Rodolfo Villarreal Ríos
El otro extremo del sur, Argentina
Plata Pura
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Noviembre 21, 2015
05:11 hrs.
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La cordillera de Los Andes, cubierta de nieve, es un espectáculo bello ni siquiera opacado por el bamboleo del avión. En ese contexto, iniciamos nuestra visita al otro extremo del sur de Continente Americano, Argentina. Sobre lo observado y platicado les comentaremos, previo preámbulo de como la percibíamos antes de acudir allá.
Como no fuimos infantes precoces, nuestras primeras noticias sobre la Argentina provinieron de personajes deportivos. El futbolista, Alfredo Di Stéfano es el primero que recordamos haber escuchado. Posteriormente, serían los boxeadores, Luis Ángel Firpo, Pascual Pérez, Horacio Accavallo y Carlos Monzón. Ni modo de olvidar aquel partido Argentina-Inglaterra del mundial de futbol en 1966. O bien, en los setentas, las menciones a César Luis Menotti y, en los ochentas, Diego Armando Maradona. En materia de política, oíamos las historias sobre Juan Domingo Perón y Eva Duarte o Evita, la reina de los descamisados. El contexto histórico del peronismo lo empezamos a entender cuando leímos a Tomas Eloy Martínez y su “Santa Evita.” En los setentas, seguimos a la distancia el regreso de Perón e “Isabelita” (María Estela Martínez). Lo único que les dejó fue una dictadura militar abominable que tanto daño les hizo, incluida la guerra estúpida de las Malvinas en contra de Inglaterra. Pero si de historias desgarradoras se trata, no olvidamos los tangos interpretados por Carlos Gardel, las milongas en la voz de Susana Rinaldi, o bien los géneros diversos cantados por Nacha Guevara, Atahualpa Yupanqui y Alberto Cortez.
La primera aproximación a la literatura argentina fue “Martín Fierro” de José Hernández y posteriormente “Don Segundo Sombra” de Ricardo Güiraldes. De ahí hasta que nos encontramos con los escritos del más grande literato latinoamericano del siglo XX, Jorge Luis Borges Acevedo y por supuesto los de Adolfo Bioy Casares.
El proceso vivido por esa nación lo analizamos al incursionar en el estudio serio de la historia bajo la perspectiva diferente que, sobre Latinoamérica, nos proveyeran nuestras profesoras, Joann Pavilack y María Jose Bustos Fernández, ella de origen argentino. No por esto, lo aclaramos, somos especialistas en el tema. A los originarios de Argentina, algunos los encapsulan en una sola vertiente y de ahí no se mueven. En nuestro caso hemos conocido de todo tipo y vamos de uno en uno, nada de generalizar en cualquier sentido. Con estas observaciones arribamos a Buenos Aires.
En cuanto cruzamos palabras con quien nos esperaba, preguntó acerca de los acontecimientos policiacos en nuestro país. Dada la respuesta, cuestionamos sobre como andaban las cosas por esa nación. Las alabanzas brotaron sobre el papel excelente que había desempeñado la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Que sí había reducido la deuda, que los apoyos para el bienestar social eran maravillosos, que los pobres eran menos y vivían mejor, que si el país iba viento en popa, etc. etc. Sin embargo, todo eso, decía nuestro interlocutor, podría perderse sí en la próxima elección no triunfaba el candidato afín a la dama. Sin saber a ciencia cierta quienes eran los candidatos, excepto sus nombres, con ese paraíso en mente procedimos a irnos, ya sin guía, a ver que encontrábamos por ahí.
La ciudad, que un día desearon convertirla en el Paris de América, es hoy un espacio en donde uno encuentra edificios majestuosos. Los de reciente edificación lucen esplendorosos. Junto a ellos hay otros provenientes del pasado que aún conservan grandeza, otros tratan de recuperarla y varios muestran los estragos del tiempo. Sin embargo, al deambular por las aceras pareciera que a los argentinos la naturaleza en cada árbol un cenicero les dio. Las colillas de cigarrillos y restos de todo tipo forman parte del paisaje. El caminante debe ir alerta y transitar como si fuese en terreno minado, de no hacerlo habrá de llevarse en la suela de sus zapatos un recuerdo que antes perteneció a un canino. Ni modo que un barrendero ande detrás de cada ciudadano para mantener limpias las calles.
