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PRI sin gobierno

José García Sánchez

PRI sin gobierno

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Junio 13, 2016 13:28 hrs.
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El partido en el poder, cuando no ejerce la crítica hacia su propio gobierno se convierte en parte de él. Pero cuando el poder utiliza, de manera indiscriminada, al partido y sólo lo utiliza en casos de urgencia, el puente entre el gobierno y los gobernados se rompe. La comunicación entre gobernados y gobernantes simplemente se diluye entre las decisiones unilaterales y los pactos de la cúpula política de partidos políticos que coinciden en lo básico para defender intereses de grupo, pero difieren en la forma.
La derrota del tricolor no puede achacarse sólo al partido, como quiere hacer creer la administración pública que se considera fuera de toda influencia y contaminación tricolor en este momento.
El aislamiento de poder en este sexenio considera que le partido al que pertenecen era sólo un puente entre el gobierno federal y el Poder legislativo, una posibilidad de cabildeo, una llamada al mayordomo; de ahí que dejaron solo a Manlio Fabio Beltrones a la hora de operar el sistema electoral de su partido, aunque no por ello en el PRI dejaron de funcionar los mapaches. Prueba de ello es el paso de la segunda a la tercera fuerza electoral en Veracruz, luego del conteo voto por voto.
El único que se sintió con la responsabilidad de justificar la derrota fue el líder nacional del tricolor; los funcionarios públicos, ubicados en el poder parecieran haber triunfado en la derrota.
Al gobierno federal le interesaba más la lucha por la sucesión presidencial que la buena salud electoral de su partido, del cual pareciera prescindir en caso de ser necesario. Limpiar de competidores cercanos a quienes se han escogido desde la víspera para luchar por la candidatura del tricolor fue prioridad. El camino está libre para los escogidos desde la cúpula del poder.
La administración pública se alejó del partido que la gestó, como si fuesen entidades diferentes, con sus destinos particulares; sin embargo, el cordón umbilical sigue presente en la memoria de los mexicanos después de 86 años de poder priísta y lo manifestó en las urnas el pasado 5 de junio.
Las causas de la derrota priista se hicieron para sacar de la sucesión presidencial al líder nacional del tricolor. El comportamiento del gobierno mostró que la impunidad puede ser también un arma política contra los propios políticos, a la hora de escoger a los sucesores.
Los errores de los funcionarios públicos priistas, en todos los niveles de gobierno, propiciaron la derrota del PRI. Esto queda muy claro para muchos, menos para quienes consideran que su conducta en el momento de ejercer el poder no afectó a su partido electoralmente.
Desde el poder consideran que las causas de la derrota se ubican en el mal manejo de las campañas, probablemente es la selección de mejores candidatos, ya tal vez en la carencia de propuestas realistas y congruentes. El gobierno no admite ser responsable de la derrota electoral ni siquiera para hacer un examen de conciencia y en esto radica su mayor fragilidad.
En la intención por descalificar la capacidad política y electoral de Beltrones, la clase política se separa de tal manera de la responsabilidad histórica que le corresponde asumir que se extravía en la esfera de un poder que también se alejó de la población.
El PRI deja atrás su historia y su capital político, su experiencia y su bagaje de justicia social para incorporarse a un pragmatismo que si bien podría llevarlo al poder una vez más en 2018, su falta de cohesión interna y carencia de contacto con la realidad puede darle un revés irreversible que sólo podría sobrevivir si se refunda y rescata de para su práctica, las teorías que le dieron origen.

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