Rodolfo Villareal Ríos
El problema de la educación pasa por la economía
Plata Pura
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Octubre 25, 2015
21:26 hrs.
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El debate actual es acerca de la llamada Reforma Educativa. Promotores y detractores claman su verdad. Los primeros la venden como la panacea para resolver todos los problemas del país. Los segundos, arguyen que es el caballo de Troya que busca destruir la identidad nacional. Desde nuestra perspectiva, unos y otros están limitados en su análisis porque el problema de la educación pasa por la economía y pocos quieren reconocerlo.
Nadie puede negar la necesidad de dar un giro de ciento ochenta grados al entorno educativo de nuestro país, pero para ello es requerido reconocer varias cosas. En materia educativa, como en muchas otras, en el país existe un universo dual en el cual los entornos públicos y privados están claramente definidos. Bajo esa premisa, lo primero que debemos registrar es quienes acuden a cada cual. En segunda instancia no podemos dejar de lado que en el país existen cincuenta y cinco millones de personas quienes viven en la pobreza y muchísimas más apenas si se salvan de ser calificadas como tales. Y en ese contexto debemos de colocar para qué y para quienes está enfocada la llamada reforma educativa.
A no dudarlo, el objetivo primario de la reforma aludida es recuperar la calidad que en la “prehistoria” tuviera la educación pública en México en todos los niveles. Y aquí cabe hacer un paréntesis para mencionar que esta debacle se dio de la punta de la pirámide educativa hacia abajo dando inicio a partir del movimiento de 1968. A partir de ahí, las instituciones privadas, primero a nivel superior, y posteriormente a todos los niveles, fueron ganando espacios ante el deterioro académico que presentaban las escuela públicas. Sí ya sabemos que afirmar esto hará que los políticamente correctos vayan a juntar ramas de leña verde y nos declaren candidatos a ser incinerados en su sacrosanta pira. Ello no es impedimento para afirmar que, a la par, se dio una paradoja. Mientras la llamada educación privada ganaba espacios, el “milagro económico” mexicano iba en deterioro y apuntaba hacia su fin. Con ello, las disparidades económicas cada día eran más evidentes y las perspectivas se invertían. Quedaban en la “prehistoria” los tiempos en que abrumadora mayoría acudía a las escuelas públicas y quienes atendían a instituciones privadas eran los menos. Así, llegamos a nuestros días en donde la calidad de la educación es cuestionada, aun cuando lo es más la denominada pública.
Eso da inicio al nivel de educación básica en donde abundan quienes a rajatabla culpan a los maestros del bajo nivel de enseñanza. Sin dejar de asignarles la responsabilidad que les corresponde, la cual es mayor si los comparamos con aquellos que en la “prehistoria” ejercían la profesión, creemos que la aseveración no es del todo cierta. Independientemente de los vivales que vemos diariamente en los noticieros realizando actos vandálicos, sabemos de muchos quienes están comprometidos con las labores de enseñanza a pesar de que las remuneraciones económicas que reciben no son las mejores. Sin embargo, los críticos no hacen mención a un hecho innegable. Existe un alto porcentaje de educandos quienes acuden a las aulas con los estómagos vacíos y/o después de haber recorrido un buen trecho para llegar al lugar de enseñanza. Ante esto, ¿Qué maestro es capaz de tener éxito en inculcar conocimientos? Ninguno cuando los infantes están más preocupados en imaginar un plato de comida que en dilucidar la diferencia entre un triángulo isósceles y otro equilátero. Ante esta realidad y dado de que cada año llegan nuevos estudiantes a quienes hay que hacer espacio, desde hace un buen tiempo, la consigna a nivel de educación básica es que a nadie debe de reprobarse. Por ello no es sorpresa lo que dice el subsecretario de educación media superior, Rodolfo Alfredo Tuirán Gutiérrez, cuando afirma que “de cada mil niños o jóvenes que ingresan a la primaria, prácticamente todos la terminan, pero solo 490 continúan exitosamente la secundaria y apenas 210 terminan la preparatoria o el bachillerato.” Por supuesto que no esperábamos que Rodolfo fuera a sacar el tantō para hacerse el harakiri, mientras reconocía que ese “éxito” en el número de egresados a nivel básico se debe a lo que afirmamos antes. Entendemos su postura, pero como más adelante él lo enumera todo está relacionado con un entorno económico adverso. Es por ello que el problema no es la educación sino la situación económica del país en general que se ve reflejada en el hecho de que quienes tienen oportunidad de acudir a las escuelas privadas sigan ganando espacios ya que en ellas, además de disponer de recursos y no tener que andar pensando en el alimento ausente, existe una mayor opción de movilidad y cuando un alumno no reúne los estándares requeridos por una de ellas, puede transferirse, o lo envían, a otra sin problema. Al respecto, recordamos una anécdota acaecida hace ya varios años en una de estas escuelas.
Al sur de la ciudad de México, se ubica la Escuela Moderna Americana. Esta institución privada es, desde nuestra perspectiva, la que ofrece los servicios educativos de más alta calidad en el Distrito Federal. En ese contexto, durante la primera mitad de los 1990s, la directora del plantel, María Vilchis Barroso de Rodríguez, recibió un reporte de que uno de sus alumnos no llenaba los estándares de calidad necesarios para estudiar ahí. Ante ello, llamó a los padres del chamaco. Como el progenitor estaba muy ocupado en sus labores, solamente la mamá se apersonó para enterarse de que, por el bien del educando, era conveniente lo transfiriera a otra institución. La dama trató de justificar a su retoño, pero no hubo argumento que valiera. El muchacho tenía que irse y su madre tuvo que llevarlo a inscribir en otra escuela más acorde con sus capacidades intelectuales. Lo relatado no tendría nada de extraordinario, salvo que el padre de aquel joven se llama Ernesto Zedillo Ponce De León quien entonces fungía como secretario de educación pública. En su abono hay que reconocerle que ni entonces, ni después tomó acción punitiva alguna en contra del plantel referido al inicio de este párrafo. Sin embargo, ni ayer, ni hoy, situaciones como la descrita prevalecen en el caso de la mayoría de quienes enfrentan problemas en el entorno educativo. Para resolver esto, hoy se nos dice han encontrado una fórmula mágica.
