Juan López

OFA: Baluarte de Guerrero

Plata Pura

OFA: Baluarte de Guerrero

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Noviembre 27, 2015 12:34 hrs.
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Solidario mi responso con la familia Astudillo Flores por la ausencia de doña Carmen.
Quizá El Bolero, la pieza más hermosa de Maurice Rabel, el genio francés de la de por sí virtuosa música sinfónica, valga la pena oírla en los escenarios más conspicuos. En la memoria todavía divagan los recuerdos de aquella monumental ejecución -bélica, glamorosa-exigida por Adolfo Hitler para que los mejores músicos de Francia, con sus elencos sinfónicos produjeran el célebre concierto que tuvo como sede El Arco del Triunfo en los Campos Elíseos y así, Hitler venido de la Meca de la música clásica, la patria de Wagner y Beethoven, pudiera gozar del embeleso de Ravel.
Esta noche del viernes reciente el maestro Eduardo Álvarez nos obsequió aquí en Acapulco en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, uno de sus más bellos logros en la interpretación de un sutil crescendo mágico, tan impresionante que el público asombrado por nunca haber escuchado un ensamble de ciento setenta músicos en escena realmente deliraba al aplaudir por más de ocho minutos de pie, los esfuerzos de dos tremendas orquestas la Sinfónica de Acapulco y la Filarmónica de la Universidad de Hidalgo: un solo espacio, un tema sagrado: El Bolero, un autor Ravel, santificado por la perfección de su obra y un director como Eduardo Álvarez pleno, maduro, feliz.
Que la calle esté constipada de violencia en una espiral que nos asusta y remuerde, no parece importar mientras el arpa ejecuta, los violines ensueñan, la flauta gime y el bolero se suscita como una nube blanca que nos envuelve en su sereno. Lograr el éxtasis entre un numeroso público puede llegar a ser el verdadero objetivo de un artista que como camaradas crean la armonía más sublime y sutil a que estamos refiriéndonos.
Quería escribir, antes que nada de la perfección a que ha llegado, a base de pericias, disciplina y de ensayos, la Orquesta Filarmónica de Acapulco, sus casi cien músicos, su perseverancia en este puerto que tanto la aprecia y lo que falta, como lo prometen esos últimos conciertos, llegará el momento en que contaremos en este trópico singular, con uno de los espectáculos musicales mejores de México.
Lo que no podemos desapercibir es la hermandad realizada con la orquesta de Pachuca, Hidalgo, un tino sobresaliente que multiplicó el efecto musical de ciento setenta músicos en escena. Gracias mil Maestro Álvarez.
Otra cosa: La intuición me lo dice: la sociedad civil debe acogerse al día para realizar todas sus actividades públicas y privadas. Informan yo no lo sé de cierto, que así es la vida en Japón: nada se hace luego de las ocho de la noche, ni siquiera el aterrizaje de los aviones. Ni nada antes de la siete de la mañana, hasta el reparto de leche.
En noches acapulqueñas como ésta, a qué se expone la gente que asiste a un Concierto por muy magnífica que sea la orquestación y sumamente excelente el programa musical. ¡Qué propongo¡ Que en vez de a las ocho de la noche, los conciertos clásicos se realicen a las cinco de la tarde, para todos estar tempranos en casa.
PD: “El horno no está para boyos”: Refrán.

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