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Columna Política
Hablemos de geopolítica o de ecopolítica/ I de II
Sergio Enrique Castro Peña
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Abril 14, 2016
00:18 hrs.
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Dentro los estudios elaborados para comprender el comportamiento de las civilizaciones y los imperios, se ha observado que desde sus inicios, desarrollo, maduración, caída y desintegración el enfoque geopolítico predominó sobre cualquier otro. La selección de esta visión estaba fundamentada en las estrategias de los líderes y gobernantes que no solamente buscaban garantizar los recursos necesarios para la subsistencia de sus gobernados, sino también proporcionar una mejor calidad de vida, seguridad y perspectivas más halagüeñas. La estrategia geopolítica consistía en la apropiación de esos recursos mediante la guerra y anexión de territorios nuevos. Con ello, los líderes garantizaban el acceso y apropiación de los recursos necesarios y, a su vez, incrementaban su prestigio y poder, tanto interno como externo. Al mismo tiempo, daban validez a la filosofía del teórico de la ciencia militar el austriaco Carl Von Causewitz quien sustentaba que ’la guerra es la continuación de la política por otras medios’ o, lo aseverado por Mao Tse-Tung de que ’el poder político nace del cañón de un rifle’.
Esta política y estrategia de obtener y conservar el poder fue el sustento de las guerras de conquistas, expansión y colonización de nuevos territorios por parte de los imperios europeos recientes. Pero, esa visión de apropiación directa mediante la fuerza de las armas, pronto tendría un nuevo enfoque nacido a mediados del siglo XIX y provino de una república relativamente de reciente creación, los Estados Unidos de América (EUA). Esta nación, tras de consolidar su marcha hacia el oeste y librar una guerra civil sangrienta, se percató que si bien es factible derrotar a un enemigo y obtener nuevos territorios, ello es conveniente solamente cuando pueda desarrollarse dentro de su área de confort. Para llevar a cabo compañas de expansión fuera de esa área, se requería un nuevo paradigma que privilegiara el uso de la economía, el comercio y la diplomacia, herramientas mediante las cuales se podría retener lo conquistado. Al final resultaba menos costoso, era más controlable, más beneficiosa y más duradera una asimilación económica que una militar. A esta estrategia se le identifica como Ecopolítica, la cual resulto superior y preferible al solo uso de la fuerza militar que sustentaba la Geopolítica.
Quizás, respetando la opinión de los expertos en historia, consideramos que el primer ensayo de una combinación de las estrategias geopolítica y ecopolítica lo representa la expansión de los EUA hacia los territorios del oeste. Ello, se dio primero con la independencia de Texas en 1836 para años después, en 1845 incorporarse como entidad federativa de los EUA. Posteriormente, en 1847, el expansionismo estadounidense se consolidó y mediante una invasión armada y el pago de 15 millones de dólares despojó a México de los territorios de Nuevo México, Arizona, California, Nevada, Utah, así como porciones de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. Respecto a porqué dicha sustracción fue posible, podemos resumirlo en tres puntos de vista diversos: Uno, la ambición de los EUA; otros podría ser consecuencia de la apatía del gobierno mexicano; y, una tercero es que aquello fue producto de una combinación de las dos anteriores. Desde nuestro punto de vista, consideramos que la segunda opción es la más probable. Nuestra percepción está sustentada en el hecho de que el gobierno mexicano de entonces desatendió lo que sucedía en aquellos territorios y sus habitantes no se sentían identificados como miembros de nuestro país. Ese período de nuestra historia nos mostró que estábamos muy lejos de ser una nación y vino a marcar nuestro proceder en circunstancias de desventaja y de debilidad. Las estrategias de acceder o negociar eran preferibles, pero, no como un movimiento estratégico sino para cubrir una falta de decisión, de oposición.