Hace unos días, en su comparecencia ante los diputados, el secretario de educación pública, Aurelio Nuño Mayer anunció la emisión de Certificados de Infraestructura Educativa Nacional (CIEN) por 50 mil millones de pesos, los cuales servirán para que el gobierno federal se agencie recursos y pueda mejorar la educación del país. Según el funcionario, los bonos no representan deuda ya que, “mediante la firma de convenios con los gobernadores, estos cederán el 25 por ciento del Fondo de Aportaciones Múltiples (FAM), que es un fondo que se va a los estados para tema de infraestructura escolar.” Con ello, se “permite que través de convenios que los estados decidan firmar con la SEP y con la SHCP… que por los próximos 20 años, puedan [los dineros] ser destinados a este fondo. Esos recursos se meten en un fideicomiso y a partir de ese fideicomiso la Secretaría de Hacienda puede emitir los bonos; no es deuda pública porque son recursos presupuestales… los tenedores de los bonos, es decir, quienes los adquieran, no podrán reclamar a los estados o al Gobierno Federal, sino al fideicomiso que manejará los recursos.” Vaya machicuepa, ni en mejores tiempos logró una similar el panbolista, Hugo Sánchez Márquez. Ahora sí estamos enterados de cómo van a resolver los problemas en la educación.
A partir de la emisión de los bonos sobraran recursos para lograr mejoras en equipos e instalaciones, salarios más altos para los maestros, pero sobre todo disponer de una bolsa para lo que pudiera ofrecerse en el futuro no tan lejano, algo que hace relamer los labios de algunos dispuestos a convertirse en corifeos del portavoz de las buenas nuevas. Sin embargo, dentro de todas las bondades ensalzadas, no escuchamos ninguna que nos diga que con los recursos captados será factible revertir las condiciones económicas del país en general que es a partir de las cuales la educación pública en México se ha venido abajo. Porque no podrá haber educación de calidad sino hay materia prima, lo cual ha derivado en sistemas educativos duales inclusive dentro de las propias instituciones públicas de educación superior. Tal vez no sea muy conocido, pero en la UNAM, “of all places,” existen grupos diferenciados, hasta donde sabemos desde 1968, en varias de las facultades. Ahí, los alumnos de excelencia son inmunes a cualquier tipo de huelgas o alborotos, lo de ellos es estudiar, mientras que el resto de los alumnos arrastra las deficiencias que cargan desde el nivel básico que efectivamente requiere una sacudida.
Estamos a favor de la reforma educativa. No podríamos estar en contra de elevar el nivel de preparación de los maestros y que les mejoren sus emolumentos, sería retrogrado pensar que la identidad nacional se va a perder porque se aprende inglés y no les enseñan náhuatl, rayaría en la estupidez objetar el acceso de los educandos al aprendizaje de la computación. Sin embargo, no encontramos en ella una perspectiva que permita a los estudiantes adquirir la capacidad de aprender las humanidades desde una perspectiva alejada del maniqueísmo. Pero nada de eso, ni presencias, ni ausencias, podrán ser cubiertas a menos que las condiciones económicas del país mejoren y eso pasa por la posibilidad de ofrecer mayores oportunidades de empleos productivos y mejor remunerados. Mientras no se logre eso, de muy poco valdrá hacer una reforma educativa en la cual un número significativo de los potenciales recipiendarios de sus bondades están más preocupados por ver como allegarse un plato de comida. El problema de la educación pasa por la economía y mientras esta no mejore, ninguna reforma educativa o machicuepa financiera resolverá las dificultades relacionadas con la enseñanza. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1): Cuando creíamos que nadie estaba ocupado en leernos, de pronto encontramos con que hay alguien que sí lo hace. Un ciudadano de apelativo Juan Manuel López García no solamente atiende a lo que escribimos, sino que le agarró tanto cariño a nuestros artículos que, en una publicación originada en la ciudad de Oaxaca llamada NSSOaxaca (http://www.nssoaxaca.com), durante las últimas semanas ha tomado los textos para firmarlos como de su autoría. Sí con ética similar lleva los asuntos legales que le encomiendan, no queda sino compadecer a su clientela. RVR
Añadido (2): Se confirmó lo que ya sabíamos. Otorgar sobornos, perdón, limosnas de millones de pesos, con dinero ajeno por supuesto, tiene su recompensa. El receptor inmediato le consiguió que, en la audiencia general, entregara cartita y medallita al presidente del corporativo. ¿Y las damas, doña Dignidad y doña Honestidad? Decepcionadas del comportamiento de estos personajes, hace tiempo agarraron sus tiliches y no piensan volver a relacionarse con caballeros de ese talante. RVR
Añadido (3): De pronto, lo traicionó el subconsciente y, en su programa en la radio, dijo al aire: “…el viaje, de Andrés Manuel, lo pagó Milenio… [ups]…Morena…” y envió a comerciales por un buen rato. RVR
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