Rodolfo Villarreal Ríos

¿Les pidieron u ofrecieron perdón a los indígenas?

Guerrero HABLA

¿Les pidieron u ofrecieron perdón a los indígenas?

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Febrero 20, 2016 08:30 hrs.
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El sábado les dijeron, sin que nadie se diera por enterado, que eran seres sin alma. El lunes les ¿pidieron u ofrecieron? perdón sin arrimarle algo más que palabras. Por mas de trescientos años los vejaron-saquearon y ahora lo quieren arreglar con una apuesta al olvido y con un usted dispense como sí todo hubiese sucedido en años recientes. Estamos ciertos que abordar acerca de los indígenas a lo largo de la historia de México no es fácil. Lo más recurrente es hacerlo como sí se fuese un ser por cuyas venas corre exclusivamente sangre de cualquiera de nuestras etnias. Pocos lo hacemos desde la perspectiva de que la gran mayoría de los mexicanos somos producto de un mestizaje en donde están mezcladas un sinfín de razas-etnias que, a lo largo del tiempo, entreveradas han resultado en lo que somos, un conglomerado de genes que nos hace pertenecer a cada una de ellas, para bien y para mal, querámoslo o no. Partiendo de ese principio, habremos de comentar sobre los arrepentimientos que hoy en día nos vienen a invocar quienes ven como la clientela se va y cada día son más aquellos que optan por acogerse a otras versiones para expresar su relación con el Gran Arquitecto.

Aparecer como defensor de los indígenas siempre permitirá ganar cartel en nuestro país. Hoy quien enarbola esa bandera es el ciudadano argentino, Jorge Mario Bergoglio Sivori, el papa Francisco. Pareciera que él representa una institución en cuyo pasado nada hay que abonarle en el negativo respecto a la situación de los indígenas en México. Primero, el sábado trece, ante un número significativo de pecadores de pinta multicolor quienes creían que la ceremonia en la Basílica de Guadalupe era el lugar para consolidar los votos requeridos para ganar las elecciones próximas o bien asegurar el cargo siguiente. Y como ya sabemos que muchos asisten a la liturgia sin prestar atención al contenido de las palabras, pues todos ¿se confesaron?, tomaron la hostia y con ello consideraron acercarse al Gran Arquitecto. Sin embargo, el encargado del sermón, a quien de falta de intelecto no puede acusársele, les recetó una homilía convertida en recta beisbolera que los dejó con la majagua al hombro y ellos ni por enterados se dieron. En medio de la alegoría de la aparición de la Virgen de Guadalupe, les hizo ver que no ha variado el concepto que, desde el siglo XV, los miembros de la curia católica tienen con respecto a los indígenas; son unos seres sin alma, idolatras. En ese contexto, refiriéndose al hoy santo, poco adorado, Juan Diego, hubo un párrafo en donde el ciudadano Bergoglio Sivori apuntó: “Así logra despertar [la Virgen de Guadalupe] algo que él [Juan Diego] no sabía expresar, una verdadera bandera de amor y de justicia…” Así o más claro, lo que quiso decirles es que los aborígenes habitantes de estas tierras en su primitivismo, no eran capaces de conocer lo que era el sentimiento afectivo y mucho menos sabían cómo vivir bajo el imperio de la ley, era necesario una revelación divina, o su conversión al catolicismo, para que pudieran comprenderlo. Lo que este ciudadano olvidó es que cuando los conquistadores llegaron por estos rumbos, varias culturas habían hecho algo más que vivir en estado contemplativo. Algunas habían desaparecido y tres aun predominaban, los Incas, los Mayas y los Mexicas. No vamos a caer en la ramplonería de que todo era idílico y armónico. Como en toda sociedad organizada existían dominantes y dominados, leyes y códigos de conducta, ilustrados y analfabetos, guerreros y sacerdotes, pecadores y almas pías, creyentes e irreverentes, castigos y premios al buen comportamiento, etc. Sin embargo, nada de que aquellas sociedades eran “naciones bárbaras a las que había que convertir a la fe misma [el catolicismo],” como escribiera, el 4 de mayo de 1493, en la bula papal, Inter Caetera el ciudadano español ejemplo de lascivia e inmoralidad que era Rodrigo Lanzol y Borja (a) Rodrigo Borgia, investido como el papa Alejandro VI. Quien además indicaba que se enviara a estos lares a “hombres temerosos de Dios, instruidos y experimentados para que, a los habitantes y residentes, los educaran en la fe católica y les enseñaran moralidad.” Sí hubo algo que influyó para materializar primariamente la conquista fue, aparte de la epidemia de viruela desperdigada por un africano, el fanatismo religioso de Moctezuma Xocoyotzin quien creyó ver dioses en los recién arribados. Así que nada de que vinieron a enseñarles como adorar o a traerles ejemplos de bondad. Por supuesto que no vamos a negar que las sociedades aborígenes profesaban una religión politeísta, otorgándole a cada uno de ellos una función, propiedad o cualidad especial Pero, ignorantes como somos en materia de asuntos teológicos, nosotros preguntamos: ¿Cómo consideramos lo que hace la religión católica al colgar alrededor del Gran Arquitecto un número significativo de santos y vírgenes también con virtudes propias para cada caso? ¿Cómo fue que en el sitio en donde los Mexicas adoraban a Tonatzin, la diosa madre, se fue a aparecer la Virgen de Guadalupe, originalmente revelada en Extremadura, España? Pero en fin esas son preguntas de un pecador irreversible que de asuntos teológicos nada sabe, pero quien estudia la historia y a ella vuelve a raíz de lo sucedido el lunes 15 de febrero en Chiapas.

