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Sergio Enrique Castro Peña
Hablemos del nuevo milenio o de ’viejos problemas’
Sergio Enrique Castro Peña
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Junio 07, 2016
23:11 hrs.
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En 2006, se desarrollaron varios eventos que tendrían un impacto significativo en lo que para algunos políticos y ’politólogos’ identifican como un paso hacia la consolidación de nuestra ’incipiente’ democracia y el abandono o superación de la ’dictadura (priista) perfecta’, según lo dijera el escritor y político fallido, como lo demostró cuando contendió por la presidencia del Perú, Mario Vargas Llosa. Para ese mundo de los iniciados políticos, la transición del poder de Ernesto Zedillo Ponce de León a Vicente Fox Quesada en 2000, realizada con tersura y civilidad política, solamente tenía una sola explicación: era el producto del mundo soñado de la democracia, la expresión sin cortapisas de la voluntad del ciudadano en las urnas. La ’dictadura perfecta’ de un solo partido hegemónico, causante de tanta inconformidad, fraudes electorales y violencia pertenecía a las esferas del pasado. Y, una grandísima mayoría así lo creyó, ’muerto el perro, se acabo la rabia’. Pero, el diagnostico era erróneo, las premisas infundadas.
Una de las principales creencias, primordialmente de los opositores visibles, o no, del PRI, consistía en dar por verdad irrefutable que lo identificado como el ’sistema’ político mexicano estaba constituido exclusivamente por el PRI y su férreo control en la operación de todas las estructuras de la sociedad: políticas, económicas y sociales. Por lo tanto, todas las decisiones provenían de su autoridad máxima y líder del partido: el presidente de la república. En pocas palabras, el PRI, era el causal y origen de todos los males del país y, dado que el PRI constituía el heredero de la Revolución Mexicana, por ende dichos males provenían de la misma. Así vivieron, por seis años, tratando de sumergirse en una ensoñación a la cual la realidad, se empeñaba en vencer. Hasta que llegó el 2006, cuando los ingenuos de la democracia tuvieron un despertar abrupto e inexplicable.
El día 2 de Junio de 2006, se efectuaron elecciones a diputados federales, senadores y a presidente de la república. Junto a ellas iba la primera prueba real de la llamada ’nueva’ o ’incipiente’ democracia mexicana. Las horas transcurrieron en un ambiente de incertidumbre, dada la cercanía de los resultados de la votación entre los candidatos del PAN, Felipe de Jesús del Sagrado Corazón Calderón Hinojosa y, el candidato de la Coalición por el Bien de Todos, Manuel Andrés López Obrador (MALO). Los ánimos se fueron caldeando a medida que transcurría la jornada electoral y se estrechaba cada vez más la diferencia entre los resultados de la votación, al final de la jornada, en la madrugada del 3 de Junio, el Instituto Federal Electoral (IFE) anuncio que el candidato del PAN, por un escasísimo margen, era el vencedor y, por ende, el próximo presidente. A partir de ese momento, se marco el futuro real de la incipiente democracia, su fragilidad y sus recurrentes acusaciones de fraude, ilegalidad de los procesos electorales, la demanda de realizar nuevas elecciones o recuento del total de las casillas y el surgimiento de un mega-poder, El Tribunal Federal Electoral (TRIFE).
Pero, dentro de esa maraña política, en donde, la llamada izquierda, liderada por el promotor de mandar ’las instituciones al demonio’, MALO, amenazaron con impedir la toma de poder al ’presidente impostor’, Felipe del Sagrado Corazón de Jesús, el día 2 de Diciembre ante la Cámara de Diputados y, con ello, cumplir con el mandato constitucional. Para sorpresa de los políticos y comunicólogos apoyadores del ’presidente legítimo,’ MALO, a pesar de la violencia, no solamente verbal, sino inclusive física, con apoyo del PRI el nuevo presidente tomó posesión. Ello no era porque los tricolores comulgaran con sus ideas políticas, sino debido a que con ello daban una demostración de que el nombre de su partido no era fortuito, en su ADN tienen inscrito que la institucionalidad es un elemento que permite hacer valer las posibilidades de que esta incipiente democracia se consolide. Dándole vigencia a las ideas del filósofo de la revolución francesa, François-Marie Arquet, mejor conocido como Voltaire, ’de defender las ideas ajenas, inclusive si son contrarias a las nuestras’, basamento de la democracia y la institucionalidad prevalente. La transición del poder presidencial, entre los dos gobiernos panistas, se había realizado, no por los promotores ’de la nueva democracia’, PAN y PRD, sino, por el partido, largamente señalado como anti-democrático, el PRI.
