Rodolfo Villarreal Ríos
¿Poseen la nacionalidad doble?
8,251 vistas
Marzo 04, 2016
21:52 hrs.
Periodismo ›
› guerrerohabla.com
A primera vista, aquello resultó confuso. Al leer las declaraciones de un par de ex presidentes, del mandatario actual, de la encargada de las relaciones exteriores y más tarde del responsable de la política económica del gobierno federal mexicano, nos hizo pensar que tales personajes gozaban ya de los derechos y obligaciones que implica el poseer la nacionalidad doble, mexicana y estadounidense. Fue tal el énfasis que cada uno de ellos puso en sus comentarios sobre cómo deben o no instrumentarse las acciones al norte del Bravo que caímos en el desconcierto. Desconocemos si la actitud se debe a lo anterior, a que alguien los echó a andar o bien de motu propio decidieron involucrarse en la contienda electoral estadounidense. Hasta donde sabemos, eso de elegir sus candidatos, desde la presidencia de la republica hasta un alguacil de pueblo, corresponde exclusivamente a quienes, por nacimiento o naturalización, ostentan la calidad de ciudadanos de dicha nación o bien pertenecen al estado libre y asociado. O ¿Será que los ciudadanos arriba mencionados ya poseen la nacionalidad doble? Esto último nada tiene de negativo ya que está permitido por la ley, salvo que cuando se trata de ex dirigentes o alguien con responsabilidades oficiales de nuestra nación, es muy conveniente que nos lo hagan saber para estar ciertos bajo qué situación están actuando cuando emiten tal o cual declaración o instrumentan “x” o “y” política. Demos un breve repaso.
Iniciemos con quien, una vez más, demostró que lo lenguaraz no se le quita. Nos referimos al más inculto de cuantos hayan fungido, en su caso fingido, como encargados del ejecutivo mexicano y quien nunca supo honrar el cargo con el cual fue investido, Vicente Fox Quesada. Teniendo enfrente a uno de los portavoces del Partido Demócrata estadounidense, Jorge Ramos, el abajeño volvió a darnos un espectáculo lamentable. Y no lo criticamos por hacer señalamientos al precandidato presidencial republicano, el ciudadano Donald John Trump y su propuesta de cobrarnos por construir un muro para evitar el cruce ilegal de mexicanos hacia los EUA. Desde nuestra perspectiva eso jamás resolverá dicho problema. A mediados de los años cincuenta, el presidente Dwight D. Eisenhower no requirió de barda alguna, simplemente instrumentó la llamada operación “wetback,” en el cual los agentes fronterizos cumplían con su deber y deportaban a quienes no habían cumplido con los requisitos legales para entrar a los EUA. Sin embargo, hubo una segunda parte de esa historia. En nuestro país los encargados del gobierno federal, se dieron a la tarea de cumplir con la responsabilidad que adquirieron cuando fueron electos e instrumentaron una política económica que permitió al país crecer y desarrollarse. Como resultado durante más de dos décadas el problema de la inmigración ilegal no lo fue. Y tan no lo era que una vez al año, el 22 de febrero, era factible que los mexicanos cruzaran hacia “el otro lado,” como dicen en el pueblo, perdón ciudadanos sensiblemente correctos, ciudad, sin tener que exhibir documento alguno. Hasta donde recordamos nunca se suscitó un éxodo masivo. Pero eso era en el pretérito, retornemos al presente en donde este ciudadano quien como presidente del pasado reciente no cumplió con su responsabilidad y hoy, dado su limitado lenguaje, utilizó uno propio de “pulcata” (en los EUA al equivalente se le llama “seedy place”) para criticar la posible construcción de un muro entre ambos países. Sin embargo, que más podemos esperar de quien dejo ir la oportunidad de hacer algo por aminorar el éxodo de mexicanos o bien lograr un acuerdo migratorio que permitiera manejar el problema en forma ordenada y benéfica para ambas naciones, sin olvidar que fue incapaz de aprovechar los ingresos excedentes provenientes de la exportación petrolera para instrumentar acciones encaminadas a impulsar el crecimiento y desarrollo económico. Pero volviendo al tema de la inmigración, recordemos que en ello llevan responsabilidad