Sergio Enrique Castro Peña
Hablemos de libertad de expresión o periodismo responsable
Plata Pura
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Septiembre 17, 2015
10:39 hrs.
Periodismo ›
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La semana anterior, la Universidad Autónoma de México (UNAM) organizó “El Encuentro Internacional de Periodismo.” El tema central giró alrededor del análisis de los peligros y retos a los que se enfrenta la actividad periodista, principalmente, en los aspectos de confidencialidad, imparcialidad, liberad de expresión y protección de la actividad periodística, en su constante actitud disidente y crítica ante el poder, ya sea que este provenga de los diferentes niveles de gobierno, sector empresarial, partidos políticos y cualquiera de las otras en qué el ejercicio de autoridad se presente.
Diversas personalidades acudieron al evento referido arriba. Entre los participantes estaba el filósofo, intelectual y escritor español, Fernando Savater, quien ha dedicado sus estudios primordialmente a una reflexión permanente sobre la importancia de la ética en todos los actos del quehacer humano. Sus obras, que podemos llamar más representativas, son: Ética de Urgencia, Las Preguntas de la Vida y El Valor de Elegir, entre otras.
En este Encuentro Internacional de Periodismo, también tuvo una participación destacada la María Amparo Casar Pérez, socióloga egresada de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y doctora por la Universidad de Cambridge, quien ha enfocado sus estudios al desarrollo de los partidos políticos en México y el tema de la corrupción. Actualmente, encabeza el Proyecto Anticorrupción en el Instituto Mexicano de Competitividad (IMCO).
Con respecto al primer tópico, tratado por el grupo de especialistas fue la confidencialidad entre el periodista y su fuente, a fin de que la fuente cuente con la protección del anonimato, y con ello, se garantice tanto su seguridad como la de sus allegados. La importancia de la confidencialidad, es innegable, sin ella la actividad periodística moderna, no existiría, principalmente, porque una de las actividades primordiales del periodismo es cuestionar, disentir, criticar exponer el poder ya sea tanto gubernamental, político o privado. Sin el amparo y el derecho de proteger y mantener en la confidencialidad a las fuentes originales, no tendríamos las historias de éxito que implicaron y expusieron al presidente de Estados Unidos de América, Richard Milhouse Nixon, con el caso Watergate y las cintas con las grabaciones del presidente con sus principales asesores para realizar acciones de espionaje al Partido Demócrata sobre sus estrategias que pudieran seguir en la campaña presidencial. Sí bien, Nixon no era el primero en hacerlo, ni tampoco el último, sus “pecados” previos, y otros del presente de entonces, dieron oportunidad a sus innumerables enemigos para cobrar afrentas pendientes. Para dar legalidad a la vendetta, el Congreso formo una comisión especial y al ser interrogado el presidente Nixon, sobre sí tenía conocimiento previo de los planes de espiar a la sede del Partido Demócrata, mintió, esto fue lo que al fin de cuentas acabó justificando las acusaciones a la comisión senatorial al negar que estaba enterado de dichos planes. El resultado, fue el encarcelamiento de sus principales asesores políticos y la renuncia a la presidencia del mismo Nixon. Pero esto no es un caso único a lo largo de la historia en donde revelaciones periodísticas provoquen caídas de gobernantes.
En 1963, en la Gran Bretaña, se suscitó el llamado caso Profumo. En él estuvo involucrado el Ministro de Guerra, John Profumo, quien sostuvo una relación sentimental de corta duración con una corista de nombre Christine Keeler. Esto no tendría nada de singular, salvo que Keeler, aparentemente, había tenido encuentros íntimos con un conocido espía soviético, lo cual ponía en riesgo la seguridad nacional. Al ser inquirido por la Cámara de los Comunes, Profumo mintió sobre los hechos imputados, lo que origino, no solo su renuncia, sino también la del Primer Ministro Harold Macmillan. Posteriormente se conoció, que la base de las acusaciones no estaban fundamentadas, pero el daño ya estaba hecho. En tiempos más recientes hay otros hechos en donde la denuncia periodística ha tenido repercusiones.
Todos recordamos, como hace no mucho tiempo, se dieron a conocer los escándalos fiscales y sexuales del Primer Ministro de Italia, Silvio Berlusconi. Como resultado, fue juzgado y condenado a cuatro años de prisión por fraude fiscal, prostitución de menores y abuso de autoridad, además de inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos. En tiempos más lejanos, recordamos como, en 1982, se suscitó el escándalo del Banco Ambrosino, que repercutieron al interior del Banco Vaticano, y el suicidio de su presidente, Robert Calvi, inmiscuido en actos de corrupción, lavado de dinero, malos manejos financieros y hasta en decesos santificados súbitos. Aquí vale recordar lo expuesto en la cinta El Padrino III. Para contrarrestar todo esto, la Santa Sede autorizó la elaboración y publicación de informes anuales sobre su situación financiera. Aquí la exposición periodística fue fundamental para que todo esto sucediera.
