a lo largo de la historia, en Guerrero, la gran mayoría de los políticos locales ha logrado el objetivo principal de llevar primero agua a su molino y dejar para sus gobernados sólo el artificio del populismo y la demagogia.
Del origen de la guerrilla a la creación de grupos paramilitares de criminales; del poder omnipresente del narcotráfico a la institucionalización del “entre” y el acuerdo “bajo el agua”, de Aguas Blancas a Ayotzinapa, la miopía de la clase política del estado ha condenado a la población al olvido y a la resignación.
No obstante, en los cien primeros días de la administración de Astudillo, se vislumbra el compromiso de poner coto a esa falta de voluntad política. Por primera vez en décadas, se está proponiendo que el verdadero cambio debe operar transformaciones de raíz que ya se evidencian en asuntos que atañen a toda la población, como la seguridad pública. La intención de transformar todas las policías del estado mira hacia ese rumbo y es evidencia de una estrategia que ve más allá de lo inmediato.
Lo menos que podemos hacer todos, es sumarnos y ofrecer nuestro apoyo al gobernador Astudillo para que esos cambios y todos los que sea necesario realizar se concreten y que nadie pueda meter reversa para desarticularlos, porque Guerrero nos necesita a todos. ¿O tú qué opinas amable lector?
Movimientos telúricos...El presidente municipal de Iguala, Esteban Albarrán confirmó que serán un representante del presidente Enrique Peña y el mismo gobernador Héctor Astudillo, quienes presidirán la ceremonia por el Aniversario del Día de la Bandera el 24 de febrero en el Asta Bandera Monumental en el Cerro del Tehuehue…el alcalde afirmó que está garantizada la seguridad para los visitantes que vengan a los festejos que tendrán una duración de 16 días a partir del 12 del presente mes…para el día 24 se tiene contemplado un desfile militar en el que participaran elementos del Ejército Mexicano, La Marina Armada de México y la Fuerza Aérea, así como instituciones militares como el Heroico Colegio Militar, la Escuela Naval Militar y el Colegio del Aire…marcop1955@hotmail.com
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