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Opinión

Despejar

Misael Tamayo Núñez

Despejar

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Agosto 16, 2016 23:37 hrs.
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Por si algo faltaba para determinar que el gobierno de Enrique Peña Nieto es más que fallido, echemos un vistazo a los juegos olímpicos de Ríos de Janeiro, y sus resultados para nuestro país.
No nos referimos a la nula cosecha de medallas, porque finalmente los competidores dieron lo mejor de sí. Tampoco importan las críticas irracionales que recibieron los jugadores por parte de los usuarios de las redes sociales –lo cual también exhibió el talante soez de estos medios-, sino a la corrupta organización del evento, que privilegió lo político y no lo deportivo.
Ver a Ricardo Castillo, el presidente de la Comisión Nacional del Deporte (Conade), de arrumacos con su novia, mientras que los deportistas olímpicos mexicanos caían uno a uno en cada una de las disciplinas, fue asqueroso.
Ahora se denuncia que no hubo ni médicos ni fisioterapistas para atender a los competidores, sencillamente porque un alto porcentaje del presupuesto para este evento lo ocupó Castillo y su nueva conquista.
El asunto de la selección de los uniformes fue un asunto irrelevante para Castillo, de modo que el boxeador Joselito Velázquez usó un uniforme no oficial, pues le querían dar una talla que no era la suya.
Un país que permite estos excesos, es un país evidentemente perdido. Hemos olvidado que en política la forma es fondo; que nada es casualidad.
La semana pasada decíamos que claramente a Peña Nieto se le terminó el sexenio, y el riesgo que eso implica para la vida pública de este país. A partir de hoy, quienes tomen las decisiones serán los grupos de poder que ya tienen la mira puesta en las elecciones de 2018. Asimismo, al no haber gato, los ratones harán fiesta, y si lo dudamos, revisemos lo que sucedió con Ricardo Castillo, quien anduvo de arrumacos con su nueva conquista, dejándose retratar por los medios internacionales y captar por las pantallas de las televisoras, como si fuese él lo más importante, y no los deportistas.
Pero no tiene la culpa el indio, sin el que lo hace compadre. Peña Nieto por alguna razón premió a Castillo con la presidencia de la Conade, aunque no se le conocen dotes de deportista. Al contrario, recién terminaba su papel como interventor del gobierno en Michoacán, donde le tocó dictar vida para algunos grupos de autodefensa, y muerte o cárcel para otros.
Sólo Peña Nieto sabe por qué colocó a Castillo en un espacio que pudo usarse para darle algo de consuelo al abusado pueblo mexicano. Exigimos poco, y aún en medio de las peores crisis, los mexicanos han demostrado que saben valorar algún triunfo deportivo, y gustan de festejar en las calles.
Sin embargo, ni ese consuelo le queda ahora a los mexicanos. Sólo la vergüenza, ya no de la derrota, que en una competencia de este nivel es lo de menos, sino de ser gobernado por una caterva de cakistócratas, lo peorcito que este país ha parido, personajes corruptos, cínicos y atrevidos.
Para colmo, el pueblo también se envileció con las irracionales críticas hacia los jugadores, tomando en cuenta sólo su aspecto físico. El peor de los actos de bullying contra un deportista lo sufrió Alexa Moreno, la gimnasta mexicana más completa, que por primera vez desde hace muchos años participó en las cuatro categorías de esta disciplina, algo que se conoce como el ’all arround’. Es decir, compitió en barras asimétricas, suelo, viga de equilibrio y salto femenino. Por su participación, ahora ocupa el puesto 31 entre las mejores gimnastas del mundo.
No obstante, para los facebookeros, Alexa es la gorda de Río. Así pues, entre cibernautas enloquecidos y con muy pobres valores morales y de respeto por el prójimo, y funcionarios corruptos y cachondos, Río 2016 exhibió lo peor de México, de su gobierno, y de los mexicanos.

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