Y en ese andar fuimos a parar al barrio de La Recoleta en donde, además de no apreciarse pobreza, está el cementerio del mismo nombre. En este sitio, descansan los restos de Evita después del periplo a que fueron sometidos y que tan bien se narra en la novela que mencionamos líneas arriba. Un frontispicio de mármol en color negro en cuya parte superior se lee: “Familia Duarte” y, a los costados, una serie de placas resguardan una puerta cerrada herméticamente que no permite ver hacia el interior. Adornada con flores, de plástico, se distingue por ser la única de las tumbas con esos ornamentos en el espacio en donde reposan los cadáveres de políticos, militares, escritores, sacerdotes, deportistas, próceres y ciudadanos distinguidos. Pero ya entrados en ese terreno, en otra área de la ciudad, visitamos la catedral metropolitana. Ahí, ninguna duda nos quedó que quisieron parecerse a Paris. En esta ciudad, Napoleón Bonaparte tiene su tumba en el Hospital de Los Inválidos bajo un domo inmenso y en un momento dado es factible observarla de arriba hacia abajo o a la inversa. En el caso de Argentina, los restos de su libertador José De San Martin también descansan debajo de un domo en la catedral mencionada, en la Capilla de la Paz, excepto que el visitante siempre tendrá que verla de abajo hacia arriba, mientras un par de guardias resguardan la entrada. Cuestión de mensajes subliminales. Pero eso es el pasado, en el presente a los argentinos no les queda sino ver de frente para buscar su futuro.
No obstante, el panorama maravilloso que nos pintó quien nos recibió, la realidad es un poco distinta. El modelo desarrollado durante los últimos doce años de kirchnerismo, Néstor Kichner y su esposa Cristina Fernández, parece ser estar agotado y en la hora del balance. Porque si bien nadie cuestiona lo importante que es apoyar los programas sociales, para que esto suceda son necesarios recursos y cuando estos se manejan a discreción y sin que haya una economía productiva que los genere, más temprano que tarde las crisis se presentan. Hoy, la economía argentina se tambalea. El peso argentino se devalúa. El tipo de cambio oficial fluctúa entre 9.40 - 9.65 por uno. Mientras que el “dólar blue,” el manejado en el mercado paralelo, es negociado entre 15 y 16 pesos por un dólar. Para mantener la paridad “baja,” diariamente el banco central le inyecta al mercado alrededor de cien millones de dólares. Como consecuencia, las reservas se agotan y, hasta hace una semana, alcanzaban los 26.5 mil millones de dólares, un monto que sirve para nada en caso de una crisis severa. Aunado a ello, hay que apuntar que de esa cantidad, 11,500 millones están en SWAPS chinos que no pueden convertirse en recursos líquidos. Al respecto, los críticos de la presidenta arguyen que ni siquiera esa diferencia está en las reservas, el monto solamente existe en el papel. La inflación anualizada ronda el 25 por ciento, aun cuando dicen los salarios reales son los más altos en el último cuarto de siglo pues han crecido en 29 por ciento, salvo que no informan cómo anda la productividad, Asimismo, acusan de corrupción a la presidenta de quien dicen hasta el fondo de pensiones se gastó. Y es tal su grado de desesperación que, imitando a la Carlotita aquella que nos llegó a nosotros junto con su Max, en un par de ocasiones ha solicitado audiencia con el Papa. Sin embargo, su paisano el ciudadano Bergoglio Sivori, al igual que lo hiciera Giovanni Maria Mastai-Ferretti con la belga, se ha negado a recibirla. Recordemos que, quienes ocupan ese cargo, no desperdician bendiciones en aquellos que van en caída política. En el entorno descrito aparecen los dos candidatos presidenciales que quedaron tras de la primera vuelta electoral.
