Carlos Ravelo Galindo |
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Columna En Las Nubes 2 de noviembre 2015
Una historia sin fin
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Noviembre 02, 2015
09:54 hrs.
Periodismo ›
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Carlos Ravelo Galindo, afirma: La templanza de doña Bertha Fernández Jiménez al aceptar encargarse de la crianza de dos niñas, primero una y tiempo más tarde la otra, que recibió como espléndido regalo de dos madres desconocidas, nos demuestra “que la vida se acaba cuando dejas de soñar. La esperanza cuando dejas de crecer. Y el amor cuando dejas de cuidarlo”
Periodista por muchos años encontró a su amigo y colega. Con entusiasmo nos refirió parte de su vida.
Una historia sin fin, que vale la pena darla a conocer: Por supuesto que es una virtud criar hijos sin concebirlos. Menos adoptarlos. Aceptarlos en regalo, con el amor de alguien que lo ve como un milagro. A los pocos minutos de haber sido dados a luz.
Así sus dos pedacitos de cielo que acepto, sin más, ya son dos hermosas jovencitas, mayores de edad, con título profesional y exponentes de inteligencia. Y cultura Gracias a la escritora que no se cansa todos los días, en cada momento, de bendecirlas.
Pero sobre todo cuando sus hijas son conscientes de su origen, y de quién se convirtió en su Providencia, cuando eran un pedacito de corazón. Que les brindó el suyo para mantenerlas vivas con amor e infinita ternura. Desde su primer llanto.
Los milagros no ocurren cuando lloras. Los milagros suceden cuando crees, me decía con frecuencia mi esposa Bety. Amiga de ella.
Nos atrevemos a platicarlo con eterno respeto, reverencia y gran admiración hacia doña Bertha Fernández Jiménez.
Así me lo confió ella luego de que el 24 de septiembre último el licenciado Raúl Gómez Espinosa, por el Club Primera Plana, que preside, le entregó un reconocimiento por sus cuarenta años como reportera-periodista, sin interrupción Allí le aplaudieron Bertha Gabriela, la mayor e Irma del Rocío, la menor. Ese día habló de sus criaturas: Carlos.
“Dos de las más felices experiencias de mi vida fueron las de recibir, no adoptar, me las regalaron, dos mujeres angustiadas que no conocí, pero que no podían tener a esas pequeñas, la primera de dos meses y la segunda de dos días.
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