compartida un par quienes decían ser expertos en materia de relaciones exteriores. Uno era, el hoy impoluto, Jorge Castañeda Gutman, este sí poseedor de la nacionalidad doble ni quien lo dude, quien con su cuento de “the whole enchilada or nothing” (la enchilada completa o nada), lo convenció de no negociar con el presidente George Walker Bush. Adoptando actitudes de niño caprichudo, Castañeda quería dictar la política migratoria de los EUA e imponer condiciones. Obviamente aquello fue un fracaso y lo acabarían echando. Arrepentido de su rebeldía, el ciudadano Fox actuó como caporal de hacienda sinarquista y quiso quedar bien con el patrón y asesorado por el siempre “revolucionario” Castañeda, incurrió en aquel “comes y te vas” que le endilgó a Fidel Castro. Aun cuando no hay que olvidar que el ciudadano Fox estaba preocupado por su pueblo y después, bajo la egida de Luis Eugenio Derbez Bautista, la SRE mandó editar el panfleto infamante “Guía del Migrante Mexicano,” en el cual se instruía como cruzar, y sobrevivir, ilegalmente a los EUA. Con esos antecedentes, poca cara tiene el hacendado de San Francisco del Rincón para ir a criticar a nadie, salvo que ahora nuevamente en calidad de caporal quiera cobrar venganzas en nombre del patrón. Sí hubiese cumplido con su encomienda, hoy no andaríamos lidiando con amenazas de sí es construido o no un muro. De materializarse tal barrera, varios tabiques o placas de acero habrían de abonarse a la cuenta de quien, dado sus antecedentes familiares inmediatos, probablemente ya cuente con la nacionalidad doble.
Otro ex presidente, en alguna forma hemos de llamarlo, Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, acompañado por su cónyuge la ciudadana a quien hoy algunos le encuentran debajo del rebozo virtudes que nadie jamás imaginó poseyera, aprovechó una ceremonia de homenaje al patriarca del panismo, Manuel Gómez Morín para ir a involucrarse en la contienda electoral estadounidense hablándonos de peligros fascistas, hitlerianos y quien sabe cuántos demonios más. Seguramente para algunos aquello tuvo acordes celestiales, salvo que el ciudadano Calderón fue a hablar de sogas en la casa del ahorcado. O es muy ignorante o cree que los demás desconocemos quien era ese preclaro ciudadano, cuya capacidad intelectual no cuestionamos, pero quien en su andar político exhibió cualidades diferentes. Cobró, y muy bien, los servicios que prestó al Presidente Obregón Salido y al Estadista Elías Calles. Posteriormente fungió como abogado de la embajada de Rusia, la del carnicero de Georgia, en México. Y luego, tras bambalinas formó parte predominante de “La Base” aquel grupo que se encontraba detrás de la versión aborigen de las camisas cafés de la bestia austriaca, la llamada Unión Nacional Sinarquista. O sea, el ciudadano Calderón denuncia como fascismo-nazismo lo que sucede al otro lado del Bravo, mientras aquí alaba al santo patrón del panismo quien aspiraba a consolidar un símil de lo que la bestia austriaca desarrollaba en Alemania. ¿Con que cara sale este ciudadano a hacer reclamaciones sobre la situación de los mexicanos viviendo ilegalmente en los EUA o las medidas que pretendan imponer allá? ¿Que hizo durante su mandato para arreglar o negociar sobre ese problema? Lo único que lo salvó de que se agravara el problema fue la crisis de 2008-2009 gracias a la cual el éxodo no solamente se detuvo, sino que se revirtió. En el caso de este ciudadano no dudamos que tenga una amplia visión de la problemática estadounidense, después de todo durante poco más de un año rentó, solamente los crédulos piensan que lo invitaron, un cubículo en Harvard, desde donde seguramente analizó minuciosamente la problemática que él agravó mediante el despilfarro de los recursos excedentes del petróleo y una política errónea en materia de seguridad. Así que también a la cuenta de él debemos de abonar tabiques y placas de acero que constituyan ese muro probable. Muy conveniente será conocer sí el ciudadano Calderón cuenta ya con la nacionalidad doble, mexicana y estadounidense, especialmente ahora que quiere volver a Los Pinos vía la cocina.
