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Antonio Manzano León

La Verdad no peca ¿pero? Y los ciudadanos ¿que?

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La Verdad no peca ¿pero? Y los ciudadanos ¿que?

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Mayo 26, 2015 22:07 hrs.
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Que las autoridades guerrerenses hayan llegado a hacer lo que les plazca sin temor, sonrojo ni vergüenza (por más ultraje, bobada y desacierto que impliquen sus actos), expresa no sólo la tremenda fragilidad de la escasa institucionalidad estatal y democrática que aún subsiste en el país, sino también el verdadero gusto de aquéllos que un día perjuraron hacer del acatamiento a las leyes, normas y del respeto pleno a la ciudadanía, argumentando que serán mejores que los gobiernos pasados, sin embargo y lamentablemente todo resultó no sólo igual, sino peor.
Casi todas las actuaciones de las actuales autoridades resultaran más burdas, desconsideradas y disparatadas que la de sus predecesores, alcaldes, diputados, senadores, gobernadores, fiscales, y hasta primeros mandatarios proceden descarados a toda clase de despropósitos y extravagancias rematadas, incluso, con indecorosos toqueteos y manoseos.
Llegado a ese punto, el lamentar las actuaciones de los gobernantes es un equívoco, que sólo muestra la clara afición que tenemos los guerrerenses de apuntar siempre al lado equivocado, los ciudadanos, criticamos la irresponsabilidad de nuestras autoridades y no es una causalidad o de mala suerte, todos ellos están ahí por decisión nuestra.
Por tal motivo, corresponde empezar a redireccionar la crítica, seguir descargando enojos y desencantos contra la poca importancia de los políticos para con los ciudadanos y el disparatado desempeño de los gobernantes no sólo es desacertado, sino injusto.
Llevamos muchísimo tiempo (años, incluso décadas y siglos) desgañitando reproches contra ellos y la respuesta es un eterno retorno de lo idéntico.
Urge aceptar que los gobernantes, los que dirigen la institucionalidad pública y estatal, no cayeron del cielo, no provienen de otro mundo, todos salieron del pueblo, de nosotros mismos (especialmente los actuales), son de la misma pasta de la que estamos hechos y lo peor es que fue nuestra decisión la que los ubicó ahí, de autoridades y como parte de nosotros, toda crítica a ellos debe incluirnos; es más, debe partir primero del cuestionamiento a nosotros mismos.
Es realmente triste e increíble y créanme que como reportero lo he visto no me lo han contado, ver como en una plática informal en cualquier sitio, los ciudadanos hablan pestes de algún político y en ese momento se aparece el susodicho e inmediatamente los que hablaban mal de él se le abalanzan hasta pelear y amontonarse para saludarlo, créanmelo es increíble pero cierto, la negligencia, improvisación, mezquindad, carencia, superficialidad, inoperancia, mediocridad, malicia, ignorancia, intolerancia, arbitrariedad, embriaguez y torpeza que tanto rechazo e indignación suelen provocarnos los gobernantes son, en el fondo, hábitos o costumbres mismas de gran parte de mexicanos y mexicanas, ejercidos en casi todos sus entornos (familiares, laborales, deportivos, urbanos, etcétera) y tales hábitos posibilitaron una cultura generalizada, que impregna a la sociedad mexicana de innumerables contradicciones y paradojas.

