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Tiene Taxco su propia tierra de las hadas en Atzala


El paisaje parece sacado de la tierra de las hadas. Hermosas cascadas rodeadas de vegetación en las que el agua cae en pozas de agua

Tiene Taxco su propia tierra de las hadas en Atzala

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Agosto 07, 2016 11:25 hrs.
Turismo ›
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06 de agosto de 2016

ATZALA, Gro., 5 de agosto de 2016.- El paisaje parece sacado de la tierra de las hadas. Hermosas cascadas rodeadas de vegetación en las que el agua cae en pozas de agua que -excepto en temporada de lluvias- es azul turquesa, y sigue su camino entre las rocas, formando una caída tras otra.
Brota de un borbollón. Pero no. No es la película de Thinkerbell. Es Atzala de la Asunción. Una comunidad del municipio de Taxco Guerrero donde las bellezas naturales son aprovechadas por la comunidad de origen nahúatl como centro de conservación ambiental y parque ecoturístico.
Aunque verdes en esta época del año, las Pozas Azules de Atzala no pierden su encanto. No es un verde lamoso. Es un color claro, agradable, que para nada resta hermosura al sitio ni deja de agradar a los visitantes que pese a lo frío del agua, no resisten la tentación de nadar en ese pequeño paraíso de la región Norte de Guerrero. De hecho, los pobladores hacen un descuento en la entrada solamente porque el agua no tiene el color deseado.
Y no tienes que exigirlo como en los restaurantes de cualquier lugar turístico. En cuanto entregan el boleto que regularmente cuesta 20 pesos por persona sólo te cobran 15. Para llegar a Atzala desde Taxco -está a 40 minutos- se toma la carretera hacia Ixcateopan de Cuauhtémoc. El entronque está ubicado cerca de la salida hacia Acapulco.
Es una subida por la que también se llega al Cristo Monumental y al Cerro del Huixteco, sólo se debe poner atención en una ’Y’ que divide el camino hacia esos otros atractivos y la ruta hacia Ixcateopan que es a mano izquierda. El camino está en buenas condiciones.
Completamente pavimentado. Hay que ir despacio por las curvas, pero el trayecto es relajante por la vegetación que se observa y el clima templado. Al llegar a una enorme cascada ubicada en una curva –hay anuncios que indican que ese es el lugar- encuentras la desviación hacia Atzala.
Es una desviación a mano izquierda y hay una lona azul que indica el camino a las Pozas Azules. A partir de la Cascada encuentras niños que esperan en determinados tramos que accedas a que te guíen para ganarse una propina. Se baja a la comunidad por una carretera igualmente bien pavimentada y llena de curvas que tiene algunos derrumbes.
A lo largo se observan varios letreros que prohíben cazar animales y talar árboles. El respeto al medio ambiente es fundamental. ’De nuestro ecosistema depende nuestra comunidad’, se lee en el reglamento colocado en la caseta de cobro para ingresar a las Pozas y que también prohíbe pescar en el río. En Atzala hay estacionamientos habilitados en patios de viviendas. No hay tarifa.
La propina es voluntaria. En las casas aledañas se puede comprar toallas y trajes de baño, antes de tomar el sendero que conduce a las pozas. Se trata de una vereda protegida completamente con un pasamanos de cadenas puesto por los lugareños ya que el piso es algo resbaloso en unos tramos. En unas escaleras hay que quitarse el calzado ya que por éstas escurre el agua de un manantial. Las primeras pozas están a unos 100 metros de ese sitio.
Son las menos profundas y en esta temporada del año no es posible llegar hasta la más honda debido a que la corriente suele tirar el puente que año con año la comunidad debe reconstruir. Cuando llueve el sitio está cerrado. La primera fosa es la más apta para disfrutar el agua con los niños. Tiene una profundidad de dos a tres metros, y la segunda de tres a cinco.
Junto a ésta se encuentra el vestidor. Una pequeña cueva con una cerca de caña a ambos lados pero sin puerta. Para cambiarse de ropa hay que auxiliarse con alguien que cubra con una toalla al estilo de la famosa Lady Cajero. Está prohibido el uso de bloqueadores solares, bronceadores, cremas y jabones para evitar la contaminación del agua, pero la gente puede bañarse con tenis antiderrapantes de los que se utilizan para surfear, ya que la principal diversión es resbalarse o tirarse clavados desde una roca por la que escurre una pequeña cascada.
Los más intrépidos escalan una enorme pared de rocas cubiertas de lama por la que caen gotas de agua que al ser traspasadas por los rayos solares asemejan una cortina de luces que encienden y apagan; para aventarse clavados. La altura es de unos ocho a 10 metros.
Ahí trabajan los jóvenes de 18 a 25 años de la comunidad. Como salvavidas y meseros. Alquilan chalecos a 35 pesos, así como sombrillas y sillas con el mismo costo por familia, que puede llevar sus propios alimentos o consumir de los platillos típicos que ahí se preparan.

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