La administración del presidente Felipe Calderón Hinojosa, se identifica por tres factores: la era dorada de los precios del petróleo y, por lo tanto de los ingresos y divisas provenientes de su explotación; el pésimo manejo y desperdicio de esos recursos, que no fueron utilizados para incentivar la tambaleante economía; y, el incremento de la violencia a lo largo del país, por la llamada ’guerra’ contra el narcotráfico y la violencia organizada. Además, de la problemática electoral y el apoyo sin restricciones de los gobiernos de izquierda, principalmente en del Jefe de D.F. Marcelo Ebrad al movimiento de la ’Coalición por el Bien de Todos’ de MALO con el plantón en la Avenida Reforma, misma, cuya duración cubrió el primer trienio de presidente Calderón.
En lo económico, siguiendo la ineptitud de su predecesor Vicente Fox, quien se caracterizó por un desempeño pobre, principalmente en las variables que actualmente inciden en el desempeño de la actual administración. No existe lo espontáneo, lo causal sí. El gobierno de Fox se desarrolló con una inflación promedio anual del 5.4 por ciento y, un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del 2.03 por ciento. Una economía que manifiesta un estado recesivo con inflación. Por lo cual, al ser incapaz, también, el Presidente Calderón siguió con la tendencia inflacionaria con un 4.23 por ciento y, un crecimiento similar en el PIB del 2.04 por ciento. Ambos crecimientos todavía muy lejanos al requerimiento mínimo del 6.0 por ciento, para que México inicie el proceso de recuperación y tenga la posibilidad de tener un crecimiento acorde al requerido para alcanzar un estado de desarrollo sustentable. Lo anterior es de vital importancia señalar, dado que el total de los recursos que se obtuvo durante esos sexenios, sumaron, por concepto de ingresos petroleros, la cantidad global, fue superior a los 400 mil millones de dólares, mismos, que dada la información económica no fueron destinados a incentivar la planta productiva, incrementar infraestructura de comunicaciones o la cobertura y el nivel de calidad de los servicios prestados en el sector salud y la principalmente la educación. Por el contrario, se afianzó la alianza, que se había iniciado con Vicente Fox y posteriormente con el Presidente Calderón Hinojosa con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), primordialmente con su lideresa Elba Esther Gordillo Morales, no en estrategias destinadas a incrementar el nivel educativo, sino en alianzas exclusivamente electorales.
En lo concerniente al personal burocrático, en los primeros cinco años del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, en promedio, se alcanzó una plantilla de 855 mil empleados. Sin embargo, con la promulgación de la Ley del Servicio Profesional de Carrera de la Administración Pública promulgada por Vicente Fox al termino de su mandato, bajo la supuesta premisa de que con ella se lograría incrementar la experiencia, la eficiencia y por ende, la productividad. A fin de crear una burocracia altamente profesionalizada, mediante la selección de los mejores elementos de la administración pública haciendo atractiva su permanencia con ingresos competitivos, se incrementaron y compactaron los salarios, con el mercado laboral privado, de igual manera garantizar su permanencia en el servicio gubernamental al determinar su inmovilidad hasta el nivel de Director General. Otorgándoles el mismo estatus del personal sindicalizado, no pueden ser removidos, pero con las ventajas de no pagar cuotas y tener derecho a un seguro de gastos médicos mayores. El sector de seguros privados operan vendiendo muchas expectativas, con altas cuotas para una mayoría, pero al final son poquísimos los beneficiados por ese servicio. No es ocioso, que la lucha entre las empresas de seguros por obtener un contrato de las entidades y organismos del gobierno federal y los estatales son los más disputados y, entre más grandes y mayores el número de personal y los niveles de ingresos, la lucha también es más encarnizada, los márgenes de ganancia son realmente sustanciales.
