Lectura política

Amenazas contra la prensa

Noé Mondragón Norato

Amenazas contra la prensa

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Marzo 05, 2016 23:10 hrs.
Periodismo ›
Noé Mondragón Norato › guerrerohabla.com


Irónicamente, acaba de hacer un llamado orientado a “cerrar filas contra la delincuencia organizada”. Pero lo que el gobernador Héctor Astudillo no dijo, es que muchos de esos delincuentes están dentro del poder público. Actúan con muy bajos principios. Están lejos de entender la dimensión y la naturaleza de la responsabilidad que manejan, al asumirse como servidores públicos. Y entonces les da por amenazar y hostigar con todo el poder que les proporciona lo efímero de su investidura. Es decir, se asumen como delincuentes. Creen que nadie puede tocarlos. O por lo menos, ser objeto de la denuncia pública por algunos actos ilícitos que cometen. Hay dos casos recientes que se vuelan la barda en este sentido.
¿DELITO O EXCESOS DE PODER?- Ciertamente, una amenaza no puede tomarse como delito. Pero sí, como la predisposición para cometerlo. Por eso se denuncia como tal, ante las autoridades competentes. La mayoría de las veces queda como antecedente. Y como la autoridad es sorda y minusválida, termina dejando las amenazas, en el olvido. Eso es justamente lo que ha ocurrido. Dos hechos son insoslayables al respecto. Pero sobre todo, contundentes: 1.- El pasado 10 de febrero, el corresponsal en Guerrero de la revista Proceso, Ezequiel Flores Contreras, fue amenazado de muerte por el ex diputado local perredista y ex alcalde de Acapetlahuaya, Roger Arellano Sotelo. Su irritación derivó de los presumibles vínculos de este último personaje con el grupo delictivo La Familia Michoacana, que opera en los municipios de Teloloapan, Apaxtla, Arcelia y Canuto Neri. Y que fueron ventilados por el reportero. La Fiscalía Especializada para la Investigación de los Delitos Contra la Libertad de Expresión, de la Procuraduría General de la República (PGR) atrajo el caso. Y lo que el reportero pidió fue una sola cosa: que se citara a declarar a Roger Arellano, con el fin de aclarar su amenaza. El problema es que la PGR adujo no encontrar su domicilio en Acapetlahuaya, para notificarle justamente, que se presentara a declarar. Ese hecho despidió un fuerte olor a marrulla. Es decir, a dejar que el tiempo se encargue de postrar en el olvido, esa amenaza. Y es una forma también, en que la dirigencia estatal del PRD, liderada por Celestino Cesáreo Guzmán, protege a su ex legislador local. Pero el hecho es que se vulnera de algún modo, el Estado de Derecho defendido por actores, partidos políticos y las propias instituciones. ¿Es así como dicho partido “de izquierda” se está sumando al cierre de filas contra la delincuencia organizada, propuesto por el gobernador Héctor Astudillo? 2.- En el municipio de Chilapa, el edil priísta, Jesús Parra García, amenazó a través de terceros y en las redes sociales, al reportero Gustavo Alberto Nava Jiménez. Y todo, nada más porque el reportero se atrevió a publicar que dicho edil adquirió seguros de vida por 400 mil pesos para regidores y funcionarios de esa comuna. Excepto, para los del PRD. “Callen eternamente a ese pinche tuerto”, le escribieron. Nava Jiménez denunció ante el Ministerio Público Federal, todo lo anterior. Pero como en el caso de Ezequiel Flores, es previsible que los correctivos –si es que los hay-, se originen en las propias estructuras del PRI. Y tentativamente, desde el propio gobernador Héctor Astudillo. Porque las autoridades competentes, no promoverán la declaración del alcalde chilapeño. Y no porque no tenga domicilio donde localizarlo, sino porque escudándose en su fuero constitucional, no lo hará. Y la ironía es inevitable. Porque es así como se está cerrando filas contra la delincuencia organizada.
HOJEADAS DE PÁGINAS… “El poder marea a los inteligentes y a los pendejos los vuelve locos”. Esta máxima política podría aplicarse perfectamente al edil tricolor de Chilpancingo, Marco Antonio Leyva Mena, quien ya no sabe qué hacer con el poder municipal. Su más reciente gracejada tuvo que ver con demostrar que el agua que llega a Chilpancingo, es potable. Y hasta se dijo dispuesto a beber de ella. Y mientras, el desorden, el caos, la inseguridad y la ausencia de obra pública, exhiben su indolencia.

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