RODOLFO VILLARREAL RÍOS

La región más trasparente…por dos días

RODOLFO VILLARREAL RÍOS

La región más trasparente…por dos días

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Marzo 21, 2016 22:49 hrs.
Periodismo ›
RODOLFO VILLARREAL RÍOS › guerrerohabla.com

Hace exactamente una semana, observábamos las fotografías de cómo lucía la panorámica en la que alguna vez fuera llamada la región más trasparente del aire, la hoy libre y democrática entidad federativa denominada Ciudad de México (CDMX). Hasta parecía que, rememorando aquel comercial antiguo, la habían aseado con jabón Camay y logró sacar la belleza escondida. Porque ni modo que vayamos a negar que la otrora ciudad de los palacios es un sitio que, a pesar de todos los embates, sigue teniendo atractivos históricos-visuales múltiples, aun cuando estén ajados por las decisiones equivocadas de sus gobernantes. Embelesados en aquellas impresiones hasta pensamos que el tiempo se revertía e ingenuamente quisimos creer que, cual estación radiofónica 620, había llegado para quedarse. Sin embargo, aquello fue un espejismo. Para el fin de semana, las cosas empezaron a cambiar. El dios Ehecatl estimó que su presencia ya había sido suficiente y decidió irse a descansar por un rato. Al arribar el lunes, Quetzalcoatl volvió a quedarse dormido y de ello se aprovechó Tezcatlipoca quien reclamó el lugar para su espejo negro y la oscuridad cotidiana volvió a apoderarse del Valle de México como ya es costumbre desde hace más de tres décadas cuando las medidas erróneas o la inacción de los gobernantes en turno abrieron la puerta a Mictlantecuhtli para que hiciera sentir su presencia cada vez en mayor grado sin respetar edades o clases sociales. Demos un breve repaso a los gobiernos de esta ciudad durante los últimos sesenta años.
Durante los cincuentas y la primera mitad de los sesentas, muchas fueran las críticas que algunos hicieron al sonorense Ernesto Peralta Uruchurtu. De todo lo acusaron por usar mano de hierro para tratar de hacer prevalecer el orden y la higiene. Infinidad de epítetos le cayeron encima, especialmente cuando trató de impedir el desarrollo urbano desordenado y hasta colocó un muro por el rumbo de Tecamachalco. Al final, lo echaron y arribó Alfonso Corona Del Rosal cuya obra cumbre fue el sistema de transporte colectivo Metro, el cual en sus inicios fue muy eficiente. Por esos tiempos, ni quien se preocupara por hablar de contaminación ambiental.
Sería en 1970, cuando por vez primera en nuestro país las autoridades tomaban en cuenta los temas climáticos. Poca atención prestamos cuando el Presidente Luis Echeverría Álvarez nombró a Francisco Vizcaíno Murray como subsecretario de mejoramiento del ambiente. Aquello nos sonó raro y nadie le dimos importancia, parecía ser una posición burocrática creada para saldar alguna cuenta de amistad. Ni quien se preocupara por lo que sucedía con el entorno ecológico de la ciudad de México. El Metro estaba recién inaugurado. Aún era fácil trasladarse rápidamente de uno a otro punto de la ciudad. Sin embargo, ya las calles y avenidas se hacían chicas para albergar el parque vehicular creciente. Ante ello, el regente Octavio Sentíes Gómez decidió construir el llamado Circuito Interior y priorizar el uso de delfines, ballenas, y quien sabe cuántas especies más del pulpo camionero, como medio de transporte público. Asimismo, en materia de camiones foráneos, se construyeron la, entonces ubicada lejísimos, Central Camionera del Norte y al sur la de Taxqueña. Ambas supuestamente acabarían con el amontonamiento que antes se generaba por los rumbos de Buenavista. Sin embargo, no previeron crecimiento y carecían de espacios para albergar las unidades que no estaban en servicio. Pronto aquello volvió a ser un muégano y las emisiones contaminantes empezaron a apoderarse del área. Poca atención era prestada a los residuos generados por las fábricas ubicadas en la zona urbana y área conurbada, la refinería de Azcapotzalco era sagrada y nadie osaba apuntar lo que expelía. A la par, los fraccionadores con la complacencia de las autoridades, tanto del entonces DF como del Estado de México, loteaban cuanto espacio había vendiéndolo como el paraíso residencial. Para la segunda mitad de los setentas con aquello de que deberíamos de aprender a administrar la riqueza, muchos emigramos a la capital y, por supuesto, todos teníamos que poseer un auto lo cual implicaba que calles más anchas eran requeridas.
