LECTURA POLÍTICA

Transporte público y poder

Noé Mondragón Norato

Transporte público y poder

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Julio 22, 2015 19:37 hrs.
Periodismo ›
Noé Mondragón Norato › guerrerohabla.com

Lo que no se quiere ver de fondo es obvio: el manejo y control del transporte público en la capital del estado, se mide en términos de jugosas ganancias. Tanto para las autoridades encargadas de otorgar las respectivas concesiones cada año a las voraces e insaciables organizaciones que lucran con ellas. Como a los propios dirigentes de las mismas, que les ponen el precio y las reparten a su entero y libre albedrío. Las asignan de acuerdo a sus intereses y con el compromiso de cada trabajador del volante, a serle fiel a dichas organizaciones, las cuales desde luego, también se activan y adquieren una inusitada movilidad en periodos electorales. Hoy que la sangre corrió por la confrontación violenta entre la Confederación de Organizaciones y Sitios de Transportistas del Estado de Guerrero (COSTEG) y la Coordinadora Estatal de Transportistas Independientes de Guerrero (CETIG), la mayoría de los actores políticos se tapan los ojos y los oídos. Pero lo que subyace detrás de ese conflicto esconde otras polémicas lecturas.
TRASPORTE CODICIADO Y CON PODER.- Desde hace muchas décadas, el transporte público se convirtió en eje sistemático de presión para los distintos gobiernos estatales. Porque cada año, las organizaciones del transporte reclaman a la Dirección General de Transportes –que depende de la Secretaría General de Gobierno-, la entrega puntual de concesiones para el transporte del servicio público cuya asignación en números va en función presumiblemente, con el desordenado crecimiento poblacional urbano. Y todo ello está convertido en una literal mina de oro. Se lee así: 1.- Los dirigentes del Transporte en Chilpancingo adquirieron de pronto, mucho poder. Porque por un lado, negocian cada año la entrega de concesiones a su antojo y placer, con la consecuente ganancia financiera que lo anterior implica. Y por el otro, se fortalecieron con la permanente adhesión de sus miembros y su natural incremento en números. Una potencia mercancía en términos de recursos humanos, que luego se vendió muy bien tanto a candidatos como a partidos políticos. Los taxis y las combis del servicio público, saturadas con propaganda electoral partidista en coyunturas comiciales, lo confirman con creces. 2.- Sin embargo, el problema adquirió otros matices y preocupó hondamente a las organizaciones de transportistas y a los distintos gobiernos estatales, cuando apareció un fenómeno inesperado: la irrupción del crimen organizado. Porque salvando todo protocolo y permiso, comenzó a operar por su cuenta. Sobre todo, en taxis. Y la pérdida económica para los trabajadores “legales” del volante se tornó cíclica. Con un ingrediente adicional: como el bíblico Poncio Pilatos, la Dirección de Transportes se lavó las manos al respecto. Y dejó que los dirigentes de esas organizaciones resolvieran a su modo y con sus propios métodos, esas invasiones que se volvieron progresivamente, “normales”. Eso explica en gran medida, el feroz zafarrancho del pasado lunes. 3.- Desde hace muchos lustros, grupos de trabajadores del volante independientes, han pugnado por la liberación del transporte. Es decir, que cada quien trabaje por su cuenta y solo regidos por una tarifa impuesta por las autoridades respectivas y en sintonía con los procesos inflacionarios del país. Pero es una medida que siempre ha encontrado resistencia. Sobre todo, de los pulpos del transporte negados a observar y concebir el derrumbe de su imperio económico y político. Y es una medida que no conviene también, a los propios partidos políticos cuyos intereses para el acarreo de personas a las plazas y como vehículos de propaganda electoral, se verían sensiblemente lastimados. Pero ese control permisivo se está saliendo de su cauce. Los hechos del lunes lo corroboraron. Lo peor es que podría tornarse más grave. Y si no, al tiempo.
HOJEADAS DE PÁGINAS…El problema de la violencia y la inseguridad se vuelven endémicos. Sobre todo en Acapulco, Iguala y Chilpancingo. El presidente Enrique Peña Nieto, estuvo el lunes en Tlapa. Defendió el trabajo de las fuerzas armadas. Pero se le olvidó que los guerrerenses se encuentran indefensos ante ese feroz e incontenible flagelo que los azota. Pero de eso no dijo nada. Porque sabe que en el fondo, la Federación no ha hecho justamente, nada al respecto. Y los hechos son tercos.


dragonato@hotmail.com

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