Rodolfo Villarreal Ríos
La mentira de la dictadura presidencial
Plata Pura
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Agosto 15, 2015
02:07 hrs.
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Los poco dados al análisis serio y fundado o bien aquellos a quienes a lo largo de la historia han medrado con el cuento de que, durante la supremacía absoluta del PNR-PRM-PRI, el régimen político mexicano estuvo (o lo pudiera estar ahora) sustentado en el poder unipersonal del presidente de la república. Sin embargo, esa es una mentira que carece de fundamento. Sí, ya sabemos que afirmar esto pudiera no ser del agrado de todos aquellos que prefieren irse por lo que parece ser, o les han hecho creer, y no por lo que es. Respecto a ello comentaremos a continuación.
En los albores de 1929, el estadista Plutarco Elías Calles había dejado ya de ser formalmente presidente de México. Sin embargo, durante su gestión se había dado a la tarea de crear el nuevo Estado Mexicano mediante creación de muchísimas instituciones y organismos que dieron un giro a la vida económica de la nación. Sin embargo, ello no era suficiente. Ninguna reforma de carácter económico será suficiente sí ella no es acompañada de una similar de carácter político.
En 1929, el país continuaba en medio de una revuelta, La Cristiada, misma que no terminaba de acabarse porque, a mediados de 1928, el ciudadano Ambrogio Damiano Achille Ratti, el Papa Pío XI y los extremistas de la iglesia católica mexicana decidieron que la cuota de sangre derramada aun no era suficiente. No obstante ello, el estadista Elías Calles estaba consciente de que de muy poco servirían sus reformas económicas sí no lograba poner orden en el entorno político. Todos, sin excepción alguna, quienes habían participado en la lucha armada de la Revolución Mexicana y aquellos que continuaban combatiendo en la reyerta inútil, estimaban que la patria les debía mucho y debiera de recompensarlos con algo más que simples medallas o monedas. Ellos ambicionaban una tajada del poder político. Sí la recompensa no era la esperada, el fusil sería el instrumento para demandarlo. Ante esto, Elías Calles, junto con los miembros del grupo que encabezaba, acordaron la creación del Partido Nacional Revolucionario (PNR). El objetivo era que en el seno del mismo todas las fuerzas políticas tuvieran un foro en donde se discutieran los diversos puntos de vista y en base al diálogo llegar a consensos.
En esa forma, todos los grupos políticos pertenecientes a los diversos sectores económico-políticos podían obtener algo que les permitiera acceder a cargos de elección popular. Y esto, aun cuando en algunos casos hubiera sujetos poco escrupulosos dados a cometer tropelías para imponer lo que no era vendible, permitía que en términos generales quienes eran elegidos refrendaran en las urnas que la selección había sido la correcta. Claro que aquí no faltara quien nos diga que el PNR nació al amparo de un fraude e invoquen que el cobarde-gigoló (aun no agregaba lo de sinarquista-nazi) José Vasconcelos fue derrotado a la mala en la elección presidencial de 1929. Quienes quieran creerlo así, están en su derecho, pero ello no corresponde a la realidad. Efectivamente, muchos fueron los que le compraron la falacia, pero no formaban la mayoría. A más de ello, el oaxaqueño les salió correlón y dejó a sus seguidores colgados de la brocha. Si alguien desea comprobar que el sujeto era un cobarde, basta repasar el texto del Plan de Guaymas en donde, como se dice vulgarmente, “les echa el penco encima” a sus seguidores, mientras él huye a esconderse en el país que odiaba, los Estados Unidos de América. Y a partir de esa elección, algunos por conveniencia y otros por ingenuidad, dieron paso a la leyenda de que todas las elecciones de cualquier nivel eran una farsa y el fraude siempre estaba presente.
No vamos a negar que en diversas ocasiones las cosas no fueran precisamente un ejemplo de pulcritud, pero en la mayoría quienes accedían a los cargos de elección popular, a todos los niveles, llegaban porque en el seno del PNR-PRM-PRI existía un proceso de auscultación entre los miembros de todos los sectores y las decisiones no eran de carácter unipersonal. Sin embargo, los miembros de la derecha mexicana junto con la izquierda, sus compañeros eternos de viaje a trasmano, crearon la narrativa de que en México no existía la democracia y todo era producto de una decisión unipersonal del presidente de la república, sin cuyo parecer no se movía una hoja. Obviaban que a lo largo del país existían, existen, diversos grupos de poder real, político y económico, cuyos integrantes a los diversos niveles tienen algo que decir y a quienes siempre se les tomó (toma) parecer. Cuando el peruano-español, hoy convertido en galán senil decrepito, Mario Vargas Llosa, vino a eructar lo de la “dictadura perfecta,” los de siempre lo festinaron. Eran los mismos quienes al amparo de ese sistema habían obtenido una y otra prebenda, las cuales de pronto olvidaron, mientras dejaban de lado el análisis serio.