Sin embargo, también hay ocasiones en que la denuncia periodística es usada para tratar de evitar que algunos personajes sean exhibidos en sus trastupijes. Ese fue el caso, en nuestro país, en donde las plumas acolitas del marcelismo, encabezadas por Carmen Aristegui, armaron todo el escándalo de la compra de las casas por parte de la familia presidencial y el secretario de hacienda. Aquí el objetivo era comprar presionar para que no se ejerza acción penal en contra del responsable del fraude en la Línea 12 del Metro. Sí bien, legalmente, no hay delito que perseguir en las adquisiciones de las viviendas, el daño estaba hecho, además de que hubo un pésimo manejo mediático por parte de los encargados de cuidar la imagen presidencial. No obstante que la denuncia periodística puede servir con fines de extorsión, creemos que en la inmensa mayoría de los casos cumple una función social muy importante.
En función de lo anterior, estimamos que, como toda herramienta, la protección de fuentes de información conlleva sus riesgos y peligros principalmente al no estar definido claramente cuando dicha información está enfocada al político, cuando implica únicamente al ciudadano y, cuando se quiere disfrazar un ataque político con actos que son de la esfera netamente privada. En estas situaciones, el periodista debe de actuar con cierta cautela, cribando la información para tener la certeza de cuales son los objetivos del informante, preferentemente cuando provee con datos que podrían considerarse de carácter íntimo, un asunto en donde fácilmente se puede disfrazar una información con una difamación. La confidencialidad es un arma imprescindible del quehacer periodístico, pero como toda arma, debe usarse con todas las precauciones posibles.
El segundo tópico tratado en “El Encuentro Internacional de Periodismo”, concierne a la imparcialidad que debe prevalecer en la actividad de un periodista y la distancia entre ésta y el poder político y económico prevaleciente. La imparcialidad que debe manifestar el periodismo está fundamentada en la libertad de expresión, de opinión, de ser el conducto de la sociedad para vigilar las actividades de los gobiernos y el comportamiento de sus gobernados, ampliando, dicha actividad a otros actores del poder como la clase empresarial, los partidos políticos y las ONG que inciden en el desarrollo y permanencia de nuestra democracia. Poderes que deben, además de vigilados, ser criticados, ser expuestos ante la sociedad. Sin embargo, con esta actividad, el periodismo y los medios de comunicación obtienen poder y por lo tanto se exponen a su mayor flagelo: la corrupción. De igual forma, en el constate convivir con el poder se exponen y ponen a prueba su imparcialidad y su libertad para expresar, divulgar, criticar, disentir y realizar su función libre e imparcialmente.
La delgada línea, para el periodismo y los medios de comunicación, entre la tentación de la dependencia económica, el sabor del poder y la independencia ética es extremadamente delgada. Los cantos de las sirenas de la corrupción serán siempre muy fuertes y seductores. Otro peligro que acecha la independencia ética del periodismo, lo constituyen los fundamentalismos, no tanto en lo religioso sino el de considerar que mi verdad es la verdad. Con esto no se pretende que el periodismo sea inmune a las preferencias políticas, no, eso no solo es deseable, también es indispensable, no es posible pensar una democracia sin diferencias. El periodismo en un terreno muy pantanoso, requiere de reconocer que se tiene que cribar, seleccionar, exponer los hechos, manejar información, pero debemos también debe de ser consciente de que en el momento en que se conoce una información, se es corresponsable del futuro que tenga dicha información, ya sea, que se decida ocultarla, guardarla o difundirla tal como es recibida, lo cual es caso imposible, o interpretándola dándole un valor adicional, conforme a las creencias y preferencias del receptor de la misma y futuro difusor. Lo que no es factible hace es tratar de evitar las responsabilidades, con la salida fácil de que el periodista es únicamente el mensajero.
A lo expuesto, quisiéramos solamente agregar, parafraseando al famoso filosofo estadounidense y cátcher de los Yankees de New York, Lawrence Peter Berra, más conocido como Yogi, que dijera que “el beisbol es mucho deporte para ser negocio, y mucho negocio para ser deporte” y que en el caso del periodismo podemos apuntar que “requiere ser demasiado imparcial para ser negocio, pero que es mucho negocio para ser imparcial”. Ese es el reto. Sergiocastro6@yahoo.com.mx
Añadido: “no hay forma de convencer, aquel, que no quiere ser convencido”.
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