Pero eso sucede con los que fueron y ya no ostentan cargo alguno. Lo preocupante es que quienes actualmente están en funciones anden de entrometidos en los asuntos de la casa del vecino. Emocionados porque vino el vicepresidente estadounidense, Joseph Robinette Biden, Jr, y les endulzó el oído, los funcionarios mexicanos decidieron involucrarse en la contienda electoral estadounidense y aparecer como si fueran miembros del Partido Demócrata. De los principios de la Doctrina Estrada que durante años diera prestigió a la política exterior mexicana, ni quien se acordara o tal vez ni la conozcan. Entendemos que el Presidente Peña Nieto pueda, debe de, estar en contra de la erección posible de un muro entre ambas naciones. Sin embargo, antes de pronunciarse públicamente en contra de dicha acción debió de recordar que como gobernante de esta nación su responsabilidad primaria está aquí adentro en donde hay que instrumentar políticas que permitan a los ciudadanos mexicanos tener las oportunidades necesarias para no pensar en largarse a otros lares. ¿Acaso va a estar opinando sobre todo lo que se diga al calor de la contienda electoral estadounidense solamente por quedar bien con el visitante en turno? Porque estamos seguros de que no lo hizo por poseer la nacionalidad doble.
Y como “el jefe” lo dijo, pues un par de subalternos, la secretaria de relaciones exteriores y el de hacienda, se lanzaron en contra del muro potencial. Hasta parecían partidarios de la ciudadana Clinton y no funcionarios del gobierno mexicano. Sin duda alguna, pocos en México pueden sentirse atraídos por el ciudadano Trump y sus propuestas, pero cuando se desempeñan cargos públicos, lo menos que se espera es que los funcionarios actúen con prudencia y se guarden sus muy respetables opiniones para el ámbito de lo privado, especialmente cuando la responsabilidad que se tiene es la de interactuar con otras naciones independientemente de cual sea su forma de gobierno o quienes los dirijan. Lo que deberían de hacer las autoridades mexicanas en vez de entrometerse en el proceso electoral estadounidense es preocuparse por armar una estrategia de como habran de negociar con quien sea electo presidente de aquel país independientemente del partido al que pertenezca. A la par, olvidar de que si uno u otro serán bueno con nosotros, deberían de instrumentar una policita económica que permita ver como sortear la situación económica mundial. En función de ello, estarán en posibilidades de ofrecer a los mexicanos algo más que palabrería la cual al no tener respaldo objetivo, ni resultados positivos, los acorrala a la disyuntiva entre quedarse a perecer o bien irse unos por la vía ilegal y otros por la legal hacia el otro lado del Bravo en donde sin ser el paraíso las condiciones ofrecidas son mejores que las prevalecientes aquí. De allá, nadie va a venir a salvarnos por más “genuflexos” que se muestren los dirigentes mexicanos. Al estarse pronunciando por cada señalamiento que al calor de la campaña política surja, lo único que exhiben es su desconocimiento de la realidad estadounidense. Al parecer quienes fueron a estudiar por aquellos lares no logran pasar de lo que vivieron en sus épocas estudiantiles y en lugar de estudiar y analizar la realidad estadounidense, siguen anclados entre buenos y malos.
