RODOLFO VILLARREAL RÍOS
La historia dudosa de la ciudadana Menchú
eldiariodetaxco.com
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Mayo 30, 2015
12:51 hrs.
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Algunos, especialmente los políticamente correctos, se proclaman sus admiradores. Otros, sin dejarse llevar por los colores brillantes en la presentación, se muestran reacios a lanzar loas y sumarse a la cargada, no olvidan la información surgida años atrás. En este contexto, revisábamos la columna “Los 10 mil dólares del INE a Rigoberta Menchú,” publicada en el diario Excélsior por el periodista Francisco Garfias. En ella, se da cuenta de la engañifa sobre una supuesta enfermedad de la ciudadana Rigoberta Menchú. En realidad nunca hubo padecimiento alguno, lo sucedido fue que se negó a dar una entrevista, dado que no le llegaron al precio, y entonces inventó dicha patraña, algo en lo que al parecer tiene vasta experiencia. Al leer eso, no pudimos evitar que viniera a nuestra memoria el libro “Rigoberta Menchu And The Story of All Poor Guatemalans” (Rigoberta Menchú y la historia de todos los guatemaltecos pobres), aparecido en 1999 bajo la firma del antropólogo estadounidense, David Stoll. En dicha publicación, el autor cuestionaba la realidad de la historia narrada en el libro “Yo, Rigoberta Menchú: Una mujer india en Guatemala,” el cual le valió que, en 1992, le otorgaran el Premio Noble de la Paz, un galardón desprestigiado al incluir entre sus recipientes a invasores, terroristas, belicosos confesos, políticos ineptos, manipuladores de información hasta llegar a otorgarse por lo que probablemente pudiera llegar a hacer el laureado. Sobre el contenido y la controversia generada alrededor de la historia original de la ciudadana Menchú comentaremos a continuación.
Todo dio inicio cuando en 1983, la ciudadana Menchú publicó su libro autobiográfico con la “ayuda” de Elizabeth Burgos-Debray. Para quien este último apellido le diga algo, permítanos comentarle que se trata de la esposa del francés Regis Debray aquel personaje que diseñó la estrategia para operar la guerrilla en Bolivia bajo la dirección de Ernesto “Ché” Guevara, lo cual terminó con la muerte de este último ocurrida el 10 de octubre de 1967. Pero vayamos al producto generado por la pluma de la dama Burgos-Debray.
Todo dio inicio en 1982, según lo relata la propia Burgos-Debray, con una serie de entrevistas a Menchú que finalmente abarcarían un total de 19 horas de conversaciones grabadas. El objetivo inicial era generar apoyo a la guerrilla guatemalteca. De acuerdo a la narrativa, esa era la historia de una indígena maya quiché guatemalteca analfabeta quien junto con su familia habían sido víctimas de la dominación del hombre blanco. Para darle tintes de dramatismo, se menciona que a la ciudadana Menchu su padre le impidió ir a la escuela porque debería de atender las labores domésticas, además de apoyar en el cultivo de la tierra. Iban, de acuerdo al relato, a laborar de una plantación cafetalera a otra en donde eran víctimas de la discriminación. Era tanta su pobreza que Menchú sería testigo de cómo uno de sus hermanos, Nicolás, moría de hambre. En igual forma, eran referidas las vejaciones sufridas por los indígenas, y ella misma, a manos de los miembros del ejército guatemalteco. Durante los años setenta, los miembros de su familia fueron acusados de estar involucrados con la guerrilla guatemalteca y, en 1979, su hermano Patrocinio fue arrestado, torturado y asesinado por el ejército. Posteriormente, su padre sería asesinado por las fuerzas del orden y su madre torturada y violada para después fenecer. Ante todas estas desgracias, Menchú huye a México. Con tan conmovedora historia, seguramente alguien podría estar ya en búsqueda de una buena dotación de pañuelos faciales, vulgo “kleenex.” Esto fue lo que hicieron los miembros del comité quienes, en 1992, otorgaron el Premio Nobel de la Paz a Menchú. Sin embargo, para algunos escépticos la historia sonaba demasiado dramática para ser totalmente cierta. Uno de ellos era David Stoll quien se dió a la tarea de indagar en los archivos y entrevistar a lo largo de casi una década a más de 120 personas que fueron testigos de los eventos narrados años antes por Menchú a Burgos-Debray. Entre los entrevistados estaban, familiares, vecinos, amigos y antiguos condiscípulos quienes sin empacho aseguraron que los relatos más sobresalientes del libro de Menchú había sido inventados o cuando menos exagerados. De ello surgió el libro “Rigoberta Menchu And The Story of All Poor Guatemalans” (Rigoberta Menchú y la historia de todos los guatemaltecos pobres), aparecido en 1999, en donde fue exhibida toda la invención que convirtió en “rock star” a Menchú.