En respuesta, el entonces regente de la ciudad, Carlos Hank González estimó que los camellones estorbaban, las palmeras sobraban y aparecieron los ejes viales. El asfalto y el cemento ocuparon los espacios que antes pertenecieron a milpas y zonas arboladas. El DF dejaba de ser la capital-pueblote para convertirse en ciudad grande-moderna. Y todo el mundo feliz, ni quien se preocupara por medir contaminantes. A meter más autos, combis y autobuses, no importaba para eso se ampliaron las vías de comunicación en donde cabían cuanto vehículo se quisiera. Hasta que arribó la crisis.
En medio de ella, poco pudo hacer Ramón Aguirre Velázquez aun cuando tuvo que reconocer que la contaminación ya era un problema y tímidamente trato de desincentivar el uso del automóvil de manera voluntaria. Nadie prestó atención. A la par el transporte público, con todo y el tren ligero que inauguró, era cada vez más ineficiente y contaminante. A las fábricas nadie volteaba a verlas dado que generaban empleos y no era cosa de poner en peligro esas fuentes laborales solicitándoles que colocaran filtros para reducir la emisión de contaminantes. Llegó el sismo de 1985 y la ciudad se quedó en cueros exhibiendo sus miserias físicas y morales. Si bien al principio las acciones de la sociedad civil paliaron la ineficiencia e ineficacia gubernamental, pronto aquello se convirtió en fuente de trastupijes y engaños. Así, arribamos a los tiempos de la modernización-globalización.
La ciudad fue entregada a los m&m, Manuel Camacho Solís (antes había sido tofico) y Marcelo Ebrard Casaubon. En su afán loco por construir la candidatura presidencial del primero, los negocios florecieron. En el trasporte público, la Ruta 100 fue utilizada para todo, excepto para proporcionar un mejor medio de traslado a la ciudadanía. Tras ese negocio, se ocultaban financiamientos para engendrar el huevo de la serpiente. De ahí salían los recursos para financiar la futura charlotada zapatista en Chiapas, al tiempo que se proveía de dineros al acarreador de barrenderos tabasqueños al Zócalo. El área que anteriormente fuera los tiraderos de basura acabó convertida en zona de plusvalía ilimitada. Mientras tanto, el desorden urbano se consolidaba y el problema ambiental ya empezaba a ser algo más que anecdótico. La salud de los ciudadanos mostraba los primeros estragos en las vías respiratorias. Ante ello, decidieron cerrar la refinería de Azcapotzalco e implantar de manera obligatoria el programa ’hoy no circula’ y el boom automovilístico nació. Sin embargo, nada más fue realizado. El trasporte público empeoraba día con día, nuevas áreas de viviendas se creaban conforme fueran poniéndose a mano los desarrolladores, el ambulantaje logró consolidarse, las zonas residenciales eran convertidas en comerciales de la noche a la mañana, etc. La ciudad enfilaba rumbo al caos.
En ese contexto, aparecería Oscar Espinoza Villarreal como simple objeto de transición y transacción para entregar el gobierno, en 1997, a la sacrosanta izquierda mexicana representada en la figura egregia de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano quien en poco tiempo demostró lo que ya había exhibido en Michoacán, como gobernante era bastante malo. Acompañándolo arribaron aquellos cuya experiencia culinaria no iba más allá del Paseo de las Facultades, pero quienes de pronto descubrieron que lo de ellos eran los restaurantes de lujo. Y como dijera aquel político allá en el pueblo, bueno, ciudad para no lastimar a los sensiblemente correctos, ’aviéntate pa’ lo hondo.’ Dado que había muchísima profundidad, pues aquello fue convertido en botín en donde todo importaba menos el bienestar de la ciudad y la salud de sus habitantes. Así, mientras el hijo del Tata iba en busca de su segunda intentona presidencial, dejo encargada del changarro a Rosario Robles Berlanga quien perdida entre los vericuetos del amor a ritmo de tango destinó más tiempo a los negocios que a tratar de arreglar la ciudad la cual continuó ’cuesta abajo en su rodada…’ y los habitantes padeciendo ya en grado mayor los efectos de la contaminación.
Y llegó el antiguo acarreador de barrenderos tabasqueños, Manuel Andrés López Obrador (MALO) quien salió bueno para el ’business.’ Entre que regalaba los edificios del centro de la ciudad a su mecenas y entregaba ofrendas al cardenal, dio paso libre al ambulantaje y construyó los segundos pisos en donde la corrupción fue tal que ordenó ocultar la información por doce años. Vaya usted a saber lector amable que negocios hubo a trasmano para fomentar de esa manera el incremento del parque vehicular mientras entraban en vigor medidas más restrictivas para la circulación de vehículos, el transporte público seguía hundiéndose y pauperizando la ciudad. La otrora amplia Avenida Insurgentes acabó convertida en una porquería con la introducción del metrobús. Eso era congruente, dado la incapacidad para elevar las condiciones de la calidad de vida en la ciudad de México, MALO procedió a proletarizarla y convertirla en invivible. La contaminación alcanzó niveles que afectaron seriamente la salud de los habitantes.
