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Opinión

Garro y Chopin desde el enfoque de una científica / II de II

Rodolfo Villarreal Ríos

Garro y Chopin desde el enfoque de una científica / II de II

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Junio 04, 2016 00:38 hrs.
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Apuntábamos en la colaboración anterior como a pesar de tener sus momentos de esplendor literario en espacios de tiempo distantes, Kate Chopin a finales del Siglo XIX-principios del siguiente, y Elena Garro Navarro a partir de la segunda mitad del Siglo XX, ambas literatas enfrentaron problemas similares en un ámbito en donde prevalecían los prejuicios de que las capacidades intelectuales de las personas están determinados por la condición de género, una perspectiva que prevalece aun hasta nuestros días y que los políticamente correctos tratan de paliar aplicando a rajatabla el principio de equidad como si eso fuera un asunto de amontonar personas en número similar, sin entender que eso surge a partir de capacidad neuronal y no si unos poseen los cromosomas XY y las otras XX. Pero retomemos lo que una científica mexicana, en su incursionar por los rumbos de las letras, escribió hace un rato que se convierte en nada, en el trabajo titulado ’De Chopin a Garro: Una historia femenina circular.’
La gran lección de lo sucedido a Chopin y a Garro es que todos los sistemas ofrecen libertades y oportunidades para que sus miembros se desarrollen y lleguen a ser considerados como ejemplos a seguir, [convirtiéndolos con ello] en muestras de [como eso se] puede dar [aun] al vivir bajo reglas estrictas, pero que envuelven en ropajes finos a quienes aceptan cobijarse bajo ellas.
En ese contexto, la científica investida de escritora literaria, recurrió al texto de ’México: Nuevo Milenio, Nuevo Estado,’ publicado en el diario El Universal el 5 de enero de 1997, cuyo autor José Antonio Torres Herrera apuntaba como la democracia ese concepto mudable y recurrente, al mismo tiempo ha sido fuente inagotable de ideas y de procedimientos diversos. Seguimos a finales del siglo XX, recordemos que fue antes de que este concluyera cuando el trabajo en comento fue elaborado, en la lucha por definir la nueva relación estado-sociedad [e inmersa en ella,] está la búsqueda [para encontrar] el equilibrio que deben de guardar valores tales como la libertad de expresión y la igualdad [de oportunidades]. Desde la década de los setentas, México se ha trasformado en muchos sentidos en un país eminentemente urbano que ha experimentado diversas reformas político-culturales y ha vinculado su economía a las necesidades de un mayor comercio mundial, pero que paradójicamente, también enfrenta rezagos serios en materia social, agraria, de justicia y de libertad de expresión, generando debilidad en el régimen [político. Todo ello, nos podría llevar a] la ingobernabilidad y la anarquía, [las cuales podrían arribar a nuestro país en el momento en que el estado entre en un periodo de desgaste, arrogancia e inoperancia. Al repasar esto, es factible advertir como parece haber sido escrito ayer, ya que los avances reales logrados al respecto siguen siendo limitados. Ya sabemos que alguien pudiera argüirnos que hoy la libertad de expresión es plena, les recordamos que esos límites etéreos continúan ahí vigentes y hay de aquel de nosotros que osé trasponerlos, podríamos conocer veredas que ya se creen desandadas.
Los mismos factores que condicionaron la caída de Chopin, lo hicieron con Garro. En los caminos de ambas al final triunfó el sistema, monstruo invisible, pero cuyos tentáculos alcanza al más recóndito lugar del mundo y cuyo trabajo de aniquilación es lento, pero inexorable. El sistema que no descansa hasta que su osado objetivo queda reducido a un ser patético cuyas virtudes literarias se pierden y en vez de ser objeto de admiración y ejemplo, se le envuelve en brumas e ideas confusas de quienes se atrevieron a descarnar sus defectos y sus miserias. Y respecto a esto de nieblas, recordamos lo que a este escribidor le sucedió cuando leyó una de las obras de Garro, ’Andamos huyendo Lola’ (1980). Al repasar cada una de las paginas, nos parecía como si aquello hubiera sido escrito en medio de la oscuridad y los personajes portaran vestimentas oscuras que hacia aún más difícil distinguirlos mientras la niebla poco a poco se apoderaba del escenario. Pero dejemos a un lado disgregaciones y percepciones de este aporreateclas y retornemos al texto motivo de esta reflexión.
