Opinión Política

Hablemos de economía, de recorte presupuestal o de ’conocer el tiempo’

Sergio Enrique Castro Peña

Hablemos  de economía, de recorte presupuestal  o de ’conocer el tiempo’

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Marzo 16, 2016 22:46 hrs.
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Sergio Enrique Castro Peña › guerrerohabla.com


Los dos escritos anteriores estuvieron centrados en temáticas de la ciencia: la genética y la robótica. Ambas ocupan un lugar preponderante entre los objetivos mediatos e inmediatos que se han fijado alcanzar en aquellos países que viven en el umbral de la tecnología y la ciencia. Por lo que concierne a nuestro país, seguimos actuando simplemente como consumidores y no adoptamos el rol de productores. Continuamos inmersos en problemas, los cuales más que ser políticos, en el sentido estricto del término, son reyertas sin solución. No creemos, ni aceptamos el pensamiento de los ’otros.’ Preferimos continuar sumergidos en el debate sobre la existencia de otros intereses, principalmente económicos. Y en ese contexto, rondando los linderos del sótano, preferimos circunscribir la discusión sobre sí todo ha de mejorar a partir de la premisa de crear nuevos partidos políticos a los cuales, se debe dar acceso a los recursos financieros por medio de prerrogativas. Vivimos en una ’democracia subsidiada’, que en nada ayuda a solventar los problemas. Estos no será posible resolverlos si antes no somos capaces de que amarrado a esos subsidios vaya el compromiso de exigirles que pongan de laso los intereses particulares y enfoquen sus esfuerzos a buscar como resolver los problemas que nos afectan. Ello implica que la acción política vaya por una búsqueda autentica, en todos los órdenes, de caminos viables que nos ayuden a salir de esa trampa del pasado que tanto tiempo hemos padecido y que nos tiene anclados en el inmovilismo intelectual-político-cultural-social-económico.
La realidad de una noticia anunciada con gran antelación, finalmente nos alcanzó. El petróleo, particularmente la compañía de ’todos’, PEMEX, ha sido declarada en quiebra. Pero no solamente eso, prácticamente ha sido calificado de desechable e inservible. Por ello, ya es incosteable destinar recursos a lo que en un lapso de treinta años paso de ser la cuarta empresa petrolera mundial a una entidad insostenible. Para todos los que irracionalmente la administraron o exigieron que se le explotara a niveles superiores a los razonablemente aconsejables, el culpable fue el mercado y no la capacidad limitada de maniobra que PEMEX tuvo para enfrentar los vaivenes de ese mercado. El gobierno, siempre consideró a PEMEX como su caja chica aun cuando en realidad no era tan chica. En ese contexto, poco a poco fue cediendo tanto a factores políticos internos como a las presiones externas, principalmente a las provenientes de los Estados Unidos de América (EUA). Así, de manera paulatina, se fueron abandonando áreas hasta que, ahora, definitivamente anuncia que se retira de actividades como la refinería, la exploración y la explotación de yacimientos petroleros. El abandono de estas áreas prioritarias significa hacerse a un lado. Para cualquier empresa petrolera, el negocio de extracción es un paso requerido para garantizar que se cuenta con el insumo necesario en los procesos de transformación, lo cual permite tener una competitividad mayor y generar valor agregado mediante la producción de gas licuado, gasolinas, diesel, turbosinas, fertilizantes y plásticos, entre otros.
El petróleo, los hidrocarburos, son el motor de cualquier economía, no solamente en el sentido de ser fuente de ingresos por sí mismo, sino en capacidad multiplicadora, al convertirse en insumo en una variedad de áreas industriales, agrícolas y artículos de uso cotidiano. Todo ello incide en otras áreas mediante la creación de empleos directos e indirectos, consumo de bienes, servicios, maquinaria y materias primas.
Al anunciarse, lo que de hecho es una quiebra, se aducen cuestiones de costos e incapacidad técnica. Sin embargo, no vemos en donde está la información de cuanto le cuesta a PEMEX la mano de obra, la tecnología, la exploración, la explotación y cuál es el monto de impuestos que cubre por cada una de sus actividades principales. Sospechamos, solo podemos sospechar dado que no se cuenta con información precisa y confiable, que el peso del pago a recursos humanos, los sueldos, las jubilaciones, las prebendas y prestaciones al sindicato, así como los costos administrativos y financieros son muy onerosos y por lo tanto, con la baja del petróleo, reducen el margen de su rendimiento, acercándose peligrosamente a su punto de equilibrio -los costos son iguales a los ingresos- si no, que esos costos son mayores y, en función de todo lo anterior, es explicable la estrategia de la reducción del presupuesto de PEMEX.