La sustitución del paradigma geopolítico por uno basado en los negocios, en la economía y una nueva forma de vida, no fue completamente posible hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial. La secuencia de los hechos, a grandes rasgos, la podemos resumir de la siguiente manera: la primera contienda mundial o La Gran Guerra, a pesar de que la razón que se esgrimió para su inicio fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero al Imperio Austro-Húngaro, en realidad fue producto de un trasfondo de intereses territoriales, políticos y económicos. Todo ello se vio reflejado en las alianzas de las principales potencias industriales y militares constituidas por dos grandes bloques. Uno, constituido por el Imperio de Austria-Hungría, el Imperio Alemán, el Imperio Otomano y el Reino de Bulgaria. El otro, lo integraban el Imperio Ruso, Francia, Reino Unido, EUA, Italia y el Imperio Japonés. En ese contexto, la conflagración adquirió dimensiones mundiales. Al concluir la conflagración, los resultados fueron: la desaparición del imperio ruso, el alemán, el austro-húngaro y el serbio; una nueva composición territorial y de las fuerzas políticas y militares; el ascenso del comunismo y nacimiento de la URSS. Los Tratados de Versalles, lejos de actuar como un catalizador, propiciaron una etapa de inestabilidad y revoluciones constantes. Años después, se generaría un desplome de la economía que llevaría la mayor recesión de la historia, al tiempo que en Europa se consolidaba el nacimiento y desarrollo del nazismo que terminaría ocasionando la Segunda Guerra Mundial.
Esta segunda gran confrontación armada ocasionó el encuentro de culturas y civilizaciones que hasta ese tiempo no habían interactuado suficientemente. Las vías que contribuyeron a que esa interacción fuera más permanente y profunda la constituyeron el comportamiento, hasta cierto punto ingenuo de los soldados norteamericanos, los cuales estaban formados por jóvenes de poco más de diez y ocho años que hacía poco tiempo estaban laborando en los campos o arreando ganado. La segunda, la constituyen los productos, no solamente los militares, sino también los consumidos por esos soldados. Dichos bienes eran totalmente novedosos para la población y los países perdedores. Así, al igual que se daba la presencia física de los soldados aliados, estaba presente otra invasión, no territorial, sino una integral representada por una nueva forma de vida.
La tercera vía, se presentó en el período posterior a la terminación de la guerra en donde se inicio el proceso de reconstrucción de los países vencidos, principalmente con Alemania y Japón con el llamado Plan Marshall. Dicho Plan consistió en proporcionar ayuda financiera y tecnológica pero cuya instrumentación se dio con la participación amplia de los gobiernos y el aparato productivo local. Los recursos financieros y tecnológicos del Plan Marshall, más que ayuda tenía el carácter de incentivo para que la infraestructura industrial, administrativa y comercial local estuvieran en condiciones de volver a funcionar. Se trataba de activar y crear un nuevo mercado para los productos industriales, tecnológicos y de consumo generados en los EUA. Asimismo, buscó reanimar la industria de alta tecnología local para consumo externo y con ello poner a funcionar el comercio internacional. La venta de una forma de vida, no la imposición; los incentivos, no la ’ayuda’ incondicional; los negocios, no los ejércitos son las mejores estrategias para influir, realizar y permanecer en alianzas más duraderas. Esto es, la Ecopolítica y no la Geopolítica es el paradigma que prevalecerá en el futuro. Esto, es válido no solamente entre los gobiernos de diferentes naciones, también es conveniente utilizar como política de desarrollo, crecimiento y seguridad interna de un país como el nuestro.
Otra de las consecuencias que se originaron, a partir de la Segunda Guerra Mundial fue la utilización del binomio Geopolítico-Ecopolítico por parte de los EUA para un mejor desempeño de sus autonombradas funciones de policía y de democratizador, sino, también el moralizador del mundo ondeando las banderas de promover e implementar su concepto de libertad, honestidad y democracia. Para ello, a la par que incrementaba el comercio internacional, los movimientos financieros, la difusión de su tecnología, su ideología política y forma de vida, comenzó a utilizar aspectos, no directamente ligados a cuestiones económicas, en la decisión de otorgar ’ayuda’ condicionada, principalmente en los países en desarrollo, supeditándolas al nivel de cumplimiento. Los aspectos predominantes fueron: la democracia, los derechos humanos y la corrupción.
El primer paso, de esta tendencia moralizadora, provino de la promoción de Eleonor Roosevelt, como presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Naciones Unidas, con la promulgación, a finales de 1948 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero, a pesar de que dicha declaración fue promocionada por los EUA, la aplicación de la misma sufrió un retraso por cuestiones geopolíticas: la disputa entra la URSS y los mismos EUA; y, el desenlace de la lucha de la población negra en US por lograr una igualdad de sus derechos, estos civiles, no humanos, dentro de su país, mismo que se concreto, al menos en lo legal, no en la realidad, en la administración del Presidente Kennedy.