En el texto original, la científica mexicana continuaba analizando el fenómeno de Chopin-Garro a la luz de las circunstancias que vivíamos en los estertores del siglo XX y retomaba el texto de Torres Herrera para apuntar como este continuaba escribiendo que la integración económica mundial o globalización toca lo más profundo que un estado puede tener y que son sus valores nacionales y culturales. La globalización trae consigo el intercambio siempre dinámico de valores y culturas nacionales entre los estados a los cuales modifican como resultado de la interacción. En este sentido, la globalización puede ser catalogada como un proceso de transculturización que modifica leyes, hábitos y costumbres de las naciones que interactúan.
La desigualdad social, las presiones económicas internacionales, el desgaste obvio del modelo de control político tradicional con un partido oficial, la demanda de mayor participación política en las decisiones de la comunidad, la falta de credibilidad en el régimen, y el propio proceso de recomposición interna de la clase gobernante, obliga al replanteamiento de términos conceptuales que expliquen la trasformación que está sufriendo el estado mexicano. Al respecto, diríamos nosotros en estos tiempos, el proceso continua inacabado y son indudables que las luchas se han intensificado en nuestros días cuando a querer o no, poco o mucho, algunos intereses económicos antes inamovibles sufren las consecuencias de una serie de reformas que por la necedad de quienes las realizaron, en un afán por presentarlas como la panacea, se les olvido decirnos que para poder concretarlas habría de trascurrir mucho más que el corto plazo y que en esa lucha unos sobrevivirían y otros tendrían que pagar las consecuencias. Y para acabarla de componer, los encargados de llevarlas a buen puerto nos resultaron limitados de habilidades y como dirían los antiguos pareciera que ’se les hace bolas el engrudo.’
A ese proceso, la literatura y los grupos dominantes dentro de ella no fueron, no son, ajenos a una serie de cambios a veces turbulentos y repentinos. La pluralidad es condición de la democracia y garantiza los derechos de los grupos minoritarios, quizá esto explique porque [en las postrimerías de los 1990s, se dio] el retorno de Elena Garro al escenario de la vida de México.
Por aquellos tiempos, se dio que el reconocimiento a la obra de Elena Garro estuviera llegando casi 30 años después de su exilio; un reconocimiento largamente esperado que se otorgaba a una Garro frágil, pobre [económicamente hablando] y enferma [no solamente en lo físico, sino en un espíritu lacerado, no necesariamente espontaneo y autogenerado, sino inducido por cierta mano poética que utilizaba a otros para cobrarse las ’afrentas’ que le ocasionaba el no poder ejercer, en tiempos pretéritos, la misma coacción que ejecutaba con sus adoradores lacayunos. Esos mismos quienes se incomodaron cuando] el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz, [otra persona quien en su tiempo fuera vilipendiada simplemente por poseer los cromosomas XX y no porque sus escritos carecieran de calidad literaria.] Este premio era otorgado a la obra publicada por mujeres y el cual Garro Navarro lo recibiría el 4 de diciembre de 1996 por su obra ’Busca Mi Esquela.’ Ello logró que volvieran a percatarse de su existencia los críticos y aquellos quienes alguna vez la catalogaron como persona non grata volvieron a dedicarle columnas [a las entonces] obras más recientes de esta escritora.
Pero Chopin y Garro no son ejemplos únicos de marginación y ostracismo en la literatura. Proust, Kafka, Joyce y, más cerca de nosotros, Mariano Azuela experimentaron en alguna época de sus vidas situaciones similares, simplemente por haberse apartado del sistema imperante en sus respectivos tiempos y países. [Al respecto,] Ignacio Trejo Fuentes en ’Faros y Sirenas’ (Plaza y Valdés, 1988) apunta, refiriéndose a la obra de Azulea: ’sus obras primigenias fueron objeto de ninguneo absoluto por los escritores y críticos de su tiempo, al grado que su novela Los de Abajo, considerada hoy como el pilar de la literatura nacional, debió de ser editada en el extranjero, cayendo posteriormente en un silencio total que devino en un desconocimiento pleno de su obra.’
Ante ello, vale recordar que el papel de la crítica, o de quienes la ejercen, es entonces determinante. Lo fue para Chopin y lo continuo siendo para Garro. Sin embargo, en ambos casos, el crítico de sus tiempos respectivos olvidó que está obligado a asumir su responsabilidad de realizar una crítica libre con conocimiento, con honestidad y sobre todo, alejada de cualquier influencia ajena a su labor puramente literaria, una premisa que no solamente es válida en ese campo, sino que debe de prevalecer en todos aquellos que en una u otra forma de manera sistemática nos dedicamos a comentar los acontecimientos del presente o evocamos pasajes del ayer, mismos que de manera conjunta han dado pie a la creación de nuestro hoy.