Pocos presidentes de México han tenido tan malos inicios como Enrique Peña Nieto. Desde los inicios del 2013, se percibió una sensación lejana de que no sería el año que la población esperaba. Era palpable que de nada le servirían los cien días que normalmente se le conceden a cualquier directivo en su estreno a un puesto de tan alta responsabilidad. Con sus primeras decisiones, políticas y económicas, mostró que la experiencia adquirida en ’burbuja’ protectora, en donde se supone aprendió a hacer política, de poco le serviría al enfrentarse a un ambiente más enrarecido, menos controlado y mucho más diverso. De las dos decisiones tomadas originalmente por el presidente, hoy quisiéramos centrarnos únicamente en la referente a la económica.
El 2013 fue un año precedido de doce años perdidos. Durante ese lapso, se desaprovechó la inercia de crecimiento, 6 porciento a pesar del entorno político del supuesto error de diciembre, que se tuvo durante los tres últimos años de la administración del presidente Ernesto Zedillo Ponce De León. En cuyo sexenio, no debemos de olvidar, se tuvo un crecimiento económico cuyo promedio anual fue del orden del 3.67 por ciento. Por su parte, durante el fingimiento gubernamental del ciudadano Fox Quesada la característica fue un ambiente marcado de banalidades –propias y de algunos de sus principales colaboradores- y la corrupción familiar. Durante esos seis años, tasa media anual de crecimiento económico apenas alcanzó el 2.03 por ciento, cifra mucho menor a la lograda por su antecesor. Y como no hay primera sin segunda, en los años del (des)gobierno calderonista, quien estaba al frente del ejecutivo no fue capaz de capitalizar, para la nación, los ingresos extras obtenidos vía los precios altos del petróleo y no realizó ninguna reforma estructural, principalmente las de comunicaciones, la fiscal y la presupuestal, gastando su capital político y oportunidades económicas en una guerra, así la definió él, en contra del narcotráfico y el crimen organizado. Al final, solamente pudo entregar cuentas exhibiendo un crecimiento económico raquítico, el cual a tasa anualizada fue del 2.04 por ciento, cifra muy similar a la lograda por su correligionario y antecesor. Estas cifras son una muestra incuestionable de una desaceleración económica con riesgo de llegar a una depresión económica.
El crecimiento económico al inicio de la presente administración, como señalamos anteriormente, presentaba una desaceleración que ponía en riego las principales variables de la economía nacional. Lo aconsejable era atacar esa tendencia, lo cual no se realizó. En lugar de priorizar una política económica que ayudara a detener, primero, la caída de la economía y después iniciar un proceso de crecimiento, se optó por apartar cualquier indicio que mostrara una situación que podría interpretarse como inflacionaria. En otras palabras, se prefirió una política económica recesiva. Las consecuencias de esa decisión las hemos padecido los últimos tres años. Y, considerando, la estrategia del INEGI de ajustar las cifras, la información del crecimiento en 2013 es mayor al difundido por Banxico e instituciones internacionales, 1.1 en lugar del 1.44 por ciento. Con ello, se obtuvo un crecimiento anualizado del 1.95 por ciento anualizado en lugar del 1.65 que nos daría la información original. Desgraciadamente, esta tendencia, la seguimos padeciendo durante los siguientes tres años.
Para ello basta conocer los pronósticos del crecimiento del país en dicho período. En las administraciones de Fox y Calderón, así como en lo transcurrido en el presente gobierno, muestran niveles raquíticos de desarrollo, -crecimiento económico menos el crecimiento poblacional- 0.48 por ciento en los primeros y 0.15 con el presidente Peña Nieto. Sí consideramos, que el crecimiento económico, potencial y necesario, para que México tenga un despegue sostenible, es del 6 por ciento anualizado, entonces podemos deducir que el crecimiento obtenido, desde la administración de Fox y lo transcurrido del actual, nos muestran que esa meta está muy lejana.
Este año, se inicio con el anuncio conjunto, dado a conocer el secretario de hacienda y el gobernador del Banco de México, sobre la reducción del presupuesto federal por 132 mil millones de pesos. Una clásica receta monetarista, similar a las utilizadas por médicos del siglo XVI a los pacientes que padecían altas temperaturas generalmente producto de infecciones, les practicaban una sangría. Y la receta funcionaba, a temperatura bajaba. Sin embargo, los pacientes morían de la infección al disminuirse sus defensas.