En lugar de andarse ocupando de indicarle a los estadounidenses a quien preferirían que los dirigiese, nuestras autoridades actuales encargadas de los asuntos externos deberían tener a los expertos de que disponen en materia de las relaciones México-EUA trabajando en el análisis y el planteamiento de escenarios sobre cuales serían las políticas a adoptar en caso de que tal o cual persona fuera elegida por los estadounidenses como su próximo presidente. Porque estamos ciertos que los doctos en la materia habran de tener presente que aquí no hay ni buenos, ni malos, hay intereses de los dos lados. Seguramente recordaran que fueron un par de Demócratas, James Polk quien se llevó un “pedacito de tierra” y Woodrow Wilson quien nos invadió “para ayudarnos.” Que entre el Presidente Calvin Coolidge y el Estadista Plutarco Elías Calles no fue un asunto de admiración mutua, sino un alto grado de realismo lo que los llevó a resolver problemas y cada uno en su esfera apoyar la creación del estado mexicano moderno. Tampoco fue que Franklin Delano Roosevelt y los Presidentes Lázaro Cárdenas Del Río y Manuel Ávila Camacho tuvieran empatía plena, actuaron ante las circunstancias e intereses. Ni modo que digamos que Harry S Truman era admirador de Los Niños Héroes y por eso vino a rendirles homenaje para después mandar “The holly cow” (La vaca sagrada), así se llamaba entonces el avión presidencial estadounidense, para que llevara a Washington al Presidente Miguel Alemán Valdés, lo que buscaba era asegurar al socio y así lo entendió el mandatario mexicano. Dwight D. Eisenhower y el Presidente Adolfo Ruiz Cortines eran un par de zorros viejos que sentaban las bases para un futuro nuevo. Con John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson, los presidentes Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz pudieron enfrentar la relación desde otra perspectiva, apoyada en el crecimiento y desarrollo económico, que daba margen a la negociación. Richard M. Nixon y el Presidente Luis Echeverría Álvarez eran un par de “pragmáticos” cuya relación es revelada en una de las cintas del primero. Con James E. Carter, el Presidente José López Portillo se excedió y acabó pagando las consecuencias con Ronald W. Reagan quien aplicaría receta similar al Presidente Miguel de La Madrid Hurtado. George H. W. Bush aprovechó la coyuntura mundial globalizadora y al Presidente Carlos Salinas De Gortari no le quedó sino montar al país en la misma. Cuando el desastre llegó, William J. Clinton ayudó al Presidente Ernesto Zedillo Ponce De León para salvar la crisis, a cambio hubo que pagar con el arribo de Fox y Calderón quienes llevaron la relación con George W. Bush y Barack H. Obama a niveles de abyección. Y ahora con el Presidente Enrique Peña Nieto, nos encontramos que vamos a meternos al proceso electoral estadounidense tomando partido. Ante ello nos preguntamos: ¿Qué habrá de suceder si los ciudadanos estadounidenses, y los poderes reales de poder, deciden seleccionar al ciudadano Trump no solamente como el candidato Republicano, sino como su presidente? ¿Le van a ir a decir que estaban jugando? O ¿Creerán que ya ganó la ciudadana Hilary Diane Rodham Clinton? ¿Qué sucedería sí las acusaciones en contra de ella son materializadas y acaba enfrente de un gran jurado? O ¿Será que el ciudadano Biden vino a cabildearse como candidato reemplazante? ¿Se habran percatado de como el involucramiento del gobierno mexicano en el proceso electoral estadounidense afecta a los mexicanos viviendo allá legal e ilegalmente? Desconocemos las respuestas. Sin embargo, de lo que estamos ciertos es que en los asuntos domésticos de los estadounidenses debemos de dejar que sean los ciudadanos, por nacimiento o naturalización de ese país, quienes decidan que hacen con su futuro, sin que ello implique que nuestro gobierno no pueda desarrollar una estrategia de escenarios diversos que nos permita como nación enfrentar el futuro ante aquel país. Por supuesto bajo la premisa de que, en México, quienes toman las decisiones no son poseedores de la nacionalidad doble, mexicana y estadounidense, y tengan que enfrentar la disyuntiva de a cuál de las dos ser leal. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1): Los actores estadounidenses con raíces genéticas africanas dicen que la predominancia de hombres con predominancia genética caucásea en la industria cinematográfica es racismo. En base a ello preguntamos: ¿Cómo podríamos llamar a lo que acontece en otro negocio, el del basquetbol o la NBA, en donde la predominancia de estadounidenses con raíces genéticas africanas ha hecho que la presencia de hombres con predominancia genética caucásea sea marginal?
Ver más