Contrario al cuento de Buegos–Debray-Menchú, el libro de Stoll menciona que la ciudadana Menchú no era analfabeta, ni mucho menos su padre estaba opuesto a que recibiera instrucción. Por el contrario, la envió a un par de internados administrado por monjas católicas en donde recibió instrucción a nivel de secundaria. Por lo que concierne a la situación económica de su familia, lejos estaban los Menchú de ser unos parias, poseían 2753 hectáreas. Asimismo, en el relato primario era indicado la defensa que la protagonista y su familia habían tenido que hacer a lo largo de 22 años para evitar el despojo del cual los hacendados querían hacerlos víctimas. Sin embargo, la disputa se concretaba a 151 hectáreas y quienes buscaban quedarse con dichas tierras no eran los descendientes de aquellos que llegaron de Europa cerca de cinco centurias atrás, sino otros indígenas mayas, la familia Tum, encabezados por la esposa de un tío de Menchú. Asimismo, el hecho mencionado de que uno de sus hermanos supuestamente había muerto de hambre fue fabricado, nadie de los entrevistados recordaba que eso hubiese sucedido y el tal Nicolás seguía vivo y comiendo. Igualmente era falso que su padre, Vicente, hubiera organizado un grupo de resistencia campesina, llamado Comité para la Unidad Campesina, era un conservador a ultranza a quien lo único que le preocupaba era el pedazo de tierra en disputa con sus familiares. Si bien su hermano, Patrocinio fue asesinado por miembros de la milicia guatemalteca, Rigoberta no fue testigo del hecho. Nadie niega la brutalidad de los enfrentamientos armados entre la guerrilla y el ejército, lo cual dio por resultado la muerte de inocentes como fue el caso de los padres de la Menchú. Sin embargo, la historia construida alrededor de Menchú obedeció a motivos políticos.
La propia Burgos-Debray, quince años después de la publicación original, aceptó haber participado en una empresa de mistificación. Según relata, el 3 de enero de 1999, al diario español El País, “a finales de los ochenta comencé a recibir informaciones que desmentían mi relato. Comprendí hasta qué punto la estrategia de la guerrilla era jacobina, voluntarista y peligrosa. Fue entonces cuando empezó la campaña de promoción de Rigoberta como candidata al Nobel y a mí ya no quisieron asociarme a ella porque les había dicho ciertas cosas que no me parecían bien.” Por lo que concierne al escrito de Stoll, otras fueron las reacciones.
Menchú lo acusó inicialmente de ser un defensor de la milicia guatemalteca quien trataba de desacreditar a las víctimas de la violencia. Sin embargo, más tarde, negó que ella tuviera algo que ver con el libro escrito por Burgos-Debray. En ese contexto, Stoll escuchó un par de horas de las grabaciones efectuadas por Burgos-Debray y oyó como Menchú relataba exactamente lo que apareció en el libro de 1983. Asimismo, Menchú sugirió que los cargos en su contra deben de ser obviados pues son de carácter político y las falsedades que se relatan en su autobiografía deben de ser perdonadas pues se generaron a partir de motivos políticos (¡!!!). En igual forma, apunta: “Este es mi testimonio personal, pero también tiene partes del testimonio de la colectividad guatemalteca. Para la gente común como yo, no hay diferencia entre testimonio, biografía, y autobiografía… Lo que hacemos es narrar no solamente lo que hemos vivido.” No obstante todo esto, los miembros del devaluado Premio Nobel de la Paz rehusaron retirárselo arguyendo que el galardón no fue dado exclusivamente en el contenido de la autobiografía, que más podíamos esperar de esos desvalorizados premiadores.
Tras de este relato, nada nos sorprende de que la ciudadana Rigoberta Menchú invente enfermedades para encubrir su mercantilismo. Después de todo, envuelta en huipiles multicolores es el ejemplo máximo del indigenismo convertido en un vil negocio en donde unos cuantos se aprovechan de la pobreza de muchos, a quienes les conviene mantener en esa condición, para andar vendiendo espejitos a precios altos, 40 mil dólares en este caso, de los cuales 10 mil fueron pagados ilegalmente, encubiertos por machincuepas legaloides, por el señorito del INE quien de esa manera buscó recomponer lo que hace una semana se diera conocer acerca de lo que piensa sobre los aborígenes mexicanos. A quien haya tenido la idea de traer como observadora electoral a la ciudadana Menchú cuya fama esta fincada en el engaño, habría que recordarle que aquí tenemos, a pasto, personajes que por menos dineros certifican lo que quieran a un precio más razonable. Aun cuando, claro, pudiera ser que sus ropajes carezcan del el colorido de los que porta la ciudadana Menchú y su historia nada dudosa fincada en el artificio. vimarisch53@hotmail.com
Añadido: Ante el escándalo del organismo máximo del “panbolerismo” internacional muestran cara de asombro. ¿Qué sucedería si le rascaran a nivel nacional? ¿Serían suficientes los estadios Azteca, Olímpico Universitario y Azul para albergar la boñiga que pudiera surgir? Y ya entrados en este tema, cabría preguntar: ¿A nivel mundial, cuántos otros “deportes” podrían estar batiéndose en los mismos miasmas en que hoy se exhibe al panbol? RVR
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