RODOLFO VILLARREAL RÍOS |
guerrerohabla.com
RODOLFO VILLARREAL RÍOS
El verano ardiente del 26
RODOLFO VILLARREAL RÍOS
4,101 vistas
Junio 20, 2016
00:13 hrs.
Periodismo ›
RODOLFO VILLARREAL RÍOS › guerrerohabla.com
Noventa años atrás, por estos días, estaba por terminar la primavera y ya el termómetro político alcanzaba niveles que presagiaban que se tendría un verano ardiente. Eran los tiempos en que un grupo de mexicanos encabezados por estadista, Plutarco Elías Calles estaban inmersos en el proceso de construir el edificio que habría de albergar al estado mexicano moderno. Sin embargo, había quienes se oponían a la edificación e insistían en retrasar el reloj de la historia a periodos que les habían redituado ganancias pingües. Al frente de esa reticencia, para no variar, se encontraban los miembros de la alta jerarquía católica quienes estaban dispuestos a todo con tal de frenar lo que vendría a complementar la obra de LOS HOMBRES DE LA REFORMA quienes construyeron la nación. Y como ya sabemos que a la curia no le importa desatar riñas entre hermanos y mucho menos si en ellas hay sangre de por medio, se dieron a la tarea de fomentar el odio y la división. Inflamaron fanatismos y se aprovecharon de la ignorancia de unos y la sed de venganza de otros. Repasemos lo que en medio de esa controversia estado-iglesia, se decía y hacia hasta el punto de hacer que la cordura abandonara el dialogo y aquello terminara arreglándose a balazos y cuchilladas.
En los albores de 1926, las reacciones fueron dispares al momento en que el estadista Plutarco Elías Calles decide poner práctica las disposiciones establecidas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos respecto a los derechos y obligaciones de los miembros de las diversas religiones que se practicaban en el país. Mientras que los integrantes de las otras religiones aceptaron las disposiciones, la curia católica rechazó que únicamente los ciudadanos mexicanos por nacimiento impartieran los servicios religiosos; registrarse ante las autoridades gubernamentales, que los actos de culto se efectuaran solamente dentro de los sitios destinados para tal fin; que la educación fuera laica; que quienes se encargaban de proporcionar alivio espiritual a sus semejantes se abstuvieran de participar en actividades políticas; que los ministros de culto o las iglesias no deberían de poseer bienes materiales. Pero sobre todo, que los templos eran propiedad de la nación. No podemos dejar de apuntar el error cometido por el gobierno mexicano al querer determinar el número de sacerdotes que deberían de operar en cada entidad federativa. Esto último fue un pretexto excelente para que la curia católica tergiversara la realidad y convenciera a sus fieles de que el gobierno mexicano buscaba terminar con su religión.
Pero la ofensiva final habida empezado cuando para contrarrestar los fríos de febrero del 26, la alta jerarquía católica procedió a encender la hoguera. El arzobispo de México, José María Mora y Del Río declaraba que la doctrina de la iglesia no podía cambiarse porque era una revelación divina y verdadera. Con ello, mostraba su oposición a lo establecido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos promulgada en 1917. Pero como del otro lado no estaban dispuestos a permanecer en silencio, el secretario de gobernación Sixto Adalberto Tejeda Olivares apuntó que la iglesia católica nunca había realizado nada en pro de los habitantes de México, excepto sustraer recursos de los pobres. Obviamente, sobraron quienes negaran tal cosa y arguyeran todas las bondades que trajo la religión católica a los aborígenes de estas tierras. Excepto, decimos nosotros, que olvidaban mencionar como aquellas caridades habían sido acompañadas por el látigo y la espada como aliados para convencer a los rejegos.
Ya en plena primavera, en abril, la iglesia publicó una carta pastoral haciendo notar que les era imposible cumplir con lo establecido en las leyes mexicanas por ser estos preceptos contrarios a las creencias religiosas. Asimismo, en el documento se solicitaba que se retrasara, por un periodo de nueve años, la entrada en vigencia las leyes que regían las actividades de los miembros de la curia. En ese lapso podía negociarse un ’modus vivendi’ que les permitiera seguir operando sin problemas. En igual forma, posteriormente los clérigos solicitaron que dichas disposiciones legales fueran sometidas a un plebiscito. La respuesta que recibieron por parte de las autoridades mexicanas era que se sometieran a las leyes y nada pasaría. Pero como esto era un juego de vencidas, los miembros de la curia decidieron que o el gobierno de México se sometía o bien tendría que atenerse a la fuerza del poder que ellos decían les venía de la divinidad. Bajo esa premisa, el obispo de Tabasco Pascual Díaz Barreto argüía que prácticamente todos los mexicanos eran católicos y que los embates gubernamentales no habían hecho sino fortalecer su fe, misma que estaban dispuestos a defender.