Una labor que continuaría brevemente el intendente Alejandro Encinas Rodríguez cuya obra más significativa fue dejar que su patroncito MALO se instalara en la Avenida Reforma y desquiciara la vida y la salud de los capitalinos. Después, arribó el integrante del dueto m&m, Marcelo Ebrard Casaubon quien se dedicó a hacer obras de relumbrón en las cuales la corrupción y la contaminación florecieron como nunca y ahora anda a salto de mata sin que nadie le eche el guante como dirían las crónicas policíacas del ayer. Y llegamos a estos días.
Con Miguel Ángel Mancera Espinosa al frente, hoy, los habitantes de la ciudad de México literalmente se ahogan respirando excremento. Nada ha hecho en estos tres años para revertir lo que ya desde hace tiempo vienen indicando los científicos que realizan estudios serios sobre los efectos de la contaminación en la salud humana. Hoy todo lo tratan de circunscribir al ozono y los males respiratorios. Alquilaron un Nobel para generar estudios a modo que ocultan los problemas reales. Y en ese contexto, todo lo ciñen a los automóviles, pero ni quien mencione las fábricas. Sin embargo, las ’verdades’ que le concibe Mario Molina Pasquel no alcanzan para tapar la realidad. Ante ella, el ciudadano Mancera hizo rabieta y culpó a los vecinos del Estado de México, Hidalgo y Puebla de no hacer nada. El gobernador de la primera entidad le respondió con sorna que allá recibían todos los desperdicios de la capital, mismos que ya no aceptarían. Además, mandó a uno de sus secretarios a recordarle que la cuarta parte del agua que consumen los capitalinos viene de allá y la regresan convertida en detritus. El del segundo, le increpó por andar litigando a distancia en lugar de hacerlo cara a cara. El del tercero, francamente lo envió hasta allá a donde nos prometió MALO que, algún día, se irá a descansar. Y la CDMX enseñó los pies de barro.
Con la Ciudad de México nos une una relación entrañable derivada de muchísimos años de vivirla-sufrirla-gozarla y nos da rabia ver como ineptos la han convertido en un sitio poco propicio para vivir. Han operado bajo la premisa de que como ocupan cargos burocráticos altos, ni a ellos, ni a sus familias, habrá de afectarles en la salud la porquería que se respira. Todas las medidas que toman son cosméticas, amenazan y piden que corran a quienes no siguen su engañifa, bloquean la investigación seria y ocultan la gravedad del problema, en eso los acompañan quienes están al frente del sector salud a nivel federal de quienes no hemos escuchamos ninguna opinión fundada al respecto. No hay duda, los ’izquierdistas’ querían gobernar la ciudad de México para enriquecerse, pauperizarla y hacer de ella un lugar invivible. Ni quien se fuera a imaginar que ese sol de color oscuro que engalana su logotipo fuera una alegoría al espejo negro de Tezcatlipoca y el fondo amarillo pues solamente se puede relacionar con lo que respiran los capitalinos. Ya levantaron la contingencia, pero después del bla,bla, ¿Qué? Mas bla, bla. Han decidido hacer a un lado a los científicos de la UNAM que sí saben del tema y seguir usando al Nobel de alquiler para justificar la engañifa. Al ciudadano de a pie no le queda sino rogar que Ehecatl regrese del descanso y haga factible ver la región más trasparente, aun cuando sea por un par de días.vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1): Una muestra de cómo está la lucha entre quienes fingen ser intermediarios ante el Gran Arquitecto. Ahora, el obispo de Saltillo fue exhibido. Eso le sucede por andar mal aconsejando al papa. ¿Será el único del gremio a quien le gusta enjaretarse disfraces?
Añadido (2): De pena ajena ver al seudo periodista, Jorge Ramos. El miércoles anterior, al ser entrevistado por Bill O’ Rilley, jamás fue capaz de responder que cumpliría una de las funciones básicas de cualquier informador, presentar las noticias de manera justa y equilibrada, más allá de que tanto concuerde o no con la filosofía del actor de las mismas. Se comportó como los situados al otro lado del espectro a quienes critica rabiosamente.
Añadido (3): Sí se tratara del toreo diríamos que el historiador Francisco Martín Moreno lució como la primera figura y Leo Zuckermann Behar como un maletilla. De ese tamaño es la diferencia intelectual entre los dos.

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