Después de este anuncio, las corredurías y los analistas económicos nacionales y extranjeros, comenzaron a modificar, a la baja, las expectativas de crecimiento para nuestro país. Los expertos privados, estiman un máximo de 2.2 por ciento para 2016, mientras que el BANXICO replanteó el crecimiento en 2016, de 2.7 a un 2.4 por ciento. Los factores aducidos, fueron: la coyuntura internacional, por el bajo nivel de crecimiento de la Unión Europea, China y los países de la Zona Asiática; el pobre desempeño del sector manufacturero de los EUA; los bajos precios del crudo; la caída del consumo interno; y, el recorte del gasto público por la disminución de los ingresos gubernamentales: petroleros y fiscales. Sin embargo, siguiendo el comportamiento de las estimaciones iniciales con respecto a las finales –menos de un 18 por ciento- podemos decir que el crecimiento económico para 2016 estará cerca del 1.8 por ciento.
En principio, todo parece indicar que el gobierno no tiene mucho espacio para maniobrar. Esto podría no ser verdad, solamente sí modifica sus criterios para priorizar sus diferentes estrategias presupuestales. Ello implicaría fomentar más la inversión en estructura como son: comunicaciones, independencia alimentaria, educación, salud, entre otras. El gasto directo en programas ’sociales’, si bien tiene un impacto político alto, su grado de eficacia y eficiencia es muy cuestionable. No se logra disminuir los niveles de pobreza, de desnutrición y de calidad de vida, porque ignoran un viejo proverbio chino que dice: ’dale un pescado, a un hombre y comerá un día, enséñalo a pescar y comerá toda la vida.’ Los programas sociales del gobierno mexicano, por su fuerte influencia cultural, son más de dar, que de enseñar. En este rubro, no se trata de disminuir, sino de redistribuir los recursos, de una incidencia inmediatista con pocos efectos multiplicadores a gastos de inversión, si bien, los resultados serán en periodos más largos, sus efectos serán mejores.
No se trata, como lo pregonan algunos puristas seguidores de los economistas de la Escuela Austriaca: Von Wiser y Friederich Von Hayek, de que el mejor gobierno es el inexistente o aquellos partidarios de la Escuela de Chicago, quienes aceptan la existencia del gobierno, siempre y cuando se limite a las áreas de seguridad, sin tener ninguna participación directa en la operación de la economía. Lo que tendremos que estudiar, son los mecanismos y las estrategias para que la intervención del gobierno en su política presupuestal, tenga algún fin, algún sentido, no se puede seguir con la estrategia de solo tapar hoyos, se tiene que atacar lo que producen esos hoyos, abandonar la idea de hacer muchas cosas, pero sin considerar la falta de recursos, haciéndolas siempre a medias. Aceptamos que el gobierno interviene o participa directamente en muchos campos de la economía y que ellos es necesario e impostergable, sí, pero, al no contarse con la suficiencia económica, tiene definir políticas con un sentido de prioridad, con mayor sentido de Estado. Sabemos, que una estrategia de este tipo, es políticamente incorrecta y difícil de negociar con los diferentes partidos cuyas agendas políticas les impiden aceptarla. Sin embargo, aun cuando el costo es muy alto, el diferir su solución, a un futuro que no podemos controlar, acabara por generar reproches, culpas y fundamentos para que esas mismas autoridades difieran las soluciones a otros y con ello seguir viviendo en un círculo vicioso.
En este escrito, hemos tratado exponer que la falta de tacto, lo menos, o, de conocimiento, lo más, del gobierno para actuar adecuada, suficiente y oportunamente es el factor principal de la situación económica que padecemos. Atender una problemática requiere que la identifiquemos, en su carácter, costo y su dimensión, para qué con ello, estemos en posibilidades de diseñar una estrategia, lo más adecuada posible, de acuerdo al nivel de recursos y, principalmente, en el tiempo apropiado para ser implementada. Son las dos condiciones que cualquier estrategia debe tener: los montos y el tiempo de su aplicación, si pretendemos obtener un crecimiento razonable. De las dos, desde nuestro muy particular punto de vista, el más importante, sin excluir al otro, es él tiempo. Actuar a destiempo, se logra poco y se paga mucho, los costos son altos y sus repercusiones exageradamente largas. En la toma de decisiones ya sean en política, economía, en medicina o en cualquier actividad humana, la temporalidad es fundamental. Todo lo anterior nos lleva a pensar, amable lector, en un poema, muy conocido por su musicalización posterior, y el accionar del gobierno en materia económica, los resultados poco halagüeños, los costos políticos que está pagando, los económicos que estamos sufragando y, los que cubriremos en los años próximos. ’…sabia virtud de conocer el tiempo…’. sergiocastro6@yahoo.com.mx

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