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Cosecha de cadáveres
José García Sánchez
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Abril 23, 2016
10:19 hrs.
Política ›
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Los huesos no hablan pero dan cuenta de la tortura que padecieron antes de que la tierra devorara la carne que los cubría. Esa que algún día tuvo vida, que fue un hombre o una mujer joven. Jóvenes que murieron deseando su propia muerte ante la prepotencia del poder.
Las ciudades de Córdoba y Orizaba tienen en los jóvenes a presas fáciles de entrar al negocio del narcotráfico, son víctimas de salarios muy mal pagados, son presas de los policías enfermos que los desaparecen luego de torturarlos y violarlos cada fin de semana. Nadie, hasta el momento ha hecho nada por ellos.
Los restos humanos encontrados en la comunidad de El Porvenir, en Córdoba, Veracruz habla de exterminio. En la zona excavada, de un kilómetro de extensión, en los últimos días pueden contarse más de 300 sacrificios humanos. Hay quienes dices que fueron los narcotraficantes, que fue la policía, el ejército o la Marina, hay quienes aseguran que son todos ellos, con la misma intención de exterminio o la búsqueda de discreción.
A 12 días de trabajo los brigadistas en busca de sus familiares desaparecidos, encontraron los restos de otros muchos y probablemente los de ellos también.
No fueron necesarios ni 30 centímetros, pues el primer gran hallazgo fue el fémur de unos 20 centímetros de largo. Después aparecieron los demás.
Al final de la jornada se extrajeron al menos 300 fragmentos óseos. Fracciones de vértebras y costillas cercenadas, paredes de cráneos sucios de lodo, un pedazo de fémur y otro de cadera, ambos rebasan los 18 centímetros de longitud. Los familiares de desaparecidos determinaron que la custodia del lugar y el estudio del terreno se solicitará a la Policía Científica de la Policía Federal, lo anterior ante la desconfianza generalizada.
Desde la llegada al poder del priísta Javier Duarte Veracruz se convirtió en uno de los estados más peligrosos para los jóvenes y el más peligroso para los periodistas.
Si en un área delimitada, donde muchos señalaban como un lugar de actividades nocturnas, las autoridades no actuaron, deben ser corresponsables, es decir, cómplices de esta masacre que caracteriza no sólo a Veracruz, sino a Guerreo, Oaxaca, Chiapas, Estado de México, Michoacán, sin dejar atrás algunos estados del norte como Tamaulipas, Chihuahua, Sinaloa y ahora Nuevo León. Todos los gobernadores y ex gobernadores de estas entidades son ricos, pueden vivir sin trabajar el resto de sus días. Ellos venden también su silencio, de incalculable valor. Esto debe tomarse muy en cuenta a la hora de la complicidad y de la impunidad.
Sólo hay que buscar y se encuentran cadáveres en el campo mexicano. Las actividades rurales están tan olvidas que sus tierras sirven de panteones clandestinos. Los maestros rurales forman parte de ese paisaje, así como las normales rurales y toda la enseñanza que en ellas se encierra.
Los hombres y mujeres torturados, quemados, y calcinados en la región de Córdoba y Orizaba son un grito de auxilio que exige que los jóvenes no tengan el mismo destino. La sordera y la miopía de las autoridades son muy grandes y prefieren quedarse sin jóvenes antes de hacer justicia y actuar con legalidad.
En esos pozos hay de todo. La mejor forma de esconder la guerrilla es quemando a los guerrilleros. Pero también la mejor forma de negar las batallas perdidas del ejército y la Marina es quemando a los militares caídos. Luego les dicen a los familiares que desertaron y que son prófugos de la justicia militar. Nadie los busca. Ahí, en esos pozos hay de todo.
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