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Concatenaciones
Contaminación e insensatez
Fernando Irala Burgos
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Abril 04, 2016
10:53 hrs.
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"Si siempre hacemos las mismas cosas, los resultados siempre serán los mismos", dice la frase muy conocida, atribuida a Albert Einstein, y que se aplica por igual a problemas empresariales, políticos o de la vida personal.
Pero las autoridades de la Comisión Ambiental parecen desconocer ese principio, y para resolver la crónica situación de contaminación que la capital de la República ha arrastrado desde la centuria pasada, decidieron recurrir a la receta que ensayó por primera vez Manuel Camacho, hace más de un cuarto de siglo: parar de manera generalizada y sucesivamente el parque vehicular.
Presentada como una medida temporal en 1989, la trampa y el error fue irla extendiendo en el tiempo hasta hacerla permanente. Ahí se encuentra la causa del crecimiento desproporcionado de automóviles en la ciudad de México y su periferia.
Luego vino el sistema de verificación, siempre bajo sospecha de corrupción, y la sofisticación para suavizar la paralización de la movilidad.
A lo largo de ese lapso, la dotación para la metrópoli de un sistema de transporte público suficiente y eficiente no ha estado en las prioridades gubernamentales, de manera que las restricciones a la circulación generan por fuerza la reacción de todas las familias: ’a ver cómo nos hacemos de otro coche". La industria del automóvil debería levantarle un monumento a los gobernantes de la ciudad.
Ya instalados en el absurdo, el cierre de gasolineras es de un surrealismo fascinante. La emisión de vapores se da al momento de surtir el combustible, y la disminución de estaciones sólo propiciará que quien deba cargar gasolina se desplace más kilómetros para encontrar una abierta, y tal vez deba hacer filas más prolongadas, gastando más combustible
Así, de emergencia en emergencia, la otrora región más transparente se ahoga en la atmósfera envenenada, pero ahora además, sus habitantes son sometidos al suplicio de encontrar cómo trasladarse en las horas pico de saturación inenarrable, pagar un taxi que contamina igual o más que el coche particular, o buscar otras alternativas siempre complejas y costosas.
Total, si la cosa se pone más fea, pues que todos los coches paren dos días a la semana, ¿no?
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