La política de los derechos humanos, como se menciono anteriormente se pospuso durante el período ’más cálido’ de la ’Guerra Fría’ en su estrategia de contención del comunismo, principalmente por el ascenso de Fidel Castro al gobierno en Cuba y sus movimientos de ’liberación’ en toda América Latina. En este punto, vale la pena recordar una anécdota que involucraba al presidente Kennedy en la cual se relataba una conversación en donde se le cuestionaba la laxitud de su administración, en relación a la falta libertades civiles y a los derechos humanos del dictador de la República Dominicana Rafael Leónidas Trujillo, en donde se le cuestionaba de porque lo sostenían si ’era un hijo de la ch…’, a, lo que Kennedy contesto: ’porque es nuestro hijo de la ch…’.
De igual manera, la administración de Kennedy se percato que para una región como América Latina, una estrategia basada estrictamente en la geopolítica no produciría los frutos esperados y para ello se debía reforzar con acciones de ecopolítica. Para ello, se creó la Alianza para el Progreso, que buscaba no solamente proporcionar apoyo militar, logístico y político sino que estos deberían estar acompañados por programas de asistencia financiera, comercial, tecnológica y económica, en otras palabras se trataba de implantar el modelo del Plan Marshall para Europa, en América Latina. Sin embargo, América Latina no era Europa. De lo anterior, viene a colación la plática que la economista Inglesa Joan Robinson impartiera en la UNAM sobre porque el desarrollo de México no era comparable con el de Alemania, era la época del milagro alemán, a lo que la Sra. Robinson, así era conocida en el ambiente de los economistas, contestó: ’porque los ricos de Alemania no son tan ricos como los de México y, los pobres de Alemania no son tan pobres como los pobres de México’. El uso de la ecopolítica como la tecnología, solo es valiosa si alcanza su estado de maduración y su efecto multiplicador en la economía, es maximizado.
Durante los años sesenta y setenta del siglo XX, los EUA no solamente dejaron de lado las cuestiones de derechos civiles y humanos sino que se trasformaron, más como fuerza de coerción y condicionante de elegibilidad para él acceso a los recursos financieros y económicos, encasillándolos a la esfera estrictamente política, interpretación que prevalece hasta nuestros días, tomando un carácter internacional e ’independiente’ y, se manifiesta o inverna de acuerdo a los vientos políticos , internacionales o locales. De igual manera, los EUA, al enfrascarse en una estrategia geopolítica apoyada por ’la bandera de la libertad y la democracia’ iniciaron una intervención en Vietnam como medio de contender el avance del comunismo, terminando con la más dolorosa y vergonzosa derrota. Lo paradójico, es que años después, finales del siglo XX y principios del XXI con la intervención de la ecopolítica logro lo que todo el aparato militar no había obtenido: la caída de la URSS, la desaparición, como una gran fuerza, de la ideología comunista y, la integración de Vietnam del Norte al comercio internacional, la existencia de un sistema de mercado y la propiedad privada. Pero, como dice la sabiduría popular ’solo los necios y los soberbios no aprenden de sus errores’ o, ’el hombre en el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra’, de tal manera que por ignorar la estrategia que le había dado los mejores resultados, la ecopolítica y desconocer o no querer reconocer que los objetivos de la lucha de los pueblos Árabes es de carácter religioso, cultural, esto es, de imponer una civilización sobre otra, ahora los EUA están empantanados en el Medio Oriente. ’Ignorar la historia’ no deja nada bueno y sí ocasiona muchos errores y descalabros.
La estrategia ecopolítica, no solamente es utilizada por los gobiernos en su relación con otros gobiernos, también tiene su ámbito interno. Ella, se presenta en periodos de crisis, ya sean de seguridad, económicos o políticos. Cuando eso sucede, las estructuras institucionales o los sectores productivos no reaccionan o no pueden reaccionar para enfrentar, por si mismos, esas crisis. Ante ello, se hace impostergable la intervención estatal para enfrentar la situación. Esto será el tema de una segunda entrega. sergiocastro6@yahoo.com.mx
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