La ley era desde el punto de vista jurídico, administrativo, de eficiencia y todos los elementos que puedan contener el sueño de un usuario de los servicios gubernamentales y, la esperanza del buen uso y eficiencia de nuestros impuestos. Sin embargo, padecía de unos pequeños detalles, nunca hay que olvidar los incómodos detalles. Al momento de expedirse la ley, no se considero la existencia de toda una estructura y si el personal que la conformaba cubría los requisitos que la nueva ley demandaba a los nuevos funcionarios. Omisión que se hubiera solventado con una adición a esa ley en donde se pidiera como requisito y selección a todo funcionario tomar un examen en donde pudiera demostrar que había y estaba capacitado para seguir desempeñando la responsabilidad que hasta esa fecha se le había asignado. Al no hacerlo, simplemente se convirtió en un medio para legitimar el estado de las cosas y traspasar las deficiencias, los errores, los costos y las consecuencias a las siguientes administraciones, como en realidad sucedió y la primera víctima de este garrafal desliz fue precisamente el sucesor de Vicente Fox, el también panista Felipe Calderón Hinojosa. Sin embargo, tampoco se cumplió el objetivo que suponía produciría garantizar la permanencia y los altos sueldos de los funcionarios, que consistía en elevar la calidad y eficiencia del servicio público. Las buenas intenciones, si no están bien pensadas y planeadas, no llevan precisamente al cielo, salvo, que el único objetivo real fuera la de compensar al personal de la estructura foxista por su lealtad y los servicios realizados. En pocas palabras, solo se logró incrementar la burocracia y sus costos pero no su eficiencia y eficacia en el servicio destinado a los contribuyentes.
Como una estrategia de vender la idea a la ’opinión pública’, que tiene poca memoria y grandes intereses, Felipe Calderón Hinojosa, en 2012, último año de su gobierno, disminuyó en 135 mil elementos, aproximadamente el 16 por ciento de la estructura burocrática. Sin embargo, esa aparente disminución de la plantilla, consistía en contratar personal vía honorarios, sin derechos a crear antigüedad y continuidad, los llamados Prestadores de Servicios Integrales (PSI), en los cuales recaía realmente la carga de trabajo que la burocracia heredada por el foxismo, por su desconocimiento y su ineficiencia no podían realizar. Aunado a lo anterior, se contrataron también empresas y estas a su vez subrogaron dichos contratos a empresas o institutos de educación afines a sus ideas políticas o religiosas como un medio colateral de apoyarlas y financiarlas.
Hablar de combate a la pobreza es solamente enumerar una serie de programas que no tuvieron otro fin que de disfrazar una concepción de hacendado, la cual en comunión a su aliado tradicional, la Iglesia Católica, la única forma de paliar la pobreza no era la educación, sino una forma de limosna, al jornalero no se les dan buenos sueldos, capacitación, oportunidades, sino mucha compasión, inmensas bendiciones y unas pocas dádivas. A la pobreza no se le combate, no se le atenúa, se le elimina y esto se logra con políticas de educación y capacitación funcionales que le permitan a esa población que se encuentra en los más bajos niveles de ingresos superarse. Además, de políticas fiscales que incidan favorablemente, en una mejor distribución del ingreso. Más preparación, mejores oportunidades, producen niveles de distribución justos, cambios reales en nuestra cultura paternalista y, por lo tanto mayores niveles de bienestar.
En 2012, finalizaron doce años de gobiernos panistas. Los problemas y carencias no se mitigaron, las oportunidades no se aprovecharon y nuestra incapacidad para enfrentar los retos y transformaciones sigue inmutable. Continuamos manteniéndonos como una sociedad consumidora de tecnología importada y con ello pretendemos que vivimos y somos una sociedad altamente tecnológica. Nuestros niveles educativos, –del básico al superior- no concuerdan con las pretensiones de llegar a ser un país desarrollado y, al no tener un crecimiento constante y superior al que presenta el demográfico, además, que tenga la capacidad de incorporar a la población que se encuentra en los niveles de pobreza, dicho crecimiento, como se menciono anteriormente es mínimo del seis por ciento. Nuestra dependencia del exterior sigue agobiante, en los campos del comercio, los mercados, tecnología, educación y de las inversiones. Explotamos y agotamos nuestros recursos marítimos, petroleros, agrícolas y minerales, no los transformamos, ni les damos un valor agregado. En ciencia y tecnología, cuyo proceso inicial es el de copiar, para después mejorar, transformar y por último inventar, los últimos casos conocidos han sido, Japón, China, India y en menor grado Brasil. Pero, en el nuestro existen pocos ejemplos y solo del primero. Imitar, no significa copiar.