Con la temperatura en plena ebullición, en Roma, el 3 de Julio de 1926, la máxima autoridad eclesistica, todavía no era jefe del Estado Vaticano dado que el romance con el ’Duce’’ aun no daba los frutos apetecidos, el ciudadano Ambrogio Damiano Achille Ratti, el papa Pío XI, abrió la etapa inicial de lo que sería la cruzada final para combatir, de palabra, al estadista mexicano. Ante los estudiantes de la Escuela Pía Latinoamericana condenó las políticas del gobierno de México. Al día siguiente, la oficina de asuntos externos del Vaticano envió una carta a todos los diplomáticos de los países que tenían relaciones con el Vaticano, así como a todos los miembros de la iglesia en el mundo. En dicha pieza, el estadista Elías Calles era condenado y denunciado como un enemigo de la iglesia. Aquello asemejó al momento en que se abren las puertas en el arrancadero de cualquier derby y los corceles salieron desbocados, en esa ocasión con la bendición ‘celestial,’ y sin mirar para los lados.
El ciudadano Díaz Barreto no se detenía en reafirmar su apoyo a la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa (LNDLR) de la cual decía tenía como propósito salvar al país de la perdida de las libertades humanas y religiosas. Los medios que utilizaban eran legítimos, consistentes en no comprar artículos de lujo y no acudir a eventos de diversiones. Aquí debemos de apuntar que como medio de presión, la LNDLR había llamado a los católicos para que emprendieran un boicot comercial, una medida no fue apoyada, públicamente, por el ciudadano Ratti quien recomendó efectuar servicios religiosos públicos y buscar medios pacíficos para encontrar una solución. Sin embargo, aquello era cosmético.
Para finales de julio, el verano mexicano ardía y la curia con tea en mano buscaba yesca para encender la hoguera. El día 25 de dicho mes, ocho arzobispos y veintinueve obispos mexicanos publicaron una carta pastoral, la cual contaba con la aprobación papal. En ella, ordenaban que todos los servicios religiosos fueran suspendidos después del 31 de julio. Aun cuando los sacerdotes no oficiarían, podían realizarse congregaciones y católicos laicos habrían de ocuparse de mantener los inmuebles dedicados al culto católico. Sin embargo, el gobierno decidió tomar posesión de dichos edificios ya que eran propiedad de la nación. Y con ello, dio pie a la leyenda que los poco cuidadosos han aceptado como cierta de que fue el gobierno mexicano quien impidió a los católicos profesar su fe, cuando en la realidad fue la curia quienes lo impidieron para venderse como mártires. Sin embargo, cinco días más tarde, Díaz Barreto decidió buscar como negociar con el gobierno de México. Eso no lo sabían los católicos quienes inflamados de fanatismo ya buscaban como defender su fe que, según ellos, se las quería arrebatar el estadista Elías Calles. No se percataban, los católicos, que no eran sino un objeto de negociación de quienes decían defenderlos y que buscaban únicamente que las prebendas no se les fuera a ir. Y el engaño cruzaba fronteras hasta el otro lado del Bravo.
Sí bien el presidente estadounidense, Calvin Coolidge mantenía una actitud neutral, algunos religiosos y los católicos estadounidenses eran víctimas de la información sesgada que recibían. Uno de ellos, era el secretario general del National Catolic Welfare Concil, el sacerdote paulista, John J. Burke quien a inicios de agosto escribiera que el gobierno mexicano había decidido destruir a la iglesia católica utilizando todos los medios a su alcance. Asimismo, señalaba, enterarse de las disposiciones establecidas en la Constitución Mexicana y los actos del gobierno de México y sus agentes, es percatarse de que son irreconciliables con la justicia y los derechos del hombre. Ello es una muestra de la guerra en contra de la religión cuyo objetivo es destruirla desde sus raíces. Con vuelo el padre Burke casi incitaba a sus paisanos a involucrarse directamente en el conflicto mexicano. Al respecto escribía: ’La iglesia católica en México está peleando por los principios fundamentales bajo los cuales nuestro país fue fundado ¿Podemos mirar con indiferencia su derrota en el país vecino? ¿Podemos ver con indiferencia el ataque brutal que en contra de ellos realiza un gobierno que llegó al poder a través del apoyo del nuestro?’ Eso escribía el padre Burke influenciado por el golpe de calor que como cada verano azota a Washington. Un poco más tarde, durante la primavera de 1928, le bastaría una larga charla con el estadista Elías Calles, bajo las paredes de San Juan de Ulúa y la brisa veracruzana, para convencerse de su error y convertirse en la voz de la razón en medio de aquellos fanáticos que desde el verano de 1926 eran víctimas de la temperatura ardiente que los había enfebrecido. Peor retornemos al calor veraniego del 26.