Ese día, el papa Francisco jugó a la memoria selectiva de algunos que la tienen corta o no la poseen. Proclamándose campeón de las causas indígenas, en una parte del sermón, espetó: “que bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir perdón, perdón, hermanos.” Tales palabras no son ninguna aceptación de culpas. Mencionar que “muchas veces, de modo sistemático y estructural, sus pueblos (indígenas) han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, su cultura y sus tradiciones. Otros mareados por el poder, el dinero, las leyes de mercado, los han despojado de sus tierras, o han realizado acciones que las contaminan.” es hablar en abstracto. Jamás, se escuchó que ofreciera perdón por el saqueo y sojuzgamiento que, al amparo de las bulas y encíclicas papales, durante mas de trescientos años fueron sometidos los nativos de estas tierras, esto no es de ahora viene desde entonces. Sin dejar de reconocer que los conquistadores eran bragados para venirse a meter en sitios desconocidos y algo tenían de materia gris, nadie niega que actuaran con fuerza brutal. Hagamos un recuento breve sobre lo acontecido cuando la espada y el látigo, apoyados por la cruz y la anatema, sometieron a los pueblos indígenas.

¿No fue la construcción de iglesias sobre los templos de los nativos un acto para demostrar cuan inferiores eran los valores y la cultura de los indígenas? ¿O nos va a negar que la catedral metropolitana en la ciudad de México esté asentada sobre lo que fuera el templo de Quetzalcóatl, el dios Mexica de la pureza y la bondad, creador del ser humano? ¿Si tan inferior era la cultura de los habitantes primigenios de estas tierras, porqué los frailes, en especial fray Diego De Landa en la región de los Mayas, se dieron a la tarea de destruir los códices? Qué las culturas indígenas practicaban los sacrificios de humanos como ofrendas a los dioses, ni quien niegue que eran costumbres salvajes. Sin embargo, ¿Cómo podían considerarse las acciones que desarrollaba la iglesia católica al amparo de la santa inquisición, primero en Europa en contra de los Judíos y más tarde importadas a estas tierras para castigar aquellos nativos blasfemos quienes no aceptaban la conversión al catolicismo, o esto era perdonable por tratarse, como decían ellos, de la “fe verdadera”? ¿Qué no supieron los frailes acerca de cómo los conquistadores exportaban a los indios del Pánuco hacia las Antillas en una operación de truque que implicaba primero, entregar 100 indígenas por un caballo y después, ya cuando se les dio un valor mayor, la tasa de intercambio se redujo al 15 por uno, que hizo la iglesia al respecto? ¿Acaso no fue con la bendición de la iglesia que se suscitó el repartimiento en donde se asignaban indígenas para el cultivo de las tierras, las labores agrícolas, en las minas y en las obras públicas? ¿No fue la encomienda una tarea en donde los indígenas quedaban al cuidado de un español quien, además de explotarlos, tenía como obligación proporcionarles instrucción religiosa con la ayuda de un cura doctrinero? ¿Que nadie recuerda como en las misiones jesuitas, los indígenas eran sometidos a una disciplina rígida en donde, a cambio de un bienestar material supuesto, se les demandaba una entrega absoluta en el orden espiritual, misma que implicaba una anulación total de la personalidad propia? ¿Por qué olvidar que, en aquellos tiempos, cuando la tierra asignaba para que la trabajaran los indígenas alcanzaba algún valor, inmediatamente los conquistadores con el apoyo espiritual, por supuesto, inducían a la autoridad para que los privaran de la libertad y así quedarse con el pedazo de terreno? ¿Qué hay sobre la educación de los indígenas cuya instrucción consistía en enseñarles rezos y canticos religiosos, pero nada de sacarlos del analfabetismo u olvidaron que, a principios del Siglo XIX, en nuestro país el 99 por ciento de la población era iletrado? Ni modo que desconozcan cómo durante la época colonial la raza y la división de clases era asunto muy importante. ¿En verdad no tienen memoria de como durante la colonia y hasta la mitad del siglo XIX, en los registros de bautismos y matrimonio era fundamental destacar si se trataba de españoles o de indios en donde cabían los nativos y todos aquellos quienes se mezclaron con aborígenes o negros, estos últimos podían caer dentro de la categoría de “negro esclavo” o “mulato libre.”? Sí, lector amable, aquí también tenemos nuestro pedazo de culpa en eso de ejercer la esclavitud realizada con la bendición sacerdotal. Bajo todas esas premisas han seguido operando a lo largo del tiempo.