Asunto de idiosincrasia

Luego de haber intentando de todo, con gobiernos, modelos e ideologías de toda forma y color, con frustración se constata que poco o nada cambió en el país., Por tanto, es oportuno empezar a indagar dónde está el error, donde está el equívoco, es claro que no podemos seguir así, sin dilucidar la incógnita, obviamente, los fallos no pueden ser sólo de los gobernantes y de las autoridades, somos nosotros también los causantes, y nuestra culpa está en creer incautamente en las promesas de los candidatos, pero también en haber construido una idiosincrasia que hace infructuosa cualquier pretensión de cambio.
Es vital actuar ya y comenzar a mirarnos al espejo, reconocer y aceptar nuestros fallos, distracciones y desaciertos, ya que contribuyen a crear un entorno que materializa todo aquello que supuestamente deploramos y abominamos, sin dicha mirada, no sólo la viga que está en nuestra vista se engrandece, sino que hace más grotesca nuestra impostura de criticar la paja en el ojo ajeno.
¿Cómo podemos criticar al político su repugnante actuar si poco o nada hemos hecho por suprimir el pavoroso patriarcado reinante, desde siempre, en nuestro país? Salvo reducidos y meritorios grupos de activistas y la mayoría de los ciudadanos continuamos con miedo, pero sin actuar, ante el constante aumento de los abusos, secuestros, y violencias contra la mujer y el aumento de feminicidios.
¿Cómo podemos criticar a las autoridades su ligereza e indolencia si el desinterés y la insensibilidad son actitudes habituales de mexicanos y mexicanas? Respecto a lo ocurrido en el último gobierno aguirrista que dejo perplejos no solo a los de Iguala, a los guerrerenses o a los mexicanos, también dejo perplejos a muchos ciudadanos de diferentes países y no terminábamos de pasar el trago amargo de Iguala cuando salieron los trapitos al sol de los Aguirre con su enriquecimiento ilícito y tantas otras acciones deplorables del gobierno aguirrista.
¿Cómo podemos reprochar las actitudes pendencieras y bravuconas del gobierno si los propios ciudadanos privilegiamos la confrontación y la descalificación al momento de tratar casi todas nuestras discrepancias? Rara vez optamos por el argumento y la deliberación, por el dialogo y el acuerdo, por querer escucharnos y respetarnos mutuamente.
Es el agravio, el insulto, el sarcasmo, las actitudes predilectas que brindamos al que contradice nuestro punto de vista y es así que la hostilidad (como cultura de convivencia) está presente por doquier: en el hogar, la familia, los amigos, el trabajo, la calle…
¿Cómo podemos recriminar al gobierno sus prácticas nepotistas, sensibleras y convenencieras si somos tan gustosos de dejarnos llevar por las simpatías, antipatías y dádivas? Son muy pocos los ciudadanos en que los carismas, los regalitos fútiles, los discursos de plazuela, las frases hechas, no actúen como seductores efectivos y no es casual que en Guerrero, personajes de gran demagogia y beneficios, hayan tenido un lugar preferente en el corazoncito popular.
¿Cómo podemos condenar la engañosa y malintencionada propuesta del mapa electoral del INE si el timo y la mala fe son actos tan frecuentes en el cotidiano de la gente? Es suficiente utilizar los servicios públicos de transporte o adquirir abastos en los mercados populares para ser víctima de usureros, especuladores, agiotistas, cuyos cobros excesivos y pesos adulterados desbaratan cualquier pretensión de cuidar la economía familiar.
Finalmente, ¿cómo podemos protestar de la tosquedad, incapacidad e ignorancia de las autoridades si la calidad, eficiencia y capacidad nunca fueron cualidades valoradas por la ciudadanía? Es sólo con improvisación, precariedad e intuición que los guerrerenses solemos enfrentar casi todos nuestros retos y desafíos, es por esto que nuestros logros y aciertos como país apenas pueden ser numerados con los dedos de una mano.
Ante tal situación, no nos queda más que aceptar que la expresión de que “cada pueblo tiene el gobierno que merece” resulta ser uno de los dichos más exactos y perfectos para entender la mexicanidad de la relación gobernantes-gobernados.
La frase “todos somos culpables” puede ser trillada, yo mismo la he utilizado como encabezado de algunas de mis reflexiones en el pasado, pero vuelve a venir al caso por los acontecimientos recientes no sólo en Iguala, también en muchos municipios, comunidades y el mismo Distrito Federal, en donde ocurren casos similares sin que hayan salido a la luz y existe cada día más arraigado en el mexicano (claro sobre todo en aquéllos que se dedican a actividades delictivas) pero ojo también en aquéllos que suponen deben proteger a la sociedad, un desprecio absoluto a la vida, sobre todo de los jóvenes, y más aún si las circunstancias los ligan a actos delincuenciales, pero no sólo a eso, sino también si están relacionados con actos contestatarios y cuestionadores del régimen establecido.
La pobreza puede analizarse desde varios enfoques, algunos de los cuales pertenecen al campo de la moral, como la degeneración de la familia o la adicción a las drogas; otros, como los prerrequisitos para la madurez legal y la tranquilidad doméstica, pertenecen al campo de la política; y otros son del dominio de la ciencia económica, en este caso nos limitamos a las causas económicas, aunque simpatizamos con los moralistas, sociólogos y científicos políticos, quienes se ocupan de otros aspectos vitales del problema de la pobreza.
Ya basta de seguir cerrando los ojos y votemos por quienes nosotros creemos que nos conviene votar, que la verdad es difícil tomar esta decisión ya que no hay ni a cual irle, sin embargo no dejemos que nos compren con 200 o 300 peso para votar, o recibir cualquier tipo de dadivas, después ¿cómo le van a reclamar al gobernante qué realiza un mal trabajo? Ya que si lo hacen lo más seguro es que les conteste, “si yo te di dinero y ahora me exiges”, es por eso y por muchas otras cosas más que voten con libertad de decidir, o cuánto vales y tu familia, tu trabajo, tu colonia, comunidad, tu país.
Comentarios: laopiniondelacosta@gmail.com

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