A pedimento de la curia, durante la tercera semana de agosto, fueron recibidos por el estadista mexicano y aquella reunión que en otras ocasiones ya hemos relatado en este espacio, terminó como empezó, sin ningún acuerdo. Los prelados buscaban la rendición del estado mexicano o intensificarían sus acciones. Si bien les fue recomendado que utilizaran los cauces legales para impugnar las disposiciones en disputa, caso omiso hicieron a ello. Ya tenían la hoguera encendida y poco les importaba lo que ocurriera. Estaban seguros de que al final habrían de imponerse e impedir, que ese era al final de cuentas el objetivo único, la construcción y consolidación del estado mexicano moderno. Más tarde, obtendrían la bendición papal y en pleno otoño el Comité Episcopal integrado por doce obispos dio la aprobación tácita para que los católicos fueran a matar a todo aquel que no comulgara con su percepción de la fe. Todo un acto de bondad cristiana, ni duda cabe. Y ni modo que nos vayan a acusar que levantamos falsos, allá por 1964, Miguel Palomar y Vizcarra uno de los lideres principales de la LNDR afirmaba que los obispos mexicanos, especialmente Ruiz y Flores y Díaz Barreto, tomaron un rol muy activo en la Cristiada. Asimismo, aseguraba que dicho movimiento armado tenía la bendición papal. Al final de cuentas aquello fue una reyerta inútil en donde perdieron estúpidamente la vida alrededor de cien mil mexicanos y todo fue arreglado mediante un Modus Vivendi que como nos dijera nuestra profesora de historia latinoamericana, Joan Pavilck, el día que defendíamos nuestra disertación doctoral: ’pero al final todo quedó como el gobierno mexicano lo había dispuesto.’ Pues sí, respondimos, y ahí preferimos callar ante la evidencia clara.
Todo eso había sido cocinado durante el verano de 1926. Una canícula de la cual nos acordamos al ver como hoy la beligerancia de la curia es incesante y solamente los inocentes pueden creer que detrás de ella no está la bendición del ciudadano Bergoglio Sivori quien tan parlanchín como es en esta ocasión no ha llamado a sus correligionarios a guardar un poco de mesura, ni aun en el caso de aquel que rayó en la sandez para expresar su desacuerdo. De nada sirvieron la inclinación de testuz y el sometimiento. Eso es algo que nuestra clase política no acaba de entender, la curia de hoy son los herederos de quienes se opusieron a que naciéramos como nación y buscaron a toda costa impedir la creación del estado mexicano moderno. Los nombres podrán ser distintos, pero al final tienen un objetivo similar: retrasar el reloj de la historia para que volvamos a los tiempos del oscurantismo y la prevalencia del santo tribunal de la inquisición que hoy disfrazan con cruzadas en pro de la moral y la anticorrupción. Al parecer el verano ardiente y las temperaturas altas son las más propicias para que la curia se lance en contra del estado mexicano. ¿Sera porque ahí se sienten en su hábitat natural? vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1): Vaya sorpresas gratas que se lleva uno en donde menos lo espera. Durante nuestra visita a Hermosillo, nos comentaron que por allá contamos con un lector amable quien, semana a semana, colecciona nuestros artículos impresos publicados en Nuevo Día de Nogales Sonora. Aun sin conocerlo personalmente, a don Luis Manuel Bojórquez, muchas gracias por el seguimiento.
Añadido (2): Muy pronto se les quitó lo trasparente a los miembros del sector privado y sus voceros. Son adoradores de aquello ’hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre.’ Como si no los conociéramos en su papel de contraparte de la corrupción. La de veces que enviamos a muchos de ellos, y otros tantos de la clase política, para que se fueran…hasta allá, muy lejos.
Añadido (3): Ante la embestida clerical, ni una palabra por parte del subsecretario de asuntos religiosos, Humberto Roque Villanueva. Sin embargo, en su descargo, podemos decir que actúa en consecuencia. Recordemos que fue formado intelectualmente bajo la egida del jesuita David Mayagoitia Franco. ¿Acaso no lo sabían quienes lo colocaron en ese cargo o precisamente por eso lo pusieron ahí?
Añadido (4) Para quienes gustan de revisar el pasado con alto aroma a presente, les recomendamos la lectura de ’Dogs of God: Columbus, the Inquisition and the Defeat of the Moors,’ publicado en 2006 bajo la autoría de James Reston, Jr. No hay libros viejos, ni nuevos, sino temas intemporales.
Añadido (5) Si quiere saber de dónde proviene el soporte financiero a la insurgencia clerical reciente, como dice el economista sinaloense, Sergio Enrique Castro Peña: ’just folllow the money,’ y llegaremos hasta el noroeste de la CDMX y las recientes asociaciones que cruzan al estado vecino.
Añadido (6) El pasado 13 de junio, el Gran Arquitecto decidió encomendarle otras tareas a nuestra tía, Leonor Antonia Ríos Schroeder. Para Guadalupe Leonor, María del Rosario y Ana Luisa, un abrazo fraternal.
Ver más