Claro que nos dirán que no todos los religiosos solaparon la explotación de indígenas y apuntaran hacia Bartolomé De Las Casas y Vasco De Quiroga. Sin embargo, ambos operaron bajo la condición de superior-inferior. Acerca del primero, un encomendero arrepentido, la imagen que tenemos es la del fraile erguido quien tiene a sus pies a los indígenas postrados. En el caso del segundo, el apodo de Tata nos indica como asumía su relación con los aborígenes. Efectivamente, los protegían pero para que continuarán en sumisión. Y hasta nuestros días, los indígenas que serán considerados dentro de las oraciones y el ¿pedimento u oferta? de perdón serán aquellos que vivan en la miseria. Ellos son los indígenas buenos, quienes aceptan su condición de pordioseros. Los que son utilizados por sujetos como el obispo Samuel Ruiz García quien los empleó como carne de cañón para armar la charlotada del zapatismo, nunca mejor utilizado el nombre para una farsa, chiapaneco en conjunción con su socio-proveedor financiero, Manuel Camacho Solís. ¿En que mejoró la condición de los indígenas chiapanecos en todos los años en que el ciudadano Ruiz García ejerció como obispo en la región chiapaneca? En nada, siguieron viviendo en condiciones paupérrimas y muchos emigraron a otras religiones. Respecto a este ciudadano tan igualitario, nos seguimos preguntando de qué privilegios habrá gozado para que el 1 de febrero de 1999, al arribar a Sidney, Australia, vaya usted a saber que negocios tendrían allá, en compañía del sacerdote jesuita, Jerónimo Alberto Hernández López, no pasaran, como cualquier mortal, ni por la revisión de emigración, ni la de aduana, ventajas que da ejercer la liturgia, ni duda cabe. Y ya que andamos en asuntos de justicia para los indígenas en Chiapas, aún queda la duda de porque la justicia mexicana nunca mandó llamar al entonces nuncio apostólico, Justo Mullor García para que aportara alguna información respecto a la matanza de indígenas ocurrida el lunes 22 de diciembre de 1997 en Acteal, Chipas. La semana del lunes 15 hasta el mediodía del sábado 20 de diciembre, el prelado anduvo de gira por toda la entidad. ¿Acaso no pudo haberse percatado de algo de lo que venía? Pero esos son los asuntos de los indígenas “buenos,” los que interesan a la curia, aun cuando existen otros.

No podíamos concluir este comentario sobre ¿peticiones u ofertas? de perdón a los aborígenes mexicanos sin dejar de mencionar un par de indígenas a quien estamos seguros que sin duda les pedirían, no les ofertarían, perdón alguno. Nos referimos a los dos exponentes más preclaros de LOS HOMBRES DE LA REFORMA, (siempre con mayúsculas, por favor, señor editor) en lo intelectual, Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada y en lo político, el estadista Benito Pablo Juárez García. Ambos no son considerados entre los viables a recibir excusas por el contrario son destinatarios de anatemas envueltas en palabras sacras. Los dos fueron indígenas que no aceptaron comportarse como mendicantes. Ellos eran seres ilustrados quienes, junto con los de su generación, rompieron un monopolio que llevaba vigente más de tres centurias. Ambos, desde formas distintas, enfrentaban su concepción con respecto a la divinidad. Ramírez Calzada desde una perspectiva eminentemente científica y Juárez García a partir de una concepción metafísica de la creación del universo. Ninguno de los dos podrá ser ejemplo a utilizar por los regenteadores del indigenismo o de quienes repiten “perdón, perdón,..,” pero sin acompañarlo de nada sustancioso. Ramírez Calzada y Juárez García no aceptaron el dogma como verdad eterna, no esperaron que del cielo cayeran bendiciones y procedieron a trabajar para construir una nación. Un proceso en el cual colocaron en su justa dimensión los asuntos de la fe. Uno, sin hacerla parte de su vida. Otro, ubicándola en el ámbito de lo privado sin mezclarla con cuestiones de estado. Y eso, lector amable, jamás se lo dispensaran aquellos que andan ¿pidiendo u ofreciendo? perdón. Los de ahora, al igual que sus ancestros ideológicos, buscan seres sometidos quienes no sean capaces de diferenciar entre lo que implica ser hombres de estado y ejercer su muy respetable forma de enfrentar la relación con el Gran Arquitecto en el ámbito de lo privado. Muy prestos están para exhibirse, pero no son capaces de proporcionar seguridad a sus ciudadanos ya sean indígenas, criollos o mestizos, excepto sí se trata de alguien quien los usa, pero ellos creen que les va a servir de intermediario a la hora de rendir cuentas. vimarisch53@hotmail.com

Añadido (1): ¿HASTA CUANDO VAMOS A SEGUIR VIVIENDO INMERSOS, LLEVAMOS QUINCE AÑOS, EN ESTA ESTUPIDEZ EN DONDE LA VIOLENCIA COBRA VÍCTIMAS A CADA MOMENTO? UNA FAMILIA HA SIDO DESTRUIDA.

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