Las obras de Garro y Chopin marcaron hitos en sus respectivas literaturas y la historia, consciente de ello, les ha dado el lugar que merecen. Vale la pena recordar que un escritor eclipsado no desaparece, solo sale de la escena para resurgir más tarde.
En ese entrar y salir, aparecer y dispersarse, surgen preguntas diversas: ’¿Que hubiera sido de Elena Garro Navarro sino hubiéramos tenido un año 1968? ¿Qué curso habría tomado su carrera literaria, que obras maravillosas hubieran surgido de una pluma asentada en su país, sin la presión de un exilio impuesto? ¿Qué existiría en lugar de Inés, Andamos huyendo Lola y Los testimonios sobre Mariana? ¿Tendríamos una Garro productiva, orgullosa de su país, un país que debería respetar a sus escritores, y cualquier otro profesional, independientemente de sus ideas políticas y su condición de género? La utopía, se puede extender a lo largo de un número infinito de páginas más, la realidad es otra. El país, a pesar de todo lo que se nos diga machaconamente mediante la publicidad, no ha avanzado lo suficiente para para permitir salidas al sistema, la llamada democracia no es tal. Hay quienes ingenuamente creen que lograrla es un acto reducido simplemente a ir a votar por quien se le de a uno su relegada gana o, en tiempos modernos investirse de independiente para presentarse como adalid de ella. Sin embargo, si fuéramos optimistas, diríamos que en la sociedad mexicana prevalecen las mismas reglas de hace 60 u 80 años, pero en la realidad aun no terminamos de dejar atrás los atavismos que nos vienen desde la época colonial. En ese contexto, siguen estando presentes dos opciones o se es parte del sistema o no se es y si lo segundo sucede, entonces el camino es la condena al exilio real o metafórico, al aislamiento, a la segregación o bien a ser víctima de la endogamia que practican algunas instituciones las cuales en su afán por preservar sus ’valores’ no permiten el ingreso de aquellos que puedan aportar ideas frescas que vengan a sacudir sus estructuras que cada vez lucen más anquilosadas y convertidas en albergues de entes incapaces de entrar al campo de la confrontación de las ideas dado que lo de ellos es la mediocridad a la que los ha llevado el sentirse seguros en un cargo o asignación que les fue concedido simplemente por ser parte de esa cofradía cerrada.
Pero retornando a la obra de Elena Garro Navarro, específicamente Los Recuerdos del Porvenir (1963) y La Semana de Colores (1964) podemos precisar que se han colocado en el lugar que les corresponde en la literatura mexicana y universal. Son obras que, a pesar de los detractores quienes lacayunamente querían quedar bien con su patrón el poeta Paz, tuvieron que ser aceptadas por la crítica debido a que marcaron un hito en la literatura de nuestro país, narrativa que por su calidad no pudo ser marginada en este caso con base en la situación personal o política de su autora. Desafortunadamente en el caso de Garro, el daño sobre su espíritu fue tremendo y nunca pudo recuperarse hasta que terminó sus días en medio de sus gatos y con la salud física totalmente quebrantada. En todo ello nos dejó un ejemplo de lo que no debe de hacerse, nunca hay que dejar de luchar a pesar de los obstáculos que nos impongan quienes creen ser poseedores de la verdad absoluta o patriarcas de los iniciados.
Este año, se cumple el centenario de la escritora mexicana más importante del siglo XX y, salvo René Avilés Fabila y Patricia Rosas Lopategui, la comunidad literaria de nuestro país sigue temiendo que el espíritu del poeta Paz, cuya forma de escribir a nuestro parecer cambio por completo tras de que se separó de escritora nacida en Puebla, vaya a venir a perturbarlos y optan por ignorar un acontecimiento que debería de ser motivo de eventos para analizar y dar a conocer la obra de Elena Garro Navarro, la escritora cuyos trabajos literarios incitaron a incursionar en el campo de las letras a una científica mexicana, ella sí nunca dispuesta a rendirse ante los obstáculos. vimarisch53@hotmail.com
Añadido: Muy grato fue retornar a Sonora. En esta ocasión no para atender asuntos pesqueros, sino para exponer ante la comunidad de la Maestría en Administración de la UNISON, nuestra perspectiva sobre lo ocurrido a lo largo de doscientos años en torno a la emigración de mexicanos a los Estados Unidos de América. Ello permitió el reencuentro con amigos como Luís Alonso Galaz Tapia, quien nos realizó la invitación, Norma Beatriz Montoya Gerardo, Ramón Alberto Luque Gastelum, Guadalupe Morales de Luque y Luís Fernando Morfín Avilés. A todos ellos, y a quienes acudieron a la charla, les agradecemos su trato cálido y amable, así como las atenciones que tuvieron para este escribidor.

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