A los setenta años posrevolucionarios, de acuerdo a los ideólogos del PAN, fueron años perdidos, hay que agregarles los doce años de las administraciones panistas. Sin embargo, lo único que manifiestan es más desconocimiento y resentimiento porque en los primeros doce años, al término de la Revolución Mexicana, se creó una nueva Constitución, se pacifico el país y se formaron las instituciones que le dan forma a la sociedad actual, amén de poner las bases de otras que fueron tomando forma a medida que las circunstancias eran más propicias. Transformar un país y adecuar su marco legal es ir en contra del orden prevaleciente y por lo tanto de enfrentar las resistencias naturales, lo cual invariablemente conlleva un costo político. El evadir el PAN las responsabilidades que implicaban las modificaciones legales que se requerían en los campos de las comunicaciones, energéticas y educativas, la necesidad y urgencia de realizarlas, solamente manifestaron no estar dispuestos a pagar el costo. Por lo cual, retornaron a su función de actuar baja la comodidad que da el ser señalador, ser oposición. Para lo cual, sabedores de su derrota en 2006, se apresaron a poner a tono su eficiente maquinaria de producir rumores. Señalar errores y más en política, no se enfrentan equivocaciones y por lo tanto no hay costos que pagar.
En la actualidad, todavía acarreamos problemas, heredados de nuestros inicios como país independiente, problemas cuya solución simplemente diferimos. Pero, de todos, desde mi punto de vista, el más neurálgico le corresponde al de definir y aceptar que tipo de país somos y cual queremos hacer para el futuro. Tenemos infinidad de leyes y las seguimos creando, pero al no aplicarlas no les damos el tiempo para que demuestren si son viables o no, simplemente al no ver las soluciones que se esperan las cambiamos. La eficacia o eficiencia de una ley no la determina su existencia, sino los resultados de su aplicación. Declaramos una independencia, formamos una legislatura que apoyaba esa independencia, pero sigue la lucha, para determinar que ocasionó esa independencia y la búsqueda de ese estado laico que viva y se desarrolle libremente de la tutela religiosa. Los doce años de gobiernos panistas, serán conocidos por un período perdido y desperdiciado. Durante ese lapso, el país sufrió inestabilidad política, social y económica, a pesar de que se contó con la mayor captación de divisas tanto del petróleo como del turismo y de ese sector tan ignorado, pero tan constante que representan las remesas de los mexicanos que no encuentran oportunidades en nuestro país y tienen que buscarlas fuera de nuestras fronteras y, como cínica respuesta a sus penurias, las administraciones no prometen crear empleos solamente les ofrecen luchar porque obtengan residencia de trabajo, principalmente en Estados Unidos, para que puedan laborar sin problemas migratorios. Solución que pasivamente acepta esa ’opinión pública’ y que solamente reflejan esa nación inacabada, no porque está en constante evolución sino porque sigue viviendo en una lucha del pasado, en un pasado que no regresara. Tenemos ante nosotros los mismos ’viejos problemas’, pero también, un futuro, no sigamos desaprovechándolo, no vacilemos, simplemente, tomémoslo. sergiocastro6@yahoo.com.mx
Añadido (1): Hay que escuchar y leer con atención las intervenciones del presidente del PRI, dicen más, mucho más…
Añadido (2): Se dieron a conocer las tendencias de la elección a gobernadores del pasado Domingo, las cuales muestran diferentes interpretaciones y reacciones: el PRI y su presidente perdieron; ningún partido por si mismo gano; el escenario para los gobernantes salientes del PRI, enfrentarán la misma situación que la de Nuevo león; la tendencia para 2018, es que solo con alianzas se puede lograr ganar la presidencia. La pregunta es ¿Podrá una alianza presidencial PAN-PRD funcionar? La historia reciente dice que no. Pero con el Gran Hermano, si.
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