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EL PADRE DE LOS “CAMISAS ROJAS” / I DE II

RODOLFO VILLARREAL RIOS

EL PADRE DE LOS “CAMISAS ROJAS” /  I DE II

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Junio 26, 2015 23:25 hrs.
Periodismo ›
RODOLFO VILLARREAL RIOS › guerrerohabla.com

Tiempo atrás, andábamos en nuestro viajar siempre gozoso por las librerías cuando nos topamos con una de las llamadas de “viejo,” a las que van a parar los libros cuando algún heredero encuentra que su ancestro simplemente le gustaba amontonar papel o bien alguien decide que aquel escrito es material que puede provocar inquietudes en espíritus castos, y por unos cuantos pesos decide venderlo. Arrumbado en uno de los ánqueles, cubierto por pastas duras, estaba un pequeño volumen el cual mostraba que sus mejores días habían ya trascurrido. En sus mejores tiempos, la pieza titulada “Tomás Garrido (Al Derecho y al Revés),” escrito en 1940 por el tabasqueño Manuel González Calzada, había pertenecido a la Biblioteca del Colegio México, el que todos conocemos como el CUM administrado por los Maristas y que se ubicaba entonces en las calles de Acoxpa y Bordo. Al abrirlo, lo primero que inferimos fue que seguramente el título de la pieza, y su contenido, habían provocado ya inquietudes suficientes entre algunos educandos, algo que era erróneo pues de acuerdo a la pequeña hoja de registro de préstamo, ninguna de las almas puras que acudieron a dicho centro, se acercó a leerlo. En buena hora diría alguno. Sin embargo, para este escribidor hereje, el tema siempre resultara interesante de comentarse, algo que realizaremos a continuación.
Contrario a lo que pudiera esperarse, nos encontramos con un escrito pleno de balance sobre un personaje que, quiérase o no, tuvo un impacto sobre las siempre delicadas relaciones estado-iglesia. Tomás Garrido Canabal fue el hombre que dominara la política tabasqueña durante la década de los años veinte hasta la mitad de los treinta del siglo pasado. Aun cuando las divisas por la cuales identificamos a Garrido Canabal sean la anti religiosidad y la paternidad de los llamados “camisas rojas,” hay otros elementos analizados por González Calzada que serán de actualidad siempre.
Empieza por mencionar como se daban las relaciones de amistad del tabasqueño. Al respecto, menciona que “gran número de amigos de Garrido lo fueron por servilismo y adulación y más tarde le dieron las espaldas cuando lo vieron caído, falto de poder.” Aquellas amistades eran de todos colores y sabores, aun cuando enfatiza que en sus tiempos de gloria, “era más fácil hacerse amigo de Garrido por medio de un acto celestinesco, o de adulación que por mérito de una buena obra.” En ese contexto, el texto indica que Garrido Canabal hacia “mas caso del alcahuete que del hombre honesto; al primero lo favorece más que al segundo…el alcahuete es para Garrido un hombre al cual deben otorgársele ciertas facilidades en el vivir, para que tenga tiempo disponible en pro de su misión. En cambio, el honesto, activo, trabajador, está catalogado dentro de los hombres de carga, cuya única misión es trabajar, y cada día más porque debe hacer lo de él y lo que corresponde al otro.” Al respecto, recordamos tiempos pretéritos más recientes, cuando de primera mano conocíamos como se comportaban algunos en busca de “quedar bien con el jefe.” Los había desde aquellos que gustaban de desempeñar el papel de fonógrafo hasta el abyecto que presumía de traer siempre en la bolsa del saco un par de cajetillas de cigarrillos Raleigh “por sí al jefe se le acaba su dotación.” En otra latitudes, las cosas llegaban a niveles escatológicos como aquel caso de un colaborador de cierto gobernador norteño a quien habían sometido a una cirugía y los recibía postrado en cama. Tras de una audiencia, salió uno de aquellos, con la honra ausente, y anunció: “el jefe está muy recuperado, ya paso un gas (bueno, él lo dijo de un modo más grotesco).” Poco sabemos si costumbres como las descritas prevalecen, hace ya mucho tiempo que dejamos de estar al tanto acerca el comportamiento de algunos en ese ámbito. Pero volvamos al tabasqueño y sus relaciones interpersonales.
En el extremo opuesto, la conducta atrabancada con que Garrido Canabal condujo su gobierno, le hizo que, contrario a la poca duradera permanencia de sus amigos, contara con un grupo nutrido y permanente de enemigos. Entre ellos, se encontraban, de acuerdo a González Calzada, “…hacendados, comerciantes, industriales, artesanos, obreros…los unos fueron víctimas de su desenfreno político y vieron derrumbarse en pocos días las fortunas…amasadas durante varios años de trabajo. Los otros porque, no estando de acuerdo con el régimen, eran frecuentemente presionados por inmoderadas contribuciones, o bien apaleados…” A quienes no comulgaban con sus ideas los llamaba reaccionarios y eran sus enemigos sin distingo. Especial apartado ocupaba la prensa, Garrido odiaba “…todo lo que [oliera] a periódico independiente.” Se decía que el presidente Álvaro Obregón Salido había comentado: “Cuando la prensa reaccionaria hable bien de Tomás Garrido, será porque Garrido ha traicionado a la Revolución.” Pero había otros enemigos a los que aborrecía.