Efectivamente, durante setenta años, la presencia política mayoritaria perteneció a un solo partido con tres nombres a lo largo del tiempo. Sin embargo, por así convenirles, poco énfasis se daba al hecho de que, por usar un ejemplo, cuando se escogía un candidato a un cargo de elección popular, había todo un proceso de auscultación entre los diversos miembros del entorno donde aquello sucedía. Al respecto, recordamos lo que en alguna ocasión nos contaba uno de aquellos personajes del priísmo nacional a quien tachaban de hacer magia en los procesos electorales. Sabedores nosotros de su fama, directamente, le preguntamos qué tanta veracidad había al respecto. Después de soltar una carcajada, nos respondió: Mire licenciado, entonces solamente éramos eso, ello es un cuento. Cuando me envían de delegado a un estado, lo primero que hago tras visitar al gobernador, es irme a los pueblos o ciudades y empezar a entrevistarme con los líderes, de todos tipos, de las comunidades para ver que opinan de los diversos candidatos potenciales. Con la información en mano, realizo el reporte respectivo y ahí da inicio el proceso de negociación en los diversos niveles. Ese es todo el secreto, no es infalible, pero ha permitido que en la mayoría de los casos, el partido obtenga el triunfo.” Y sí, mientras eso prevaleció, aquello parecía que todo era decisión unipersonal. Sin embargo, tras bambalinas, mucho era lo que se negociaba. Claro que en 1987-88, al darse el rompimiento con el viejo modelo económico-político, se generó la fractura con el ala que se consideraba heredera de la Revolución Mexicana y se complicaron las elecciones. Sin embargo, ni aun ahí la decisión fue unipersonal del presidente Miguel De La Madrid Hurtado. La selección de su sucesor obedeció a una serie de consultas con grupos, de no haber sido en esa forma los apoyos al candidato perdedor hubieran sido numerosos, nos referimos a los reales y no a aquellos que se dan amontonando gente. En ese entorno, ya como presidente, Carlos Salinas De Gortari emprendió todo un proceso para que cuando llegara el momento de elegir sucesor todo se diera de manera natural. Por ello, se dio a la tarea de ir construyendo la candidatura de Luis Donaldo Colosio Murrieta. Lo hizo transitar por el poder legislativo, lo entronizó líder de su partido político y lo convirtió en secretario de estado hasta que fue seleccionado como candidato presidencial. A la par, se daba todo un proceso de negociación-auscultación, del beneficiado y el propio presidente, con los líderes de poder real. Si aquello no concluyó de manera exitosa fue porque a alguien no le gustó el activismo internacional de Salinas De Gortari. Pero de que la decisión de seleccionar a Colosio no fue unipersonal, ni duda cabe. Todo fue parte de un proceso de negociación-auscultación.
En el acto de gobernar, las decisiones del presidente de la república no eran producto del capricho y tampoco lo son en los tiempos presentes. El secreto de la prevalencia priista durante setenta años fue toda la negociación que se daba antes de que las decisiones se tomaran. Pocos quieren decir como existía todo un proceso de consulta hacia el interior del partido y con las otras fuerzas políticas-económicas. Entonces aquello no necesariamente se publicitaba, pero las negociaciones eran en ocasiones muy duras y se iban dando en niveles diferentes hasta llegar al nivel máximo y cuando eran ya del dominio público parecía que eran producto de una decisión unipersonal, y como algunos, quienes inclusive en ocasiones estaban involucrados en el proceso, les gustaba sacar raja política, pues clamaban que la democracia no existía. No era un método perfecto, pero funcionaba y mucho mejor de lo que algunos quieren aceptar.
Hoy, el método ya no puede ser el mismo y las consultas tienes que hacerse abiertas con las otras fuerzas políticas-económicas para algunos casos como lo fueron las reformas recientes. Para ello, requirieron de quienes si saben cómo negociar. Pero cuando se trata de los asuntos internos del PRI, las cosas no han cambiado. Al final de cuentas, se vuelve al modelo original del estadista Don Plutarco y las fuerzas diversas de poder al interior son consultadas. Aun cuando el presidente de la republica pudiera no estar de acuerdo, al final tiene que aceptar el consenso. En México, contrario a lo que algunos traten de vender, el poder presidencial no obstante ser muy grande nunca ha sido omnímodo y por consiguiente eso de que durante los años del PNR-PRM-PRI, y la vuelta de este, lo que ha prevalecido es una dictadura presidencial es una historia sustentada en la mentira promovida por quienes han hecho de ello un medio de lucro. vimarisch53@hotmail.com
Añadido: En el discurso es el enemigo número uno de la corrupción, pero a trasmano está dispuesto a agarrar lo que le pongan enfrente, inclusive vía pactos con gobernadores de reputación nada dudosa. Ni dudarlo, el chico maravilla habrá de ser el próximo presidente del PAN, sus credenciales lo avalan como un representante digno de la “mochería” albiceleste. RVR
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