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Juan López
Don Luis Torreblanca
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Mayo 04, 2015
13:43 hrs.
Periodismo ›
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Luis Torreblanca González refleja perfecta la imagen de la víctima. Y no de cualquier sacrificado. Sino inmolado por sus propios hijos. Todavía en su entorno logramos escuchar el graznido lúgubre de los cuervos. Se ríe: después de haber trabajado 70 años, privándose de viandas y diversiones. Atento al ajetreo del comercio: sumando ahorros, no dilapidando ningún excedente. Creyente de la familia, jamás pensó que iban a trasquilarlo como lo hace el depredador con las ovejas. Bruto, apuñalando a César, desconociéndolo: hijo asesinando al padre en un baño de sangre.
Explica Don Luis que desde el primero hasta el último centavo del capital familiar lo hizo él. Mientras trabajaba, los niños iban a la escuela, jugaban con sus pares, multiplicaban sus alegrías en aquel paraíso que se convirtió en utopía e hizo de aquellos rapazuelos, hombres hostiles y rencorosos. De la imagen infantil-paternal, no queda nada. La crueldad borró de sus labios dichosos la dicha de la inocencia. Niños buenos, jóvenes saludables, hombres sin alma, gangrenados y vociferantes. Metamorfosis del diablo: el ángel que se vuelve Lucifer. Como el barro blanco se hace arcilla demoniaca
Don Luis no se explica qué sucedió para que sus hijos, cuatro, lo despojaran hasta del último centavo. En su conciencia no acepta la enfermedad de la ambición patológica. Es cierto. Cuando la paloma ve que el cuervo desolla a sus polluelos cree que es un malvado, la personificación de Belcebú: asesino, perturbado, criminal, saeta del demonio. Mientras que para el cuervo el pollito es sólo un exquisito platillo que degustará delicioso. Z es el grajo. Don Luis es su víctima.
Cuando el aire se envenena y los carnívoros buscan saciarse, los sujetos expuestos a su apetito, deben resguardarse y esconderse y ponerse a temblar. Los insaciables no se detienen a reflexionar ni a meditar si quien cae bajo sus garras es su padre, quien los procreó y les dio vida. Igual pudo haber sido su madre como cuenta el mito de que Nerón abrió a su mamacita en ancas para saciar curiosidad y saber de dónde provenía. Destazar a su progenitora por investigar un hecho biológico en un orate no tiene asechanza ni culpa.
Lo contrario de los amorosos son los que hacen daño, los que lastiman, los que hieren, los que ensucian el aire que respiran.
Tratamos en Calígula o en Agatoles el sátrapa encontrar parangón con Z el candidato del PAN que tiene a su padre desde hace varios meses despojado de bienes, rentas y beneficios de sus dividendos en la participación que en su empresa le corresponde. Delito grave: Quita con alevosía y dolo. Despojo en pandilla. Trama criminal que configura asociación delictuosa. Y, los tribunales paralizados. Las querellas entumidas. La justicia pronta y expedida, un espejismo de ilusión óptica que cuando está a punto el sediento de alcanzarlo, se retira lo suficiente para que los vejados y maltratados por el abuso, sigan esperando a que la justicia llegue a sus desheredades.
Cuál es el animal más asqueroso después del parricida, la hiena que por sí misma da náuseas. El sapo al reventarse por su congénita purulencia, la mosca tornasolada del cadáver: los peores huirían del regazo de Z por no hundirse en sus lodazas.
PD: “Los gusanos no sufren”: Proverbio.
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