Eran la pereza y la apatía. Para el tabasqueño, diez o doce horas de labor continua constituían lo normal en un día de trabajo. Imbuido en esa dinámica, no meditaba mucho acerca de lo que lo que habría de emprender. “…la concepción, el plan y la orden de ejecutarlo se suceden con gran rapidez y se producen casi simultáneamente en su cerebro…” Sin embargo, todo ello se volvía más confuso por la naturaleza misma de quienes con él colaboraban. No tenía quien lo apoyara, pues al fin de cuentas, por la forma en que ejercía el mando, estaba “rodeado de inútiles que a todo dicen que si cuando conviene y que siempre están de acuerdo con la opinión del ‘licenciao’ (así lo invocaban).” Era tanta la adulación que llegaron a atribuirle dotes divinas y apuntaban: “este hombre trabaja como nadie; cada vez que mira al cielo le asalta una nueva idea.” Otra vez, volvimos a recordarnos de un pretérito más reciente en las latitudes norteñas, pero volvamos al sureste. El autor califica a quienes colaboraban con Garrido Canabal en dos grupos: “el de los aduladores por conveniencia y el de los aduladores por ignorancia… ajenos a las teorías filosóficas de la vida y la sociedad, pensaban… que todo lo que Garrido hacia estaba bien, que lo que pensaba y decía era portentoso, y tal convicción derivada la propia ignorancia, equivalía a la opinión de un analfabeta que aplaude a un orador como consecuencia de no haberle entendido.” Todo esto no hizo sino acabar de crear un caos intelectual en quien carecía de cultura y buscaba adquirirla de manera desordenada.
En esa confusión, Garrido Canabal, escribía González Calzada, “amaba la Revolución; enarbolaba a veces la bandera del Racionalismo, a veces la del Socialismo; pero la Revolución era él, el Racionalismo sus ideas y el Socialismo su estrategia.” Para el político tabasqueño, los dos últimos conceptos eran una misma entidad. De acuerdo a su concepción, interpretaba al “…Racionalismo como una teoría cuyos dogmas son la inexistencia de Dios y lo pernicioso del clero político, y juzga al Socialismo como una cosa semejante.” Al respecto, González Calzada enfatizaba que “…al primero, el ‘licenciao’ intentó convertirlo en escuela, cuando es tan solo un método de investigación.” Referente al segundo, ignoraba que lo había de “…viarias clases, inclusive el Socialismo Cristiano que emana de la Enciclica Reurm Novarum del [Papa] León XIII.” Esta confusión, hizo que, en sus actividades políticas, Garrido Canabal lo mismo apareciera como “…luterano que naturalista; [fuera] socialista y [fuera] anarquista; ciertos aspectos de ellas, los más, tienen caracteres fascistas, no obstante que [negaba] ser simpatizador de Mussolini…las practicas dizque revolucionarias llevada a cabo por él en Tabasco se acerca[ban] más al sistema político de Italia que al humanista burgués , o al socialista científico.” Durante sus catorce años de poder, su accionar “se asemejó más al caciquismo porfirista; sin embargo hablaba de la Revolución y de sus ideales; de las necesidades reivindicatorias del proletariado. Las teorías revolucionarias rechazan el nepotismo; Garrido [era] nepotista y se [sentía] revolucionario.” Y en ese contexto, fue que formó y utilizó al grupo que conocemos como los “camisas rojas,” un conjunto que sirvió mucho a sus intereses personales, pero que poco contribuyó a la formación, entonces en ciernes, del nuevo estado mexicano. En la próxima colaboración, continuaremos con el escrito de Manuel González Calzada para ocuparnos de los “camisas rojas” y la forma de gobernar de Garrido Canabal, algo que por momentos pareciera que continua vigente en la forma como algunos intentan ejercer el mando y en la que otros buscan quedar bien con el gobernante en turno. vimarisch53@hotmail.com
Añadido: Hay por ahí quienes se dicen investigadores del CINVESTAV que acostumbran elaborar documentos en los cuales presumen presentar primicias. En ese afán, omiten citar los trabajos de una investigadora científica mexicana, cuyos trabajos la han convertido en líder mundial y pionera en el estudio de los efectos de la contaminación ambiental sobre la salud humana, específicamente sobre los daños neurodegenerativos que ocasiona, quien con antelación ha realizado importantes hallazgos en la materia y que va años luz adelante de lo que estos “refriteros,” vestidos de guinda y blanco, tratan de presentar como novedad. Poco honor hacen a la institución que dicen enaltecer. RVR

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