El candidato del oficialismo Frente para la Victoria, Daniel Osvaldo Scioli Méndez fue, de 2003 a 2007, el vice presidente del país durante el gobierno de Kirchner y posteriormente de 2007, hasta antes de convertirse en candidato presidencial, gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Todo apuntaba para que en la primera ronda se alzara con una victoria clara. Sin embargo, surgió una sorpresa. Cuando el mayor opositor parecía ser el candidato de Unidos por una Nueva Argentina (UNA), Sergio Tomás Massa Cherti, los resultados dieron un cercano segundo lugar al candidato del frente Cambiemos, un hombre de negocios involucrado en el área de la construcción, las finanzas y la manufactura automotriz, quien desde 2007 fuera alcalde de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri Blanco. Él se enfrentará en la segunda vuelta a Scioli.
Lo que se auguraba un triunfo fácil para el candidato oficialista, Scioli, se ha complicado como resultado de la situación económica. Las encuestas dan la ventaja a Macri. Y, en lo que parece ser un acto desesperado, Scioli busca a toda costa negar su relación con el kichnerismo, mientras promete que todo cambiara para corregir los errores y augura que, para enero, la paridad cambiaria no pasara de 10 pesos por un dólar. Eso sí, no dice de donde sacara los recursos para que ello suceda. Por su parte, Macri apuesta al mercado y la inversión privada, al tiempo que establece que la paridad tendrá que ser de alrededor de 16 por uno. Ante esta disyuntiva, algunos se colocan en el extremo, como lo hace el Partido Obrero, y convocan al voto en blanco arguyendo que tanto Scioli como Macri son lo mismo y representan los intereses del dinero. Los candidatos, con pragmatismo, negocian atraerse los integrantes del 21 por ciento de los votantes que en la primera vuelta lo hicieron por Massa. Pareciera que los compases de Adiós Muchachos, dedicados al oficialismo-peronismo, acompañaran a los argentinos cuando acudan, este 22 de noviembre, a las urnas para elegir quien los gobernara por los próximos cuatro años. Sin embargo, otros arguyen que podrían hacerlo al ritmo de aquel tango que, en 1935, escribiera Enrique Santos Discépolo, Cambalache, en aquello de: “Hoy resulta que es lo mismo / ser derecho que traidor, / ignorante, sabio, chorro, /generoso, estafador. Todo es igual; / nada es mejor; / lo mismo un burro que un gran profesor. No hay aplazaos ni escalafón; / los inmorales nos han igualao. Si uno vive en la impostura / y otro roba en su ambición, / da lo mismo que sea cura, / colchonero, rey de bastos, / caradura o polizón.” Mientras a la distancia resuenan los discursos de Evita prometiéndoles el paraíso en el cual un día los argentinos creyeron estar ubicados y desde entonces buscan reencontrarlo en medio del temor por volver a sufrir una crisis económica. Así apreciamos el otro extremo del sur. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1): Sucedió aquello que los políticamente correctos, quienes compran cualquier engañifa, se niegan a aceptar. Olvidan o ¿no lo saben? que los ancestros de estos un día dominaron el mundo y quieren volver a someterlo bajo las reglas de entonces.
Añadido (2): Tiene razón el ciudadano Jorge Mario Bergoglio Sivori, Francisco, “utilizar el nombre de Dios para justificar esta vía [la violencia] es una blasfemia.” En ese contexto, preguntamos: ¿Durante su visita próxima a México habrá de condenar lo escrito por Ambrogio Damiano Achille Ratti, Pío XI, en la encíclica Iniquis Afflictisque? Recordemos que ahí felicitaba a los “bravos” quienes, en 1926, iban a “defender” su religión. Así, dio el banderazo para la Cristiada, una reyerta inútil en la que perdieron la vida alrededor de cien mil mexicanos. Por sí alguien lo ha olvidado, hoy que hablamos de fanáticos religiosos.
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